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Christine Vestal

Todo apuntaba a la reapertura de escuelas. Luego vino el rebrote de COVID-19

Desde el verano, el ardiente debate estatal y local sobre la reapertura de las escuelas públicas desde el jardín de niños hasta el duodécimo grado ha reflejado la profunda división partidista de la nación en torno al coronavirus, con los republicanos a favor de las aperturas y los demócratas más propensos a apoyar un enfoque cauteloso.

Pero la nueva evidencia científica que muestra que el aprendizaje presencial ha resultado en relativamente pocos brotes de COVID-19 (combinado con las crecientes preocupaciones sobre los reveses en el aprendizaje y el desarrollo social de los niños) podría estar cerrando ese abismo.

Por ahora, la oleada nacional de COVID-19 que está abrumando a los hospitales de algunos estados ha paralizado cualquier movimiento adicional hacia la apertura de las aulas. Veintenas de escuelas están cerrando en los estados más afectados, y las grandes ciudades están dejando de lado los planes para reabrir las escuelas por primera vez.

Aun así, los grandes sistemas escolares de las ciudades y condados liberales están bajo una presión cada vez mayor de parte de los alcaldes, gobernadores, educadores y expertos en salud pública para que proporcionen aprendizaje en persona tan pronto como disminuya el actual pico del COVID-19.

La elección presidencial y la próxima salida del presidente Donald Trump también podrían afectar las actitudes de los estadounidenses hacia la reapertura de las escuelas, dijo Michael Hartney, profesor asistente de ciencias políticas en el Boston College y coautor de un estudio reciente que vincula la política nacional con las decisiones de cierre de escuelas.

"Un porcentaje de los votantes muy contrarios a Trump podrían suavizar sus sentimientos sobre la apertura de escuelas y decir: 'Vaya, esto ha durado demasiado tiempo, tal vez sea hora de reabrir las escuelas'", dijo. "Para enero, tal vez podrían separar su deseo de que sus hijos vuelvan a la escuela de la persona que está en la Casa Blanca".

El verano pasado, cuando Trump instó a todos los estados a abrir sus escuelas y dijo a los Centros Federales para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) que reescribieran sus directrices de salud pública por el COVID-19 para planteles desde jardín de niños hasta duodécimo grado en consecuencia, el tema de los cierres de escuelas se volvió tan politizado como los mandatos de uso de tapabocas y cierres de bares.

Los CDC sugirieron que los distritos escolares abrieran las aulas en función de la tasa de nuevas infecciones por COVID-19 en sus comunidades, pero dieron a los funcionarios estatales y locales amplia discreción para establecer sus propios puntos de referencia.

Cuando el año escolar comenzó en agosto, la mayoría de los demócratas de las principales ciudades y suburbios pedían un enfoque cauteloso, poniendo la salud pública por encima de todo lo demás. En los condados y estados que se inclinaban por los republicanos, donde muchos residentes se oponían al uso de tapabocas y al cierre de negocios, la presión para que las escuelas volvieran a abrir para el aprendizaje presencial fue mucho más fuerte.

Las investigaciones realizadas en julio y agosto demostraron que las inclinaciones políticas nacionales tuvieron más que ver con las decisiones iniciales de apertura de escuelas que con el nivel relativo de infección por coronavirus en los estados y los distritos escolares locales.

"Parecía que los distritos escolares, que históricamente no son partidistas, se vieron envueltos en el gran debate nacional sobre cómo deberíamos responder al COVID", dijo Hartney.

En los condados que votaron fuertemente por Trump en las elecciones de 2016, la mayoría de las escuelas abrieron las aulas antes de tiempo y reanudaron el programa tradicional de cinco días a la semana. Y en los condados que votaron por el Partido Demócrata, todos o la mayoría de los distritos retrasaron la apertura de las aulas por temor a la propagación del coronavirus, según Hartney y otros investigadores.

La correlación entre el partido político y la reapertura fue fuerte, mientras que la correlación entre la gravedad de la tasa de infección y la reapertura fue en gran medida inexistente, explicó.

Otro estudio, realizado por investigadores de la Brookings Institution, un grupo de investigación política no partidista, llegó a la misma conclusión.

En agosto, una encuesta de opinión nacional realizada por Pew Research Center (The Pew Charitable Trusts financia el centro y Stateline) encontró que cerca del 80 por ciento de los demócratas dijo que el riesgo de que los estudiantes y los profesores se contagiaran de coronavirus debería ser considerado en gran medida en la decisión de reabrir las escuelas, mientras que solo cerca del 35 por ciento de los republicanos dijo lo mismo.

Cuando el año escolar comenzó, cuatro estados liderados por los republicanos (Arkansas, Florida, Iowa y Texas) emitieron órdenes de reapertura de escuelas en todo el estado.

En los demás, la decisión recayó en gran medida en los consejos escolares locales, los directores y los superintendentes, en consulta con los sindicatos de maestros y los departamentos de salud. Menos de la mitad de los 51 millones de estudiantes de jardín de niños a duodécimo grado en escuelas públicas de Estados Unidos comenzaron el año escolar en las aulas.

El porcentaje había estado aumentando constantemente, de menos del 40 por ciento el Día del Trabajo a más del 60 por ciento el mes pasado, hasta la oleada actual de contagios.

Antes del último repunte, la preocupación por la pérdida de aprendizaje presencial comenzaba a superar los temores de los brotes de COVID-19 en las escuelas. Los padres y los maestros expresaron una creciente preocupación por el retraso de los niños, especialmente de los pobres y pertenecientes a minorías. Al mismo tiempo, los dirigentes de los distritos observaron que muchos padres acomodados estaban abandonando las escuelas públicas por escuelas y tutores privados, lo que podría implicar graves consecuencias presupuestarias.

En Massachusetts, un estado azul oscuro en las elecciones nacionales, el gobernador republicano Charlie Baker señaló en una conferencia de prensa a principios de este mes que, a la luz de la evidencia que muestra una propagación mínima en las escuelas, quizá haya sido un error cerrar las escuelas la primavera pasada, según The Boston Globe. Por ahora, las escuelas de Massachusetts están cerradas, pero Baker indicó que quiere abrirlas lo antes posible.

"El mensaje básico que está emitiendo la mayoría de la gente esta vez es que las escuelas no son propagadoras", comentó Baker, "y es enormemente importante para el desarrollo educativo, psicológico y social de los niños que estén en la escuela".

En el Condado de Montgomery, Maryland, un suburbio fuertemente demócrata de Washington, D.C., que tiene el distrito escolar más grande del estado, la miembro de la junta escolar Karla Silvestre utilizó una reunión reciente para presionar a los funcionarios del distrito sobre el equilibrio entre los riesgos para la salud y las pérdidas educativas.

Silvestre dijo que si bien la orientación sobre salud local y estatal es importante, piensa que "tenemos que aprender a vivir con esta pandemia y que la escuela (para aquellos niños que no se están beneficiando del aprendizaje en línea) es un servicio esencial", según un artículo de The Washington Post.

"Así como no pensaríamos en cerrar la fuerza policial", dijo, "no creo que debiéramos cerrar por completo la educación".

Mientras tanto, el presidente electo Joe Biden ha prometido presionar a favor del dinero que las escuelas necesitarán para reabrir de forma segura.

Los sindicatos de maestros, políticamente poderosos, están presionando a los estados para que proporcionen a sus miembros múltiples capas de protección contra el virus. En general, los maestros están pidiendo un conjunto claro de directrices estatales sobre el uso de tapabocas, el tamaño de las clases, el distanciamiento físico, los horarios escolares y la ventilación de los edificios con la que puedan contar en todas las escuelas.

Algunos grupos de profesores también están pidiendo pruebas de detección de COVID-19 y rastreo de contactos para ayudar a asegurar que las tasas de infección se mantengan bajo control en las escuelas.

En California, los superintendentes de los distritos escolares más grandes del estado firmaron el 2 de noviembre una carta dirigida al gobernador demócrata Gavin Newsom, pidiendo estándares de salud pública para todo el estado en las escuelas desde jardín de niños hasta el duodécimo grado, incluyendo la prueba regular de COVID-19.

De manera similar, en Delaware, un grupo llamado S.A.F.E Schools pidió al gobernador demócrata John Carney que estableciera un estándar estatal para las pruebas y el rastreo de contactos en todas las escuelas públicas.

Cuando millones de niños volvieron a las aulas en agosto y septiembre, ni el gobierno federal ni los estados rastrearon inicialmente cuántos asistían a la escuela presencial y si el virus se estaba propagando en las escuelas como muchos habían predicho.

Desde entonces, investigadores en Europa y Estados Unidos han comprobado que la propagación de la infección por COVID-19 entre maestros y estudiantes en escuelas de enseñanza básica ha sido mínima y sistemáticamente inferior a las tasas de infección de las comunidades circundantes.

Como consecuencia de ello, el doctor Anthony Fauci, director de los Institutos Nacionales de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, por su sigla en inglés), ha dicho en entrevistas recientes que las escuelas pueden reabrir sus puertas con seguridad si siguen las precauciones establecidas contra el COVID-19.

De manera similar, el el doctor Tom Frieden, ex director de los CDC, escribió en un correo electrónico a Stateline que, "en los últimos meses, no hemos visto una propagación de COVID-19 importante que provenga de escuelas que estén tomando precauciones contra la propagación, tales como tapabocas, reglas de distanciamiento social y lavado de manos regular".

"La propagación que estamos viendo alrededor de las escuelas no proviene del ámbito académico", señaló Frieden, un médico y epidemiólogo que dirige una iniciativa de salud sin fines de lucro llamada Resolve to Save Lives. "Si queremos que nuestros hijos continúen yendo a la escuela, debemos evitar las fiestas para comer pizza después de la escuela y otras actividades sociales alrededor de la escuela".

Emily Oster, profesora de economía de la Brown University, que da seguimiento a la tasa de propagación del COVID-19 en una pequeña muestra de las más de 130 mil escuelas públicas de la nación, estuvo de acuerdo en que los planteles escolares en los que el uso de tapabocas entre los profesores y los estudiantes se ha convertido en algo natural tienden a ser sustancialmente más seguros que la mayoría de los otros entornos de la comunidad local.

Hasta ahora, dijo, su estudio, en el que participan más de tres millones de estudiantes y 422 mil maestros y otros profesionales escolares, muestra tasas sustancialmente más bajas de casos positivos de COVID-19 entre los estudiantes y los maestros que entre el resto de la población local.

En Estados Unidos, agregó, "hemos adoptado la actitud de que todo esté abierto, o bien todo esté cerrado; o peor aún, que todo esté abierto excepto las escuelas. Lo estamos haciendo al revés".

En Alemania, Francia e Irlanda ahora mismo, la mayoría de los lugares públicos están cerrados, pero las escuelas permanecen abiertas.

"En mi opinión", dijo Oster, "hemos clasificado a las escuelas demasiado bajo en términos de su valor intrínseco y demasiado alto en términos de su riesgo de COVID. Esto es particularmente perjudicial para los niños más pequeños, y para los niños afroamericanos y morenos más pobres y en riesgo en todos los grupos de edad".

– Este texto fue traducido por Kreativa Inc.

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