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Michael Ollove

En medio de la incertidumbre de ómicron, los estados se resisten a los nuevos mandatos

En las próximas semanas, los científicos tendrán muchas más respuestas con respecto a ómicron, la nueva variante del COVID-19 que se ha extendido rápidamente por Sudáfrica y todo el mundo, incluido Estados Unidos.

¿La ómicron es más transmisible que la delta? ¿Causa una enfermedad más grave? ¿Es más resistente a las vacunas o a los tratamientos antivirales? ¿Causa síntomas que los médicos no han visto antes? ¿Ciertas personas son más vulnerables?

Independientemente de las respuestas a estas preguntas, hay poco interés en los estados rojos o azules por volver a imponer cierres o hacer obligatorio el uso de tapabocas. Esa reticencia refleja el reconocimiento del agotamiento de la gente después de 21 meses, la amplia disponibilidad de vacunas y la aversión a profundizar la feroz polarización que ha sido el sello de la emergencia de salud pública.

Como dijo la doctora Karen Landers, funcionaria de salud del Departamento de Salud Pública de Alabama: "estamos hartos del COVID pero él aún no termina con nosotros".

Para contrarrestar la propagación de la ómicron en Reino Unido, el Primer Ministro británico, Boris Johnson, anunció la semana pasada nuevas normas de uso de tapabocas para la mayoría de los lugares públicos cerrados y la exigencia de mostrar un pase de vacunación para entrar a discotecas y estadios deportivos. En Italia, muchas actividades públicas están prohibidas para las personas que no tengan el Pase Súper Verde COVID, el cual muestra que la persona se ha vacunado o se ha recuperado del virus en los últimos seis meses. En Bélgica, las escuelas cerrarán por Navidad una semana antes.

Pero aquí en Estados Unidos, la mayoría de las autoridades de salud pública estatales y locales están renunciando a nuevos mandatos y cierres renovando más bien los consejos que han ofrecido durante toda la pandemia: mantener distancias, usar tapabocas en lugares públicos, hacerse pruebas si se cree que se ha estado expuesto, vacunarse y recibir la vacunación de refuerzo.

"Sabemos que los virus mutan y el SARS-CoV-2 no es diferente, como ya vimos antes con delta", dijo Landers. "Las principales medidas preventivas no han cambiado. Vamos a seguir aplicando las mismas normas que en los dos últimos años".

Las autoridades de salud pública de todo el país han hecho eco de este mensaje desde que apareció la ómicron a finales del mes pasado. Durante este lapso de "prisa y espera", como lo llamó un funcionario de salud pública, el consejo ha sido apegarse a las recomendaciones que todos se han acostumbrado a escuchar.

"Aunque no sabemos mucho sobre la ómicron, sí sabemos mucho acerca de los esfuerzos de mitigación que funcionan contra el COVID en general", dijo la comisionada de salud de Baltimore, la doctora Letitia Dzirasa. "El uso de tapabocas, el distanciamiento, evitar aglomeraciones, y sabemos que las vacunas reducen el riesgo de hospitalización y muerte. Son cosas que hacemos y que debemos seguir haciendo".

Aun así, la aparición de nuevas variantes podría desencadenar el regreso de algunas acciones mínimamente perturbadoras, añadió Dzirasa. En agosto, cuando la variante delta avivó un nuevo aumento, Baltimore volvió a imponer la obligación de usar tapabocas en interiores un mes después de que la ciudad hubiera levantado ese requisito en respuesta a una pausa en los casos. La ómicron, dijo, podría provocar una recalibración similar de la política.

Aunque no mencionó a la omicrón, Nuevo México se convirtió en el primer estado en decir que su requisito de vacunación contra el COVID-19 para ciertos trabajadores debe incluir ahora una vacuna de refuerzo. Seis estados liderados por demócratas (Hawái, Illinois, Nevada, Nuevo México, Oregón y Washington) y varios condados y ciudades siguen exigiendo a la mayoría de las personas el uso de tapabocas en lugares públicos cerrados, independientemente de su estado de vacunación.

Por ahora, la mayoría de las autoridades de salud pública de Estados Unidos no sugieren las medidas más estrictas que los países de Europa y que otros lugares han instituido a medida que la ómicron ha dado la vuelta al mundo. Landers, en Alabama, por ejemplo, descartó la posibilidad de que el Estado imponga de nuevo un requisito de uso tapabocas que levantó en abril.

"Nuestro gobernador no ha indicado que los requisitos de uso de tapabocas sean algo que vaya a ocurrir de nuevo", dijo. Más tarde escribió en un correo electrónico: "dado que algunas personas no cumplen los mandatos, esto hace que sean menos efectivos".

Cualquier decisión sobre la reimposición de los mandatos de uso de tapabocas en respuesta a la ómicron debe tener en cuenta cómo se está propagando actualmente el COVID-19, dijo Nirav Shah, director del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Maine y actual presidente de la Asociación de Funcionarios de Salud Estatales y Territoriales, en una conferencia de prensa celebrada a principios de este mes. En Maine, dijo, la transmisión se produce principalmente en los lugares privados y no públicos.

Shah también cuestionó la capacidad de los funcionarios de salud pública para hacer cumplir cualquier mandato. "En el verano de 2020, muchos estados tenían los recursos para hacerlo bien, pero ahora, dadas las otras operaciones que están sobre la mesa, el cumplimiento se vuelve un [problema] aún mayor debido al personal", dijo.

En una conferencia de prensa el día en que Nueva York anunció la detección de sus primeros casos de la ómicron, el 2 de diciembre, la gobernadora demócrata Kathy Hochul declaró que no tenía intención de ordenar ningún tipo de cierre, lo que, dijo, causaría pánico.

"No estoy dispuesta a cerrar las escuelas o la economía en este momento", dijo. "Eso se consideraría una reacción exagerada". Hizo hincapié en que la situación era muy diferente a la de la primavera de 2020, cuando el estado sí ordenó un cierre, principalmente porque ahora las vacunas están disponibles.

Sin embargo, señaló que si la ómicron empeora drásticamente la trayectoria de la pandemia, "todas las herramientas están ahí y puedo desplegarlas con una palabra".

Tras la aparición de la ómicron, la ciudad de Nueva York impuso la obligación de que el personal de las empresas privadas esté vacunado. Mientras que el estado no lo ha hecho, Hochul tomó varias medidas relacionadas con la nueva variante.

Dijo que desplegaría tropas de la Guardia Nacional capacitadas en la atención de la salud a las residencias de ancianos que tienen poco personal. El objetivo es permitir que los hospitales con alta ocupación, sobre todo en el norte del estado de Nueva York, liberen camillas dando de alta a los pacientes de mayor edad en centros de cuidados de largo plazo.

En su orden de emergencia, Hochul también exigió a los hospitales con 90 por ciento de ocupación que dejaran de hacer cirugías no urgentes para dar cabida a los pacientes con COVID-19 y a otros en condiciones que requieran atención médica inmediata. Calculó que su orden se aplicaría a unos 50 hospitales del estado.

También anunció el despliegue de más puntos de vacunación en todo el estado y el desembolso de un millón más de pruebas COVID-19, especialmente en las escuelas.

Michigan, en su tercera oleada feroz de COVID-19 y con hospitalizaciones en aumento, se está preparando para la ómicron haciendo hincapié una vez más en las pruebas y haciéndolas llegar a las poblaciones vulnerables, como las personas sin hogar, dijo el doctor Alexis Travis, subdirector principal en la Administración de Salud Pública del Departamento de Salud y Servicios Humanos del Estado.

Las pruebas positivas deben llevar a la puesta en cuarentena de los contagiados y a la identificación de otras personas que fueron expuestas por esa persona. Michigan, al igual que muchos estados, ha habilitado refugios en los que se puede poner en cuarentena a las personas sin hogar si están infectadas. Travis dijo que el Estado también está planeando aumentar el rastreo de contactos.

Aunque Michigan no tiene previsto imponer restricciones, como la obligación de usar tapabocas en interiores, Travis dijo que esas medidas no están fuera de consideración en caso de que la ómicron se dispare. "En el caso de las grandes reuniones, como los conciertos y los eventos deportivos, es posible que analicemos si deben celebrarse a distancia o posponerse, o poner limitaciones a las personas que no se hayan vacunado", dijo.

Cuando los organismos de salud pública mencionan a la ómicron en sus mensajes públicos, lo que tratan de hacer es motivar a los no vacunados a que se vacunen y a otros a que se apliquen el refuerzo.

"Lo más importante que puedes hacer para mantener tu inmunidad contra este virus y sus variantes es ponerte la vacuna de refuerzo", dijo el gobernador republicano de Maryland, Larry Hogan, en un mensaje público a fines del mes pasado. "A lo largo de todo este año, hemos subrayado repetidamente que estamos en una carrera entre las vacunas y las variantes".

Durante los primeros días de la ómicron, las agencias de salud pública dijeron que han visto un aumento en las vacunaciones, en particular para los refuerzos.

Hogan, al igual que los funcionarios de muchos estados, también anunció la ampliación de los esfuerzos en las pruebas de vigilancia genómica de la ómicron, el método definitivo para detectar las variantes del virus.

Al respecto, Kelly Wroblewski, directora de enfermedades infecciosas de la Asociación de Laboratorios de Salud Pública, dijo que los estados y el país están mejor preparados que hace un año, cuando empezaron a aparecer otras variantes.

Gracias a un mayor apoyo federal, la mayoría de los laboratorios públicos estatales y locales pueden ahora rastrear la ómicron mediante la secuenciación genómica. Los laboratorios estadounidenses están secuenciando entre el cinco y el 10 por ciento de todos los casos positivos, dijo Wroblewski, lo que debería ser suficiente, siempre que esas muestras capten la diversidad demográfica del país.

"En comparación con la situación de hace un año, creo que son notables los avances que hemos logrado", dijo.

Los resultados del laboratorio y la experiencia en el mundo real revelarán mucho acerca de la ómicron en las próximas semanas. Delta resultó ser dos veces más contagiosa que las variantes anteriores y se ha asociado con padecimientos más severos, pero los funcionarios de salud pública dicen que esas características cambiaron la orientación de salud pública solo en grado, no en especie. Así, por ejemplo, algunas jurisdicciones, como Baltimore, impusieron mandatos de uso de tapabocas para contrarrestar la mayor propagación de delta, que se hizo evidente a medida que aumentaban los casos.

Pero delta impulsó en gran medida las mismas medidas de salud pública que se habían promovido antes: uso de tapabocas, distanciamiento social, pruebas, cuarentena y lavado de manos. "Con delta, las estrategias no cambiaron porque las características y los rasgos eran en gran medida los mismos que los de las variantes anteriores", dijo James Blumenstock, vicepresidente de respuesta y recuperación pandémica de la Asociación de Funcionarios de Salud Estatales y Territoriales.

Pero lo que era cierto en el pasado no lo será necesariamente a medida que el virus siga mutando.

"Sabemos que ciertas cepas pueden afectar a distintos tipos de personas de forma diferente", dijo Janet Hamilton, epidemióloga y directora ejecutiva del Consejo de Epidemiólogos Estatales y Territoriales. "Podría ser que los individuos más jóvenes sean más propensos a tener ciertos tipos de resultados que los mayores con diferentes cepas".

Señaló la variación entre las cepas de la gripe. "Sabemos, por ejemplo, que la H3N2 fue mucho peor para las personas mayores, pero los jóvenes tuvieron más probabilidades de infectarse con la H1N1".

Estas variaciones podrían dar lugar a lineamientos de salud pública diferentes o más específicos. Por ello, las autoridades de salud pública han prestado especial atención a los primeros reportes que indican que la ómicron puede causar una mayor tasa de reinfección entre aquellos que ya han padecido COVID-19 o que puede ser más contagiosa para los niños pequeños que las variantes previas. Estos resultados, de ser confirmados, podrían dar lugar a una diferente orientación de salud pública para los grupos de riesgo.

Incluso a medida en que los funcionarios de salud pública locales y estatales esperan información más definitiva sobre la ómicron, estos han mostrado su agotamiento en los últimos 21 meses. Se han enfrentado a una hostilidad y resistencia sin precedentes, tanto por parte de los ciudadanos como de los políticos, lo que ha llevado a que muchos de sus colegas dejen sus puestos de trabajo. Y ahora, con la ómicron, se les pedirá que vuelvan a estar a la altura de las circunstancias.

"Tenemos gente que ha estado trabajando sin parar durante casi dos años en el desafío de salud pública más difícil en el que han tenido que trabajar, y esto se ha ido polarizando y politizando a medida que avanzamos", dijo Adriane Casalotti, directora de asuntos públicos y gubernamentales de la Asociación Nacional de Funcionarios de Salud de Condados y Ciudades.

"Es como un maratón en el que no sabes lo largo que es. Cada vez que crees ver la línea de meta, desaparece y se desplaza a otro lugar".

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