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Chicago Tribune
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National
Angie Leventis Lourgos, Laura Rodríguez Presa, Stacy St. Clair, Alice Yin and Darcel Rockett

Luchando contra la desconfianza de la vacuna contra COVID-19

CHICAGO – El reverendo John Zayas dice que sus feligreses de la Grace and Peace Church en el barrio de North Austin en Chicago le han estado haciendo preguntas sobre la nueva vacuna contra el COVID-19, algunos expresando su inquietud o indecisión sobre la posibilidad de recibirla una vez que esté disponible.

¿Es segura? ¿Seré una rata de laboratorio?

Lo más importante es que muchos preguntan si el líder de la iglesia tiene intención de vacunarse, una vez que sea elegible.

Su respuesta es siempre compasiva, pero firme: La vacuna es crítica para poner fin a la pandemia que ha golpeado desproporcionadamente a las comunidades predominantemente afroamericanas y latinas como North Austin y otros vecindarios circundantes del lado oeste donde los fieles de la iglesia viven y trabajan.

"Yo personalmente la recibiría y sería un ejemplo para la iglesia", dice. "Como pastor, tienes que dar el ejemplo".

Sin embargo, Zayas y otros líderes que trabajan para inocular a las comunidades de color a menudo luchan contra una arraigada desconfianza en la ciencia y la medicina, consecuencias de las disparidades raciales sistémicas a largo plazo en el cuidado de la salud y los históricos abusos médicos de los pacientes pertenecientes a minorías.

Una médica y bioeticista afroamericana del South Side de la ciudad alega que ya ha tenido que asegurar a una docena de sus pacientes (todos trabajadores de la salud) que la vacuna es segura y debe ser recibida.

Los líderes de un hospital del South Side expresaron recientemente su alarma después de que una cuarta parte del personal dijera que no tenía intención de vacunarse.

Mientras distribuye desinfectante para manos y tapabocas en el vecindario de Little Village, un investigador universitario habla con vendedores ambulantes y miembros de la comunidad acerca de vacunarse contra el virus, tratando de disipar rumores y mitos. Pero le preocupa que una vez que comience la distribución masiva de vacunas, las comunidades afroamericanas y morenas se queden atrás.

Aunque se ha informado de una indecisión en cuanto a la vacuna en todas las razas, varias encuestas recientes muestran que los estadounidenses afroamericanos e hispanos tienen más probabilidades de negarse a vacunarse contra el COVID-19 que otras razas.

Solo el 24 por ciento de los afroamericanos encuestados y el 34 por ciento de los hispanos planean vacunarse contra el nuevo virus, en comparación con el 53 por ciento de los encuestados que son blancos, según un informe publicado a principios de este mes por The Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research de la University of Chicago.

Las razas minoritarias también expresaron una mayor ambivalencia sobre la vacunación, ya que el 41 por ciento de los hispanoamericanos y el 37 por ciento de los afroamericanos señalaron que no estaban seguros de vacunarse, según la encuesta.

La amplia desconfianza en el gobierno y en la medicina podría contribuir a estas decisiones: Menos adultos afroamericanos e hispanos informaron confiar en los médicos, los hospitales locales y el sistema de salud que los adultos blancos, según una encuesta sobre raza y salud realizada en octubre por la Kaiser Family Foundation y The Undefeated.

La misma encuesta encontró que el 70 por ciento de los afroamericanos y el 43 por ciento de los hispanos informaron muy a menudo o un poco a menudo que perciben discriminación en el sistema de salud, en comparación con el 40 por ciento de los blancos.

Aproximadamente uno de cada cinco adultos afroamericanos e hispanos "dice que fueron tratados injustamente por su raza o etnia al recibir atención médica para ellos o un miembro de su familia en los últimos 12 meses", en comparación con el cinco por ciento de los adultos blancos, según el informe.

Zayas, el clérigo, ha estado instando a los líderes del estado a priorizar la vacunación de las comunidades de color. Quiere realizar campañas de vacunación en su casa de culto, un lugar de confort para aquellos que podrían ser cautelosos con las vacunas.

Y le gustaría vacunarse delante de los miembros de su iglesia, para aliviar sus preocupaciones y animarles a que se vacunen también.

Aun cuando clama por la confianza y el acceso a la vacuna contra el COVID-19, el clérigo dice que entiende algo de la cautela que rodea al cuidado de la salud en Estados Unidos.

La madre del pastor nació y se crió en Puerto Rico, y cuenta la oscura época de las esterilizaciones forzadas en la isla, desde la década de 1930 hasta la de 1970. Estas atrocidades médicas todavía están frescas en la psique de muchas familias de inmigrantes, señaló.

"No subestimen el miedo, el miedo es real", dice Zayas. "Debido al pasado, lo que ha sucedido en nuestras comunidades de color, hay desconfianza".

Sin embargo, señala que aquellos con el mayor escepticismo en relación con las vacunas contra el COVID-19 también corren el mayor riesgo de contraer (y morir de) coronavirus.

Su congregación está compuesta aproximadamente por un 80 por ciento de latinos y un 10 por ciento de afroamericanos, razas que tienen cuatro veces más probabilidades de ser hospitalizadas por COVID-19 y 2.8 veces más probabilidades de morir por el nuevo virus que los blancos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

"Estamos en una comunidad de afroamericanos y morenos que ha sido tremendamente golpeada", indica. "Tenemos que asegurarnos de que esta vacuna llegue a nuestras comunidades lo antes posible. La gente a la que presto servicio, la gente a la que amo, es mi misión. Sea lo que sea que les ayude, quiero que la gente se mantenga sana y no se enferme".

En South Side, la doctora Monica Peek dijo que alrededor de una docena de sus pacientes (que trabajan todos en la atención de la salud) han estado llamando y enviando mensajes de texto en la última semana, expresando su incertidumbre acerca de la nueva vacuna contra el COVID-19.

¿Debería recibirla? Mi familia está preocupada, no quiere que la reciba. ¿Te la vas a poner tú?

Aunque la médico les asegura que la vacuna es segura y eficaz, y que ella se pondrá la vacuna lo antes posible, Peek agrega que no le sorprende su preocupación. Señala los temores profundamente arraigados de abuso médico en la comunidad afroamericana, derivados de horrores históricos como las cirugías no consentidas de esclavos y el Estudio de la Sífilis de Tuskegee, un experimento de 40 años en el que se engañó a los hombres negros rurales sobre la investigación y se les obligó a sufrir de sífilis no tratada, a pesar de la disponibilidad de penicilina.

"El virus seguirá diezmando a las comunidades afroamericanas y morenas si no se le pone freno, y la vacuna es la única forma de detener esta marea", señala Peek, internista, bioeticista e investigadora de las disparidades en materia de salud de la University of Chicago. "La herramienta que tenemos para hacerlo es una a la que la gente le teme debido a los años de injusticia que estas comunidades, que nuestras comunidades, han tenido que soportar debido al racismo estructural".

El doctor Anthony Fauci habló sobre esta desconfianza recientemente, destacando que uno de los científicos a la vanguardia de la vacuna de Pfizer es una mujer afroamericana.

"Por lo tanto, lo primero que podría decir a mis hermanos y hermanas afroamericanos es que la vacuna que van a recibir fue desarrollada por una mujer afroamericana", señaló Fauci, director del National Institute of Allergy and Infectious Diseases. "Y eso es solo un hecho".

Localmente, muchos trabajadores de la salud afroamericanos e hispanos fueron los primeros en recibir la vacuna la semana pasada, momentos que fueron captados en fotos de periódicos y noticieros de televisión. Peek dice que estas imágenes diversas podrían aumentar la confianza en la vacuna para otras personas de color.

"Creo que es parte del mensaje, hacer que los afroamericanos se vean a sí mismos en estas imágenes y digan, 'me veo en esa persona'", dijo.

Al mismo tiempo, incluso algunos en el campo de la medicina están rechazando la vacuna.

El escepticismo ha sido particularmente preocupante en el Roseland Community Hospital en South Side, donde se estima que el 25 por ciento del personal ha indicado que no tiene intención de vacunarse.

Esto incluye a varias enfermeras que han dicho a los supervisores que tienen la intención de esperar al menos un año antes de vacunarse para ver si surgen complicaciones en las primeras rondas.

Esta reticencia alarma a los líderes del hospital, que han iniciado una campaña de educación dentro del hospital para convencer a los que dudan. Los ejecutivos de Roseland, incluido el director general Tim Egan, han estado repartiendo folletos sobre la importancia de la vacuna en los últimos días para reforzar la confianza.

Más allá de querer proteger a su personal, a Egan le preocupa el mensaje que enviaría al vecindario si los trabajadores del hospital están demasiado asustados para ser vacunados. Entiende sus temores, alimentados tanto por la historia del país de experimentos inhumanos con afroamericanos como por la desconfianza en un sistema que ha permitido disparidades mortales en el cuidado de la salud, pero cree que la vacuna es la única manera de eliminar el virus en la comunidad, que es predominantemente afroamericana.

"Muchos de nuestros empleados viven en el vecindario", dice. "Han visto las décadas de desinversión y el mundo de la salud les ha dado la espalda. Hay una desconfianza incrustada en el gobierno. La gente de nuestra comunidad ha sido abandonada, y esto es solo un subproducto".

La doctora Brandi Jackson, psiquiatra de Howard Brown Health y co-directora del Instituto de Antirracismo en Medicina, señala que la comunidad médica no ha hecho mucho históricamente para ganarse la confianza de los pacientes afroamericanos.

Hace un llamado a fuentes de confianza fuera de la medicina para que difundan el mensaje de la seguridad de las vacunas, como las iglesias afroamericanas, las organizaciones sin fines de lucro y los activistas comunitarios. También insta a las instituciones tradicionalmente poderosas dentro de la medicina a hacer "un acto de humildad".

"Están acostumbrados a ser la autoridad", dijo Jackson durante un evento en vivo del Tribune en Facebook el miércoles. "Y creo que la palabra 'autoridad' se ha volteado de cabeza durante esta pandemia".

Dolores Castañeda ha pasado los últimos meses caminando por las calles del barrio Little Village en West Side, hablando con vendedores ambulantes y transeúntes mientras distribuía desinfectante para manos, tapabocas e información sobre las pruebas de COVID-19.

Es investigadora asociada del Center for Healthy Work de la University of Illinois en Chicago, y gran parte de su estudio se centra en las necesidades de salud de los vendedores ambulantes.

En un reciente día de semana, habla con José Carmen Camacho, de 74 años, un hombre envuelto en un overol aislado, una bunfanda, guantes negros y un tapabocas, quien vende pan horneado por su esposa.

Aunque él y su esposa tienen la esperanza de que la vacuna ayude a sofocar la pandemia, añade que "no estamos del todo seguros de recibirla, al menos no ahora".

"Me asusta un poco; que en vez de hacerme bien, me enferme", dijo en español. "Tenemos que esperar y ver qué reacciones tiene la gente ante ella".

Castañeda dice que la mayor parte del escepticismo en la comunidad latina se basa en la desinformación o en la falta de atención y en mensajes de las organizaciones locales y del gobierno.

Algunas de las personas con las que habla tienen preocupaciones sobre su estatus migratorio, y necesitan que se les asegure que su información no será entregada al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Las barreras lingüísticas también pueden ser un desafío; incluso si la información está disponible en español, muchas organizaciones la comparten en redes sociales o sitios web, y quienes no tienen teléfonos inteligentes ni computadoras pueden estar en desventaja, dice Castañeda.

"Estamos viendo el mismo patrón que vimos cuando llegó el COVID-19", dijo. "Nuestras comunidades de color quedaron atrás".

Cuando las primeras vacunas contra el COVID-19 en Chicago fueron administradas en el Loretto Hospital el martes, la alcaldesa Lori Lightfoot se comprometió a que el proceso de distribución de las vacunas sería equitativo.

"La equidad no es parte de nuestra estrategia de COVID-19, es nuestra estrategia", dijo. "Y en lo que se refiere al lanzamiento de la vacuna, no dejaremos a nadie atrás. ... Hay un desafortunado déficit de confianza en todo el país cuando se trata de recibir esta vacuna, particularmente entre las comunidades predominantemente afroamericanas y latinas. Este es un desafío que debemos enfrentar y que debemos conquistar".

La ciudad está elaborando un plan de marketing para difundir el mensaje de que las vacunas contra el COVID-19 son seguras y eficaces, dijo el vocero del Departamento de Salud Pública de Chicago, Andrew Buchanan.

Esto incluirá una campaña similar a los actuales esfuerzos de llamar a las puertas para repartir tapabocas y folletos informativos sobre prácticas seguras. A partir de esta semana, la ciudad y sus socios están en camino de llegar a un millón de teléfonos a través de la banca telefónica y los mensajes de texto, y entregar kits de atención a 400 mil hogares a finales de enero, dice.

La ciudad planea difundir los sitios de vacunación de manera justa en toda la ciudad, dice Buchanan, lo que incluye trabajar con los campus de los City Colleges of Chicago y grupos comunitarios en los barrios con altas tasas de positividad.

"Estamos trabajando duro para impulsar el envío de mensajes y la difusión en las zonas más afectadas por el COVID-19 y que pueden tener una desconfianza histórica en la comunidad de la atención de la salud", dijo.

La semana pasada, el concejal Byron Sigcho-Lopez, de 25 años, patrocinó una resolución para la creación de sitios permanentes de pruebas y vacunas de COVID-19 en los barrios afroamericanos y latinos. Sostiene que la medida es crítica para asegurar que las comunidades afroamericanas y latinas reciban atención después de haber sido afectadas desproporcionadamente por la pandemia.

Castañeda, residente de Little Village, comentó que el gobierno no ha logrado proteger a las comunidades afroamericanas e hispanas del COVID-19, y que espera que una vez que comience el despliegue completo de la vacuna, esos mismos barrios vuelvan a estar sin acceso.

"Porque a menudo nos echan a un lado", argumenta.

Abraham Valdez, de 67 años, cuyo sustento depende de la recolección de latas de aluminio reciclables, dice que está ansioso por recibir la vacuna. Dice que no quiere enfermarse y no poder trabajar.

"Tener esta vacuna es mejor que nada", comentó. "Confiaré en Dios al respecto, pero incluso si funciona, ¿quién sabe cuándo podré ponérmela?"

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