MIAMI — El momento pareció capturar las emociones súper candentes de un verano de protesta nacional: Un joven adolescente afroamericano golpeó a un policía de Miami en la cabeza con una patineta durante una manifestación caótica.
El jurado de redes sociales, como era de esperarse, estaba indignado y dividido. O bien el chico era un matón que debía ser puesto tras las rejas o el policía, que también era afroamericano, era parte de una fuerza opresiva que inflamaba lo que había sido una manifestación pacífica del movimiento Black Lives Matter.
Pero cinco meses después, tal vez una lección (y un poco de esperanza) ha surgido del violento choque entre Michael Marshall de 17 años y el oficial Raymon Washington de la Policía de Miami. Hace unas semanas, Washington accedió a reunirse con Marshall en una sala de conferencias en el Juzgado de Menores de Miami-Dade.
Marshall, un destacado jugador de fútbol americano de la Northwestern High School que nunca antes había estado en problemas, lloró mientras leía una carta de disculpas, y luego salpicó al oficial con preguntas sobre el trabajo policial. Washington, a los 27 años apenas una década mayor, compartió que sufrió una grave conmoción cerebral en el ataque, la más reciente que ha padecido desde la docena que sufrió en sus días jugando fútbol americano.
Hablaron. Se escucharon. Encontraron algunos puntos en común. Y, contra todo pronóstico, Washington y Marshall han formado desde entonces una amistad y un vínculo, siendo ahora el oficial el mentor del chico que lo golpeó.
Hoy en día, se escriben mensajes de texto frecuentemente sobre fútbol americano, la familia y la vida. Washington visitó recientemente la casa de Marshall para conocer a su familia. Un viernes por la noche, Washington incluso se sentó en las gradas con la familia de Marshall para ver cómo Northwestern derrotaba a su rival, Central High.
"Cuando vio que yo estaba allí y vi la sonrisa en su rostro, supe que había tomado la decisión correcta", dijo Washington.
Marshall, un estudiante de último año que se gradúa la próxima primavera, hizo cinco tacleadas y capturó dos veces al mariscal de campo..
"Ganamos. Jugué muy bien", dijo Marshall. "Jugué increíble. Él se sintió muy orgulloso de mí".
Antes de su arresto, Michael Marshall nunca había asistido a una protesta de ningún tipo y no tenía interacciones reales con los agentes de policía.
Creció en Miami Gardens, el hijo menor de una madre soltera, Josephine Marshall, una asistente de enfermería jubilada. También tiene una hermana mayor, Rachel Marshall, y un sobrino de cuatro años. Según admite, Marshall creció un poco protegido, prefiriendo patinar y el fútbol soccer al fútbol americano, al menos al principio.
Pero con 6.4 pies de altura y casi 300 libras, su tamaño le dio una ventaja en el fútbol americano como liniero con doble asignación y algunas veces ala cerrado, aun cuando fuera del campo estaba lejos de ser peleonero. "En general, todo el mundo me ve como un gran oso de peluche", dijo Marshall.
Como para muchos adolescentes, las redes sociales son una gran influencia para Marshall. Después del asesinato a manos de policías de George Floyd en Minneapolis en mayo, empezó a enterare de otras víctimas defendidas por el movimiento Black Lives Matter, nombres como Breonna Taylor y Tamir Rice.
Durante todo el verano, mientras las protestas por la brutalidad policial estallaban en todo el país, se organizaban mítines diarios en todo el sur de Florida. En comparación con relativamente tranquilas, ya que la policía evitó las demostraciones de fuerza excesivas.
La noche del 10 de junio fue una de las pocas veces enque la policía de Miami se enfrentó a los manifestantes. Marshall no conocía a nadie en la protesta que comenzó frente a Bayside Marketplace pero sintió la necesidad de estar allí. Llegó solo, su madre lo llevó en coche al centro de Miami.
"Era importante para mí, como joven afroamericano, salir y estar con mi gente", señaló. "Era importante representar algo mucho más grande que yo".
Pero las protestas del día se vieron empañadas, según la policía de Miami, cuando algunas personas comenzaron a vandalizar estatuas de Cristóbal Colón y Juan Ponce de León. Cuando se desató un tumulto en las calles, un "pelotón de respuesta" de la policía se dirigió a Bayside.
Entre los oficiales estaba Washington, un agente delgado que estaba de servicio con su hermano gemelo idéntico, Jayson, también un policía de Miami.
Los dos provienen de una familia de agentes de la ley que incluye a su padre, un ayudante de aguacil jubilado de Broward, y a su abuelo, un ex policía de la Ciudad de Nueva York. "¿Conoces ese programa, 'Blue Bloods'? Así es mi familia", comentó Washington.
Washington creció en el Condado de Broward y asistió a la Nova High School, donde sobresalió en fútbol americano, atletismo y natación. No era un liniero inmenso, sino un receptor delgado y bajito que corría a gran velocidad por el campo.
Fue durante un partido que un compañero de equipo se estrelló contra él mientras bloqueaba y lo dejó inconsciente. Lo sacaron en camilla. "No desperté por 10 minutos", comentó Washington.
Tuvo más conmociones cerebrales como receptor en Becker College, una pequeña universidad en el centro de Massachusetts, donde jugó junto a su hermano gemelo. En ese entonces, el público estaba empezando a entender los vínculos entre las conmociones cerebrales y la encefalopatía crónica traumática.
Washington dejó la escuela, regresó al sur de Florida y, en 2015, se inscribió en la academia de policías de la ciudad de Miami.
Los efectos de sus conmociones cerebrales siempre han persistido. Le gusta trabajar en el turno de medianoche porque la luz del sol le molesta los ojos y le causa dolores de cabeza.
Ha escapado por poco de muchos otros peligros. Le dispararon en Little Haiti. En otra ocasión, tuvo un grave accidente de coche que lo envió al hospital. En agosto, se detuvo en la Interestatal 95 para ayudar a las personas atrapadas en un coche en llamas, sacó a una persona y otras dos murieron cuando el vehículo explotó.
Para Washington, las protestas de junio se sintieron como un día más en oficina, aunque él simpatizaba con las razones que atrajeron a tantos jóvenes al centro.
"Entendí el alboroto porque soy afroamericano", señaló Washington. "Todavía la policía me para en mi barrio en mi coche. Lo entiendo. Es necesario que ocurra un cambio, pero destrozar la ciudad no es una forma de hacerlo".
"Pensaron que estaba muerto"
El video de ese día capturó el caos. Las sirenas sonaban. Un joven saltó sobre el cofre de una patrulla de policía negra sin rotulado. Otro par de jóvenes (no Marshall) rompieron sus patinetas en el cofre. Las puertas se abrieron y varios oficiales trataron de arrestar a uno de ellos.
En el caos, mientras la gente atacaba y gritaba a los oficiales, Washington forcejeaba con un hombre en el suelo. En una fracción de segundo, muestran las imágenes, un manifestante con una camiseta blanca y una mochila negra golpeó con su patineta la cabeza de Washington, y el acto ocurrió tan rápido que es difícil de ver en los videos.
Casi tan pronto como lo hizo, Marshall confesó que quedó lleno de temor y remordimiento... "Cuando iba a casa, miré alrededor y me di cuenta de que esto tomó una curva difícil y no era para mí", dijo Michael.
Washington no se dio cuenta inmediatamente de que había sido golpeado. Pero pronto, mientras aún estaba en el centro de Miami, su cabeza comenzó a palpitar. Vomitó. Horas más tarde, un compañero le envió el video del ataque que circulaba en redes sociales. Se fue a casa.
"Me duché, pedí una pizza y dormí por tres días", dijo Washington. "Me desperté con el ruido de mi hermano pateando la puerta de mi casa. Pensaron que estaba muerto".
Marshall, ex alumno de la Norland High, no fue arrestado de inmediato.
Los detectives analizaron las publicaciones en redes sociales que mostraban esa noche y luego, el 16 de julio, publicaron un volante con una captura de pantalla del patinador que llevaba una camiseta blanca con una bandera jamaicana y un collar dorado.
La policía de Miami recibió una denuncia anónima que identificaba a Marshall, quien pronto se entregó para hacer frente a un cargo de agresión con agravantes contra un agente de la ley.
Fue representado por el abogado de Miami Julian Stroleny, quien no entendía cómo Marshall había sido arrastrado a una situación tan volátil.
"Vi las imágenes distribuidas en redes sociales, vi el video, pero el joven que tenía delante era amable, tímido, humilde y estaba increíblemente arrepentido", describió Stroleny. "No tenía antecedentes penales, tenía excelentes calificaciones y era un atleta estrella. Ni siquiera un reporte escolar".
Stroleny comenzó a hablar con los fiscales, presionando para que se llegara a un acuerdo que le ahorrara a Marshall una marca permanente en su expediente. Se puso en contacto con Todd Bass, el antiguo jefe de la división de menores, para ver si podían convencer a Washington de que se reuniera con Michael en persona.
"Sabía que si la fiscalía y la víctima podían ver al joven que yo estaba viendo, llegaríamos al resultado correcto en este caso", dijo Stroleny. "Había preocupaciones obvias como abogado defensor, de sentar a estas dos personas juntas, pero tuve mucha confianza en el señor Bass y la división que dirige".
Washington se resistió. Había arrestado a delincuentes reincidentes una y otra vez.
"Yo dije: 'No'. No entendía bien el sistema de justicia juvenil", comentó Washington. "Estoy acostumbrado a tratar con adultos. Cometes un delito, cumple tu sentencia".
Entonces, Washington se enteró de las aspiraciones de Michael.
"Yo era ese chico: atleta de preparatoria, quería ir a la universidad. Tenía ofertas sobre la mesa. Me dije que no quería arruinarle la vida al chico. Si puedo cambiar una vida, entonces eso es todo", dijo Washington. "Debí haber muerto tres veces este año. Por alguna razón, Dios dijo, estás aquí por una razón".
Se conocieron el 12 de octubre en la sala de conferencias del Fiscal del Estado en el Juzgado de Menores de Miami-Dade. La madre y la hermana de Michael también estaban allí. También estaban los fiscales de Miami-Dade Mary Anne Spottswood y Freddy Figueroa.
Washington se acercó a Marshall y pidió sentarse a su lado. No me mientas, dijo Washington, porque lo sabré.
Marshall comenzó a sollozar mientras leía la carta de disculpa de tres páginas que había pasado días analizando. Washington le habló de las consecuencias y la responsabilidad. Luego, reveló su pasado de conmoción cerebral.
"Fue un shock", dijo Marshall. "No sabía que había pasado por un montón de conmociones cerebrales por jugar fútbol americano. Cuando dijo eso, quedé devastado".
Washington entonces hizo algo extraordinario. Le dio a su atacante el número de su teléfono móvil personal, y le ofreció llevarlo a la práctica después de la escuela y ayudarle a organizar la tutoría. El oficial incluso llamó a su propio padre y lo puso en altavoz. Marshall también se disculpó con él.
"Michael, solo tengo una pregunta para ti, ¿aprendiste de esto?", le preguntó el padre de Washington.
"Sí, señor, de verdad que sí", respondió Marshall.
Al final, Washington aprobó una declaración de culpabilidad que pedía que no lo llevaran a la cárcel y libertad condicional hasta que Marshall tenga 19 años. Como parte del acuerdo, el adolescente hará horas de voluntariado en el Departamento de Policía de Miami.
"La división entre la policía y las comunidades a las que sirven no es buena para nadie", dijo la fiscal del estado en Miami-Dade, Katherine Fernández Rundle. "Este es un brillante ejemplo de cómo podemos superar las tensas relaciones que existen. Es una historia hermosa".
Si Marshall completa la libertad condicional, los fiscales retirarán los cargos de inmediato. Su caso está siendo supervisado por el juez de circuito Yery Marrero, quien también fue fundamental para impulsar la declaración de culpabilidad para recibir una sentencia menor.
El acuerdo también significa que las posibilidades de Marshall de jugar al fútbol americano en la universidad y obtener un título siguen siendo altas. Ha recibido algunas ofertas de becas, y espera aterrizar en una escuela del nivel 5 de la división 1.
El viernes por la noche, se unirá a su equipo jugando de visitante contra la Key West High School. Washington planea estar en las gradas, y a su lado en el futuro.
"Le dije que si entra en la D-1", agregó Washington. "Estaré allí el día de la firma".
– Este texto fue traducido por Kreativa Inc.