Jane Campbell está frustrada.
A Campbell, comisionada de la ciudad de Davidson, Carolina del Norte, le preocupa que algunos de sus electores, especialmente los adultos mayores, no tengan forma de llegar a los centros de vacunación contra el COVID-19.
Desde Davidson, los lugares más cercanos para cualquier persona que desee vacunarse han sido los eventos de vacunación masiva en el área de Charlotte, a más de media hora de distancia, comentó Campbell. Para muchos adultos mayores que necesitaban transporte, eso era demasiado lejos.
"Puedo conseguir que voluntarios los lleven, pero no creo que sea prudente o seguro poner a un voluntario y a una persona que necesita la vacuna en el mismo coche para un viaje de 35 minutos en cada sentido", señaló. "Debe ser un transporte seguro que prevenga el COVID".
Mientras los gobiernos estatales y locales han estado ocupados planificando y distribuyendo vacunas, muchos han dejado de lado una pieza importante: cómo proporcionar transporte a las personas que no pueden llegar a esos lugares.
Millones de adultos mayores y personas de color con bajos ingresos que corren mayor riesgo de contraer el virus no tienen auto, no conducen o no viven cerca del transporte público. Algunos están confinados en casa. Otros viven en zonas rurales lejos de los sitios de vacunación.
"Es increíblemente complicado cómo se desarrolló la planificación de la vacunación en todo el país. Se pasó por alto el transporte", indicó Denny Chan, abogado de Justice in Aging, una organización nacional de defensa legal de los adultos mayores con bajos ingresos.
Muchos adultos mayores y personas pobres quizá tampoco tengan familiares o amigos que los lleven en coche, dijo Chan, que es miembro del California Community Vaccine Advisory Committee, que sugiere formas en que los funcionarios estatales pueden distribuir y asignar equitativamente las vacunas.
"Lamentablemente, no hemos dedicado tanto tiempo a hablar de cómo vamos a hacer llegar la vacuna a la gente", dijo Chan.
La distribución de la vacuna se ha dejado en gran medida en manos de los gobiernos estatales y locales, que están ocupados tratando de hacer frente a la gran demanda y a la escasez de suministros. Aunque el transporte no ha sido una prioridad, algunas zonas, desde la Ciudad de Nueva York hasta Spokane, Washington, han ideado diferentes formas de abordar el problema.
Además de involucrar a sus propias agencias y departamentos, los funcionarios estatales y locales también deberían asociarse con organizaciones benéficas y sin ánimo de lucro que puedan ayudar con el transporte, sugirió Caitlin Donovan, vocera de la National Patient Advocate Foundation, un grupo sin fin de lucro que promueve el acceso a la atención médica para las personas con enfermedades debilitantes.
"El transporte se suele descuidar, pero a menudo es uno de los mayores obstáculos para la atención sanitaria", dijo Donovan.
Uno de los mayores retos para los funcionarios estatales y locales es hacer llegar las vacunas a los adultos mayores confinados en casa, dijo Steven Albert, director del departamento de ciencias de salud conductual y comunitaria de la Escuela de Posgrado de Salud Pública de la University of Pittsburgh.
Se calcula que dos millones de personas de 65 años o más están confinadas en su mayor parte o por completo en su casa y que otros cinco millones tienen problemas de salud que les dificultan salir, según Commonwealth Fund, una fundación que financia la investigación de políticas sanitarias.
"Se trata de una población invisible. No son como los residentes de cuidados a largo plazo en las residencias de ancianos", dijo Albert. "Son muy ancianos, frágiles y viven en casa, y en algunos casos se les pasa por alto".
Uno de los obstáculos es que tanto las vacunas de Pfizer como las de Moderna tienen estrictos requisitos de conservación en frío, lo que crea dificultades logísticas para transportar y administrar las vacunas en los domicilios, añadió.
"Alguien como una enfermera tendría que viajar con una nevera o un refrigerador para mantener la vacuna a la temperatura adecuada y luego aplicar la inyección", dijo Albert.
Algunas organizaciones que ofrecen servicios a los adultos mayores están ayudando a llevar las vacunas a los que están confinados en casa o a encontrar transporte hacia las clínicas de vacunación.
"El transporte es fundamental", afirmó Sandy Markwood, directora general de la National Association of Area Agencies on Aging, un grupo de agencias locales con sede en Washington D.C. que presta servicios directamente o a través de contratistas a los adultos mayores para ayudarles a envejecer en casa y en la comunidad.
En el centro de Indiana, por ejemplo, una agencia de la zona se ha puesto en contacto con los ancianos para ayudarles a recibir las vacunas en sus casas o para localizar el transporte que les lleve a los lugares de vacunación.
Y la Greater Wisconsin Agency on Aging Resources está trabajando con proveedores de transporte y conductores voluntarios, algunos de los cuales han sido vacunados, para llevar a los adultos mayores a las citas de vacunación, según Markwood.
"Sé que todo el mundo está batallando para hacerlo lo mejor posible", dijo Markwood, "pero en este momento, debe comprenderse que, cuando se busca servir a los adultos mayores y las personas con discapacidad, debe haber un nivel de apoyo, y sin una planificación, no va a suceder".
El transporte también es un problema para las comunidades de color con bajos ingresos, que se ven afectadas de forma desproporcionada por el virus. El transporte público también se ha reducido en muchas ciudades durante la pandemia.
El sector privado de transporte compartido está ofreciendo alguna ayuda. Uber anunció en diciembre una asociación con la National Urban League y otros grupos en la que ofrecerá 10 millones de viajes gratuitos o con descuento a las comunidades de color.
Lyft se unió a socios corporativos y grupos sin fines de lucro en diciembre para lanzar un programa que proporcionaría 60 millones de viajes de ida y vuelta a los lugares de vacunación para los miembros de las comunidades de bajos ingresos, sin seguro y en riesgo.
Pero los funcionarios locales dicen que ellos, también, necesitan llegar a esas comunidades. Algunos condados ya están creando unidades móviles de vacunación que se desplazarán a las zonas desatendidas en las que la accesibilidad es un reto, declaró Blaire Bryant, directora legislativa asociada para la salud en la National Association of Counties.
Los funcionarios en algunas comunidades locales están considerando la posibilidad de utilizar las iglesias, las escuelas y las tiendas de comestibles como lugares donde los residentes pueden vacunarse.
En Nueva Orleans, la concejala Cyndi Nguyen creó un equipo de trabajo que incluye a proveedores de servicios sociales y de salud y a líderes comunitarios y religiosos para trazar un plan para su distrito que incluye el Lower Ninth Ward, un vecindario afroamericano de bajos ingresos que fue devastado por el huracán Katrina.
"Mi preocupación es que en esas zonas, las personas de bajos ingresos y los ancianos no van a tener acceso a la vacuna", comentó Nguyen. "Si no tienen acceso, pueden inclinarse por decir: ‘No voy a vacunarme’".
En el Lower Ninth Ward, dijo, solo hay una clínica y no hay farmacias, por lo que las autoridades tienen que idear otras soluciones.
"Hay que llevar la vacuna a donde está la gente. Tenemos que estudiar la posibilidad de incluir autobuses de vacunación móviles y explorar otras opciones, como las iglesias", comentó. "No queremos que la gente se sienta frustrada y abrumada porque no tiene formas de llegar a la vacuna".
En las zonas rurales, algunos residentes también se enfrentan a graves problemas para llegar a los centros de vacunación, que a menudo están muy lejos.
Las grandes cadenas de tiendas y farmacias que se han apuntado a proporcionar vacunas en todo el país no existen en muchas zonas rurales, por lo que las farmacias locales serán la clave, aseveró Keith Mueller, director del Centro RUPRI para el Análisis de Políticas de Salud Rural de la University of Iowa.
"Se quiere llegar al mayor número de personas posible", dijo. "Estas farmacias más pequeñas e independientes son capaces de poner la inyección en el brazo".
Mueller señaló a Virginia Occidental, uno de los estados que ha repartido el mayor porcentaje de dosis de vacunas. Las autoridades de ese estado decidieron eludir el programa federal en el que las grandes cadenas de farmacias se encargaban de vacunar a los residentes de cuidados prolongados y, en su lugar, entregaron las vacunas a 250 farmacias, en su mayoría pequeñas e independientes.
Sin embargo, Virginia Occidental fue criticada posteriormente por organizar clínicas de vacunación para los residentes, principalmente en sus condados más poblados. A finales de enero, el estado anunció que ampliaría esos centros para que hubiera una clínica en cada condado a principios de febrero.
Incluso si los gobiernos estatales y locales pueden hacer que las vacunas estén disponibles en las farmacias, los centros de salud calificados a nivel federal, los hospitales y las clínicas de salud rurales, muchos residentes no viven cerca de uno de ellos.
Un estudio realizado en diciembre por la Facultad de Farmacéuticos de la University of Pittsburgh y el West Health Policy Center, una organización sin fin de lucro, reveló que el 35 por ciento de los condados de Estados Unidos tienen dos o menos centros de este tipo por cada 10 mil habitantes. En el caso de los adultos mayores, los investigadores descubrieron que, en el 12 por ciento de los condados, al menos la mitad de la población de edad avanzada tiene que recorrer más de 10 millas para llegar a uno.
"El transporte es un gran problema para las zonas rurales", dijo Carrie Cochran-McClain, vicepresidenta de la National Rural Health Association. "Se asumió que de alguna manera la vacuna se distribuiría, y no siempre se tuvo en cuenta la logística del transporte".
Cochran-McClain dijo que al menos el 15 por ciento de la población estadounidense vive en zonas rurales, según la U.S. Census Bureau, y en general son más viejos, más enfermos y más pobres que en el resto del país.
Las organizaciones de servicios sociales y los bancos de alimentos podrían utilizarse como lugares de vacunación, comentó. Los trabajadores sanitarios a domicilio, las enfermeras o los ayudantes también pudieran visitar los hogares y administrar las vacunas, si se pudieran resolver los problemas de almacenamiento en frío.
"Esta es una comunidad que ha tenido un gran problema con el COVID y la mortalidad", dijo Cochran-McClain. "Cuanto más podamos llevar las vacunas a estas comunidades, más posibilidades tendremos de establecer una conexión con esas personas de difícil acceso".
Aunque el transporte no ha sido una prioridad, algunas zonas han ideado formas de llevar a la gente a las vacunas, o las vacunas a la gente.
La Ciudad de Nueva York ha puesto en marcha un programa para los residentes de 65 años o más que han concertado una cita para vacunarse en un centro municipal pero no tienen transporte. Los empleados les dirigen a los servicios de transporte para discapacitdos y de taxi. Algunos programas de los centros de la tercera edad también proporcionarán transporte. Los funcionarios de la ciudad dicen que podrán ofrecer unos 10 mil viajes a la semana.
En Miami Beach, bomberos administraron vacunas el mes pasado en edificios de viviendas para personas mayores asequibles y en los hogares de los adultos mayores confinados en casa. Hasta ahora, han vacunado a más de 900 adultos mayores, y planean continuar si pueden conseguir más vacunas, según la portavoz, Melissa Berthier.
En el Condado de Franklin, en Ohio, la Office on Aging proporcionó el mes pasado transporte gratuito a las personas de 75 años o más que tenían una cita para vacunarse.
En el estado de Washington, Spokane Transit está ofreciendo a los adultos mayores viajes en transporte público para discapacitados puerta a puerta para que acudan a sus citas en un centro de vacunación masiva. El costo: dos dólares por trayecto o cuatro dólares ida y vuelta para los que no tengan una tarjeta de autobús de transporte para personas discapacitadas.
En Austin, Texas, el sistema regional de transporte público, Capitol Metro, enviará una furgoneta de transporte para discapacitados con acceso para sillas de ruedas para recoger y llevar a casa a los pacientes que acudan a vacunarse, declaró Dottie Watkins, directora de operaciones.
"Cualquier persona del público puede utilizarla, pero nuestro objetivo es apoyar a nuestra comunidad de menores ingresos y ancianos", dijo. "Nuestro objetivo es asegurarnos de que el transporte no sea un obstáculo para que la gente se vacune".
Hasta ahora, solo 18 clientes han tomado el transporte para ir a los lugares de vacunación, dijo, pero eso se debe a que ha habido pocas citas disponibles.
Y en Davidson, Carolina del Norte, donde la comisionada Campbell ha estado trabajando duro para encontrar una solución de transporte, la junta municipal votó la semana pasada para buscar una asociación con el condado o los hospitales regionales para establecer un lugar de vacunación desde el auto.
"Podemos utilizar a nuestra policía, a los bomberos o a los voluntarios para que se encarguen de la logística y lo hagan posible", señaló Davidson.
Pero la ciudad no depende solo de la ayuda del gobierno o de los grandes proveedores de servicios sanitarios, añadió.
"Incluso si se trata de una farmacia local o una organización sin ánimo de lucro que se asocie con nosotros, estaría bien", aseveró. "Debemos hacer todo lo posible para que estas vacunas estén disponibles aquí para que la gente pueda acceder a ellas".