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Chaseedaw Giles

Qué hacer y qué no en redes sociales para quienes tienen o no vacunas

Publicar sobre sus actividades diarias es una práctica habitual para las generaciones Y y Z, especialmente cuando tienen algo novedoso o exclusivo que compartir. Así que, en medio de una pandemia mundial, y con el inestable despliegue de las vacunas contra el COVID convirtiéndolas en una especie de santo grial, no es de extrañar que las selfies con la codiciada vacuna estén infectando los timelines de las redes sociales.

Podría suscitar envidia, incluso indignación, sobre todo si la persona que la publica parece haberse metido en la fila. Pero, ¿y si la intención es animar a otros a vacunarse también? ¿Está bien así?

Desde que comenzó la pandemia, gente de todo el mundo vive cada vez más una parte importante de su vida en internet. Pero con un 72 por ciento del público estadounidense que utiliza algún tipo de red social, según el Pew Research Center, ¿quién establece las reglas de etiqueta de las redes sociales?

"Este es un tipo de mundo totalmente nuevo en el cual tener una pandemia", comentó Catherine Newman, columnista de etiqueta en Real Simple y autora del libro "How to Be a Person". Una de las ventajas del uso de las redes sociales, dijo, es que la gente puede crear olas de opinión pública de las que todos pueden beneficiarse. Newman, que también es voluntaria en un hospicio, se vacunó y publicó una selfie. Dijo que las selfies pueden ayudar a abordar algunos de los problemas de desconfianza en la salud pública que han contribuido a la indecisión sobre las vacunas.

"No quiero ver una foto de tu yate en redes sociales", dijo. Preferiría ver las selfies de las vacunas contra el COVID, pero advierte a los usuarios de que tengan cuidado con el pie de foto que elijan.

Después de todo, se han perdido casi 500 mil vidas estadounidenses en la pandemia y han surgido marcadas disparidades en las tasas de vacunación, especialmente entre las comunidades de color y los adultos mayores que se encuentran en las categorías de mayor riesgo.

Esto plantea el interrogante: ¿Subir una selfie de tu vacunación en tu cuenta de redes sociales es un paso en falso o sigue siendo algo normal?

Elaine Swann, experta en estilo de vida y etiqueta, mediadora certificada en el estado de California y fundadora de la Swann School of Protocol en Carlsbad, California, se hizo eco de estas precauciones. "Las enfermeras y los trabajadores de primera línea tienen una historia muy diferente que contar que la un veinteañero que se vacunó por alguna oscura razón", dijo.

Al mismo tiempo, agregó, no está necesariamente claro cómo alguien llegó a ser elegible para la vacuna. Una persona puede parecer joven y sana a primera vista, pero puede tener un problema de salud u otros criterios de calificación. "No lo sabemos", aseveró. Aconseja que quienes publican sigan lo que ella llama los tres valores fundamentales de los modales: respeto, honestidad y consideración.

Y lo mismo vale para las personas que reaccionan a los mensajes.

George Francois, de 35 años, director de un centro del Children's National Hospital de Washington, D.C., hizo una crónica de su vacunación contra el COVID en Facebook. Al ver las tasas globales de mortalidad e infección en la comunidad afroamericana, consideró que su publicación era un servicio público. "Podía inspirar a otros para que se vacunaran sin tener que hablar con ellos directamente", dijo.

Es un sentimiento compartido por J. Shawn Durham, de 44 años, actor en Washington, D.C., y un "buitre de las vacunas" involuntario. Recibió una llamada del amigo de un amigo para que se vacunara después de que un paciente programado faltó a su cita, dejando una dosis crítica que de otro modo podía haberse desperdiciado. "Estoy sano. Soy afroamericano. Soy estudioso, así que conozco nuestra historia y los experimentos de Tuskegee", dijo. Y, dada esa historia, Durham publicó sus selfies para "predicar con el ejemplo", añadió. "Los blancos y los ricos se están vacunando. Quiero que los afroamericanos también quieran vacunarse".

Francois no recibió ninguna reacción por su publicación y no pensó que fuera un gran problema. "Mucha gente publica los resultados de sus pruebas de VIH y COVID", señaló.

En resumen: Es habitual que los jóvenes compartan públicamente cosas que algunos adultos mayores pueden considerar demasiado personales.

"Creo que a veces es un poco ridículo, pero hay mucha desinformación por ahí", dijo Emilio Delgado, de 31 años, nacido en Puerto Rico y que ahora vive en D.C. Él hizo una publicación en parte para fomentar la confianza en la vacuna, para que sus contactos "vieran que alguien que conocían la había recibido y no le había crecido un tercer ojo", dijo de sus seguidores indecisos. Por esa razón, añadió, valía la pena.

Delgado, actor local e instructor de pacientes en la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la George Washington University, tuvo acceso a la vacuna porque en este papel de "paciente estandarizado" le llaman a menudo para que represente ecografías con estudiantes de medicina de cuarto año. Obtiene la mayor parte de sus ingresos gracias a este tipo de instrucción de pacientes y acude con frecuencia al hospital (un lugar generalmente considerado de alto riesgo), por lo que prefirió vacunarse.

Para Signe Hawley, de 34 años, investigadora y bombera voluntaria en las laderas del noroeste de Boulder, Colorado, recibir la vacuna (y publicar sobre ella) fue una experiencia emotiva.

A principios de la pandemia, tomó la difícil decisión de retirarse de sus tareas de voluntariado para proteger a su esposa y a su hija de dos años. Pero como había sido socorrista en su comunidad, pudo recibir la vacuna antes de lo esperado. "No me quería meter a la fila", dijo Hawley. "Pero cuando se me dio la oportunidad, tampoco la dejé pasar".

Para Hawley, el efecto secundario más pesado al que se enfrentó después de vacunarse fue el profundo dolor y la tristeza que afloraron en torno a la pérdida de su padre, junto con los pensamientos sobre todas las demás vidas perdidas "en la mala gestión de esto", expresó.

Su padre, Joe Hawley Sr., de 67 años, murió a principios de abril por complicaciones del COVID-19 en el Norwalk Hospital, en el suroeste de Connecticut. Su familia no pudo entrar en la unidad de cuidados intensivos en ningún momento durante su lucha contra el COVID. Y su interés por el voluntariado y el servicio es algo que heredó de su padre, "humanitario de corazón", que se implicaba y comprometía con la comunidad de Nueva Inglaterra donde vivía.

"Vacunarse de algo de lo que murió mi padre es surrealista", dijo, con la voz quebrada. Compartir su historia y la foto de la vacuna fue una forma de honrar a su padre. "Este es un paso para reducir el impacto de la muerte y las graves complicaciones de salud por el COVID, pero no es el final", aseveró.

Al final, agregó, cuantas más personas se vacunen, mejor será para todos.

"Todos estamos publicando esto con la esperanza de convencer a otros", dijo la experta en etiqueta nacional Diane Gottsman, autora y fundadora de la Protocol School of Texas, una empresa especializada en formación de etiqueta corporativa con sede en San Antonio. Conozcan a su público, aconsejó. Y otro recordatorio importante: Sigan las directrices de la Federal Trade Commission, que aconseja no publicar cartillas de vacunación que contengan información de identificación que pueda exponer al robo de identidad.

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