DETROIT — Como presidente del Partido Republicano del Condado de Bay en Michigan, Randy Badgerow ayudó a volver rojo al condado hace dos meses cuando le dio la vuelta a un escaño en la Cámara de Representantes que los demócratas habían ocupado durante 24 años, puso a los candidatos republicanos en un puñado de escaños distritales y entregó el condado, que durante mucho tiempo fue un bastión demócrata, por segunda vez al presidente Donald Trump.
Pero el miércoles pasado, cuando los partidarios de Trump asaltaban el Capitolio de Estados Unidos en un intento inútil por anular las elecciones del 3 de noviembre ganadas por el presidente electo Joe Biden, Badgerow lo observó y lloró. La revuelta provocó directamente cinco muertes y, durante la misma, los miembros del Congreso tuvieron que resguardarse en oficinas o fueron desalojados mientras se producían disparos y se rociaban gases lacrimógenos.
"Estoy triste y enojado", dijo. “Tengo que asimilarlo”.
En los dos meses desde que Trump perdió decisivamente contra Biden en Michigan y una docena de otros estados indecisos pese haber ganado más votos que cualquier otro candidato presidencial que no fuera Biden en la historia, las tensiones en el Partido Republicano se han vuelto más graves y se han llenado de incertidumbre. Los partidarios de Trump que asaltaron el Capitolio participaron en lo que muchos han llamado un acto de insurrección, provocado por la negativa del todavía mandatario a aceptar los claros resultados de las elecciones, alegando pruebas de fraude donde no se ha encontrado ninguna.
Pero nadie en el partido ha perdido de vista que, aunque denunciaron inequívocamente la violencia y los republicanos de la corriente principal, especialmente en el Senado de Estados Unidos, dieron un paso adelante para certificar la victoria de Biden ante los disturbios, es Trump (y su base de votantes descontentos y enfadados) quien ha revitalizado al republicanismo.
Como el presidente ahora afirma que se someterá a una transferencia del poder pacífica (aunque todavía reitera que la elección fue robada y se niega a asistir a la toma de protesta de Biden), esto hace que muchos se pregunten que dirección tomarán esos votantes y el partido a partir de aquí.
En ningún lugar es eso más cierto que en Michigan. Trump ganó por el más estrecho margen en 2016 solo para ser derrotado por Biden el 3 de noviembre por más de 154 mil votos. En su esfuerzo por anular la elección, Trump y sus aliados le rogaron a los republicanos en la Legislatura del estado, en el Congreso y en las oficinas de los secretarios locales que rechazaran los resultados, solo para encontrar que, al final, no lo harían.
Eso ha dejado mucha tensión a su paso:
- En el Congreso, los miembros republicanos de la delegación del estado se dividieron en torno a si objetar la finalización de los resultados a favor de Biden, con tres, los representantes de Estados Unidos Jack Bergman de Watersmeet, Lisa McClain de Bruce Township y Tim Walberg de Tipton, apoyando el esfuerzo de rechazar la votación incluso después de la violenta confrontación en el Capitolio. Y aun cuando ellos denunciaron la violencia, eso deja en duda si se seguirá presionando con la falsa afirmación que la alimentó (que la elección fue robada) incluso después de que Trump deje el cargo el 20 de enero.
- Mientras tanto, otros republicanos, incluido el representante estadounidense Peter Meijer, republicano por Grand Rapids, denunciaron los esfuerzos por obtener beneficios políticos que pudieran desestabilizar a la nación. En un video cautivador, se paró afuera del Capitolio y criticó con rabia a la gente, presumiblemente también al presidente, y a los políticos que lo motivaron, quienes "le dijeron a la gente que si salían, podían cambiar" los resultados de la elección, sabiendo que no era cierto. "Lo hicieron ya fuera para salvar su propio pellejo político o para hacer una rápida recaudación de fondos. Es despreciable", comentó Meijer, un veterano de la guerra de Irak.
- A nivel estatal y local, la situación es igual de tensa: La presidenta del partido estatal Laura Cox, una firme defensora de Trump y de sus esfuerzos por desestimar la elección de Michigan, anunció que no se postularía para un segundo mandato, dejando efectivamente el puesto a un ex presidente, Ron Weiser, miembro de la clase dirigente del partido. Pero es probable que Weiser también sea elegido en una lista con un copresidente, Meshawn Maddock, quien se identifica con el ala trumpista del partido, quien asistió al mitin en Washington que precedió a los disturbios en el Capitolio y quien, cuando alguien en Twitter publicó que el partido ahora pertenece al líder del Senado Mitch McConnell, republicano por Kentucky, respondió: "Ahí es donde se equivocan. Ahora es el partido de Trump".
Por todas partes hay señales de incertidumbre en el partido. El ex representante Paul Mitchell de Dryden, quien abandonó el partido enojado por los esfuerzos post electorales de Trump y que se volvió independiente justo antes de terminar su mandato y dejar el Congreso la semana pasada, dijo que los republicanos han perdido el rumbo. Indicó que han adoptado un sistema (como los demócratas, dijo) que pone la reelección y las pruebas de fuego partidarias por encima del compromiso y los valores compartidos. Ha pedido la remoción de Trump.
"Incitar a un motín, causar la invasión de un bastión de la democracia", dijo con disgusto.
Grupos asociados desde hace tiempo con el conservadurismo, como la Business Roundtable and la National Association of Manufacturers, también han denunciado los esfuerzos de Trump. El presidente de esta última, Jay Timmons, se unió a otros para pedir la eliminación de Trump.
Pero, al mismo tiempo, en las páginas de Facebook y otras redes sociales, los partidarios de Trump han insistido en que el Partido Republicano y sus funcionarios electos hagan lo que sea necesario para anular los resultados o abandonarían al partido.
"Ya han empezado a hacer eso", dijo Badgerow. "No están seguros de adónde van a ir".
Hablando con MIRS, el Michigan Information and Research Service, la semana pasada, Randy Bishop, presidente de la Antrim County Conservative Union, en un condado donde Trump trató de argumentar que las máquinas de votación habían señalado irregularidades pese a que se determinó que eran fallos administrativos que fueron identificados y corregidos, dijo, después de que la mayoría de los senadores republicanos, incluyendo McConnell, votaron para bloquear las objeciones a la votación, ellos que "oficialmente clavaron una estaca en el corazón del círculo dirigente del Partido Republicano".
"Estamos formando nuestro propio movimiento con el presidente Trump. ... Estoy presionando para que se formen grupos sindicalistas conservadores en todos los condados de Michigan y en todos los condados de la nación", señaló.
La cuestión es cómo será el Partido Republicano, al menos a corto plazo, si se van, o si el propio partido se viera obligado a ir con ellos.
No hay duda de que el mensaje de Trump (antiglobalista, antiinmigración), así como su celebridad como un hombre de negocios de lenguaje rudo y sin restricciones resonó profundamente entre los votantes blancos de clase obrera que, en las últimas décadas, vieron desaparecer los empleos en la industria manufacturera en los viejos centros industriales en estados como Michigan.
También tocó la fibra sensible de aquellos que ya no veían reflejado en su política o en los medios de comunicación el Estados Unidos que creían conocer: Trump se burlaba de la corrección política y hablaba en términos de blanco y negro y parecía disfrutar rompiendo las normas de cortesía. En Michigan, logró una alta participación, especialmente en las zonas industriales y rurales más antiguas, con una victoria ajustada en 2016. En 2020, perdió contra Biden, pero aún así obtuvo más votos (2.6 millones) que cualquier republicano en la historia del estado.
Pero con ellos también trajo consigo su ira, y sus sugerencias de que es "débil" o "patético" aceptar la derrota, en un ámbito en el que el compromiso o la aceptación siempre es necesario por parte de alguien que (al menos hasta las próximas elecciones o el debate político, si es que algo va a avanzar) ayudó a alimentar la violencia del miércoles en el Capitolio.
"Para bien o para mal, atrajo más gente al proceso", dijo David Dulio, director del Center for Civic Engagement de la Oakland University. "Consiguió que la gente que antes no lo hacía se presentara a votar".
Pero ese atractivo fue un arma de doble filo. Mientras Trump apuntalaba partes del partido, en otras, especialmente en áreas suburbanas más educadas como los condados de Oakland y Kent, los votantes se sentían mucho menos cómodos con su retórica belicosa y sus mensajes autoritarios. La participación demócrata aumentó, llevando a las victorias de la gobernadora Gretchen Whitmer en 2018 y a los 2.8 millones de votos de Biden este año.
La pregunta ahora, indicó Dulio, es si el Partido Republicano "va con todo y continuará por el camino de Trump y trata de sacar más votantes descontentos o de recalibra a la ortodoxia conservadora que tuvo votantes en las zonas suburbanas que los respaldaron durante décadas".
A corto plazo, eso podría depender parcialmente de lo que Trump decida hacer después del 20 de enero, cuando Biden sea investido, y si puede motivar a los votantes a menos que y hasta que él mismo sea candidato de nuevo. Pero todos los indicios señalan por ahora que los republicanos tienen la intención de tratar de mantener a los partidarios de Trump en su redil, sabiendo que podrían necesitarlos, por ejemplo, en una contienda contra Whitmer dentro de dos años.
"Creo que tenemos que mantener a todos los que han estado involucrados, involucrados si queremos suficientes votos", dijo Weiser a The Free Press esta semana.
Tampoco hay duda de que algunos en el partido, como los senadores Josh Hawley de Misuri y Ted Cruz de Texas, consideran que llevar la corriente a la base de Trump es ventajoso y, posiblemente, un impulso hacia sus propias postulaciones presidenciales en 2024. Es igualmente cierto entre la mayoría de los republicanos en la Cámara Baja que apoyaron las objeciones electorales de Trump, aun cuando la mayoría de sus contrapartes republicanos en el Senado no lo hicieron.
"Las acciones de muchos funcionarios republicanos electos permiten entender que incluso cuando Trump abandone la Casa Blanca, la base que él impulsó y encendió seguirá allí", dijo John Sellek, director ejecutivo de Harbor Strategic Public Relations en Lansing y ex director estatal de la campaña presidencial del republicano Mitt Romney en Michigan. "Van a estar observando a quién (pueden apoyar) a continuación".
"Hay una gran parte de la base republicana que piensa que las elecciones fueron robadas y así son las cosas", comentó Sellek.
Si los republicanos están luchando con las tensiones en su partido, especialmente después de los acontecimientos del pasado miércoles, es cierto que los demócratas tienen sus propias tensiones.
Las ganancias que permitieron a ese partido tomar el control de la Cámara de Representantes de Estados Unidos en 2019 se dieron en los distritos suburbanos que se inclinaron contra Trump. Pero esas áreas pudieran oscilar de nuevo si los demócratas (ahora con el control de la Casa Blanca y ambas cámaras del Congreso) actúan para hacer cambios que podrían considerar demasiado radicales, como añadir puestos en la Corte Suprema para superar una mayoría conservadora, o costosos, como hacer que las colegiaturas universitarias sean gratuitas.
Dulio dijo que un indicador clave de lo que los próximos dos años podrían ser es si los demócratas en el Senado (con una división 50-50 con los republicanos pero en la mayoría porque la vicepresidenta electa, Kamala Harris, estará en posición de romper cualquier empate) actúan para deshacerse del umbral de 60 votos para poner fin a los debates y forzar las votaciones. Si bien esto sería una ventaja para la promulgación de políticas, también indicaría la probabilidad de que los demócratas pudieran llevar su poder demasiado lejos y ver a los votantes reaccionar negativamente en las elecciones intermedias, cuando los partidos de los presidentes a menudo pierden escaños.
"Ese sería el primer paso para perder un montón de escaños en 2022", comentó.
Sin embargo, también es posible que Biden, que pasó décadas en el Senado, busque finalmente romper el estancamiento partidista en el Congreso encontrando un terreno común entre los demócratas y los republicanos que han parecido más abiertos al compromiso en algunos temas (incluyendo a Romney de Utah, Susan Collins de Maine, Lisa Murkowski de Alaska y otros) como garantizar a los llamados Dreamers, inmigrantes que fueron traídos al país cuando eran niños, el derecho a permanecer en el país, o modestas medidas de control de armas. Sin embargo, para hacerlo, los demócratas tendrían que comprometerse también.
Por ahora, toda la atención se centra en el trágico ataque, sin precedentes en la historia de la nación, y claramente puesto (incluso por muchos miembros de su propio partido) a los pies del presidente en ejercicio. La empresa encuestadora de Washington Morning Consult encontró que casi dos tercios de todos los votantes de la nación responsabilizaron del ataque a Trump, incluyendo el 41 por ciento de los republicanos.
Pero eso no significa que el republicanismo no siga siendo definido por Trump.
Algo de lo que le suceda al partido depende de lo que Trump y su grupo de seguidores hagan después de que deje el cargo. Si continúan jugando un papel importante en la política republicana, eso pudiera impedir que los demócratas que vilipendian al futuro ex presidente se acerquen a cualquier tipo de compromiso, sabiendo que mientras Trump esté ostensiblemente en la papeleta, eso les ayudaría en algunas áreas clave.
Por otro lado, si los republicanos comienzan a alejarse de los argumentos de que las elecciones fueron robadas (si ellos, como Meijer y Romney, comienzan a decir que los políticos necesitan decir a sus electores la verdad y no solo lo que piensan que los motivará a votar de una manera u otra), eso pudiera comenzar potencialmente, a largo plazo, a atraer a bloques alienados por Trump.
"Esa lucha", dijo Sellek, "no está cerca de terminar. De hecho, apenas está comenzando".
Susy Heintz Avery, ex presidenta del Partido Republicano de Michigan y codirectora del Programa de Liderazgo Político de Michigan en la Michigan State University, comentó que no hay duda de que Trump canalizó la ira de los votantes blancos descontentos que no habían sido republicanos hacia el partido.
Pero también indicó que podría ser posible retener a esos votantes, y su energía, mientras se aplaca la ira.
"Creo que se reduce a (un mensaje sobre) la libertad individual", dijo. "Creo que tenemos que mantenerlo muy simple, muy tranquilo... Toda esta ira tiene que ser canalizada en algo que sea útil y que no sea gritarle a la gente. Eso nunca logra nada. Deja salir mucho vapor, pero no cambia la opinión de nadie".
Mitchell estuvo de acuerdo. "Tenemos extremos en ambos partidos y están arrastrando a sus partidos y al país a un acantilado", agregó. "El miércoles vimos eso. ... Y si no hacemos algo al respecto, estaremos en problemas".
Badgerow, el presidente del Condado de Bay, es un terapeuta de abuso de sustancias y un firme partidario de Trump. Dijo que no hay duda de que el presidente ha hecho un gran bien al país, pero también dijo que no hay duda de que Trump cruzó la línea cuando animó a su multitud de seguidores el miércoles pasado a negarse a aceptar el resultado de las elecciones, a marchar al Capitolio. Pero agregó que cree que sabe lo que hay detrás de esto.
"Es un hombre de negocios, no le gusta perder", dijo Badgerow. "No lo estoy justificando. Pero no sabe cómo rendirse. ... Es como tener un padre que nunca dirá: 'Estoy equivocado' ... Eso es parte del problema, tiene problemas para decir: 'Me equivoqué'".
Trump ha denunciado desde entonces la violencia y a sus autores. Pero sigue insistiendo en que las elecciones fueron fraudulentas. Se enfrenta a un esfuerzo, respaldado sobre todo por los demócratas, para destituirlo de su cargo en los días previos a la toma de protesta.
Badgerow no está seguro de lo que pasará con su partido. El jueves por la noche, los republicanos del Condado de Bay tuvieron una reunión por Zoom. Deberían haber estado hablando de lo que pasó, pensó Badgerow, lidiando con ello, pensando en cómo seguir adelante. Pero la asistencia, añadió, fue escasa.
"Mucha gente está angustiada, confundida y desilusionada", comentó sombríamente. "No solo por lo que pasó, sino por todo este asunto de la votación. ¿A quién creer? ¿A quién no creer?"
No le pasó inadvertido que, incluso mientras Trump se quejaba de su propia derrota, los republicanos estaban ganando un área anteriormente demócrata.
"Es una época confusa".