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Dulce Ramos

Peatónito – el superhéroe que lucha para que las calles de la Ciudad de México sean más seguras

Peatónito en el Zocalo.
Peatónito en el Zócalo. Photograph: Sean Smith for the Guardian

Cada hora 9,000 personas pasan por el cruce más transitado de la Ciudad de México: la esquina de la Avenida Juárez y el Eje Central. Esta noche, un conductor detiene su Peugeot gris sobre el cruce peatonal cuando la masa intenta cruzar. Su auto se vuelve un obstáculo de acero para los que se dirigen al Palacio de Bellas Artes.

Entre el río de gente se abre paso un hombre delgado vestido de negro. Decidido camina hacia el Peaugot. Va enmascarado y viste una capa que recuerda a un paso de peatones. Encara al auto, se echa la capa hacia atrás y con sus brazos lo empuja para hacer espacio.

“Soy Peatónito y lucho por los derechos del peatón”, se presenta. El conductor sonríe, mete reversa de buena gana y al final los dos se estrechan las manos. El cruce de peatones fluye mejor. Peatónito vuelve a la banqueta y espera el momento de hacer su trabajo otra vez.

Desde 2012 en la Ciudad de México, existe un “superhéroe” que defiende a quienes van de pie. Se llama Peatónito. A tres años de que salió a las calles por primera vez, armado con un reglamento de tránsito y un bote de pintura blanca en aerosol para pintar cebras y banquetas donde no las había, ya puede hacer un balance de los triunfos junto con una red de activistas por la movilidad que luchan porque en esta capital, donde se concentran 5.5m de vehículos todos puedan trasladarse con seguridad y de forma eficiente.

Los triunfos son palpables: En agosto, el gobierno del Distrito Federal presentó un nuevo reglamento de tránsito que redujo el límite de velocidad en vías primarias (es decir, no rápidas) de 70km por hora a 50km.

Al atardecer, el tráfico fluye por la Ciudad de México, donde se estima que hay 4.8 millones de coches.
Al atardecer, el tráfico fluye por la Ciudad de México, donde se estima que hay 4.8 millones de autos. Photograph: Sean Smith for the Guardian

El límite no es un capricho de los activistas, pues el peligro en la calle se puede medir. En la capital, en 52 de cada 1,000 accidentes hay un muerto. En todo el país, la tasa de mortalidad es de 39 accidentes fatales en cada 1,000.

Otra lucha ganada es la adopción de la “Visión Cero”; una serie de políticas públicas centradas en erradicar las muertes por accidentes de tráfico y que, por años, había sido impulsado por los activistas a nivel mundial. Sus ejes: un enfoque ético para priorizar la vida humana, responsabilidad compartida de quienes diseñan las calles y quienes las usan; seguridad en los caminos y mecanismos de cambio.

Entre los países del mundo pioneros en adoptarla están Holanda, Suecia (ambas hace 20 años) y el Reino Unido. Después le siguieron ciudades de Estados Unidos como Chicago, Nueva York, Boston, San Francisco y otras ocho más. En México han adoptado Visión Cero – al menos en el discurso – Torreón, ciudad industrial en el estado de Coahuila, además del DF.

En resumidas cuentas, que el peatón sea el centro del nuevo reglamento de tránsito y que se le haya restado protagonismo al automóvil es producto, en buena parte, de años de activismo para incidir en las políticas públicas de la ciudad.

‘Soy Peatónito y lucho por los derechos del peatón’
‘Soy Peatónito y lucho por los derechos del peatón.’ Photograph: Sean Smith for the Guardian

Ir a pie es jugarse el pellejo

¿Por qué surge Peatónito en la Ciudad de México? ¿Por qué, además, fue aquí donde nació el primer grupo de activistas por el peatón en todo el país? Porque esta ciudad conjunta la mayor concentración de autos, una infraestructura vial inadecuada, y la falta de cultura vial. Por esos tres factores, la muerte en las calles se encuentra fácilmente.

En 2013, 491 peatones murieron en accidentes de tránsito en la Ciudad de México de acuerdo con la Consejo Nacional para Prevenir Accidentes. Eso equivale al 6% de todas las muertes de peatones que ocurrieron en el país en ese año.

Sólo para contrastar, cuando se habla de conductores u ocupantes de vehículos muertos, la cifra se reduce a la mitad. 265 fallecimientos de quienes van detrás del volante. Ser peatón en la cuarta ciudad más poblada del mundo es jugarse el pellejo.

Aquí, sólo tres de cada 10 traslados se hacen en auto, y a pesar de ello, por décadas se ha privilegiado la inversión en obra pública dirigida al uso del auto. La movilidad peatonal es para aventureros, y aun así, el DF está lleno de almas que hacen trayectos con sus dos pies. Sorteando autos, corriendo detrás de los autobuses que no paran donde deben, arriesgando la vida en el sistema de bicicletas públicas.

Para cuidar de todos ellos están los agentes de tránsito, pero poco pueden hacer en esta ciudad donde conductores fúricos embisten con tal de llegar a tiempo a donde vayan.

Convencer a los habitantes del DF de usar menos el automóvil no sólo ayudaría a reducir los accidentes de tránsito, sino aportaría funcionalidad a la ciudad. Se agilizarían, por ejemplo, los tiempos de traslado de la zona metropolitana a la ciudad. Diariamente los servicios de transporte salen atiborrados de pasajeros de la periferia hacia el centro en autobuses destartalados y que conducen sin precaución.

El Metro, sin mantenimiento adecuado por décadas, también se satura por las mañanas hasta extremos peligrosos por la concentración de pasajeros.

En México, como en otras ciudades del mundo, tampoco existen los llamados “aparcamientos disuasorios”. Estacionamientos donde el conductor pueda dejar su auto todo el día y subir al transporte público para llegar a su destino.

Con ese panorama, no es extraño que una persona prefiera comprar y usar un automóvil todos los días. Aunque tarde dos o tres horas en llegar a su destino.
Por razones como esa surge Peatónito, pero también, toda la red de activistas que echan luz sobre cómo acabar con todos estos problemas haría una ciudad más humana y habitable.

Convencer a los habitantes del DF de usar menos el automóvil no sólo ayudaría a reducir los accidentes de tránsito, sino aportaría funcionalidad a la ciudad.
Convencer a los habitantes del DF de usar menos el automóvil no sólo ayudaría a reducir los accidentes de tránsito, sino aportaría funcionalidad a la ciudad. Photograph: Omar Torres/AFP/Getty Images

Peatónito, sin mascara

Peatónito es Jorge Cáñez. Un politólogo de 29 años que trabaja en un laboratorio de tecnología cívica perteneciente al gobierno de la Ciudad de México y que, dos veces a la semana se viste de súperheroe y se lanza a las calles para hacer visibles las grandes y pequeñas infracciones de tránsito.

“En el Distrito Federal, moverte de un punto a otro es lo más inseguro, complicado e ineficiente”, dice Peatónito sentado en un bar de la Colonia Roma, una de las zonas más amigables para caminar y donde ciclistas y automovilistas pueden convivir. Ahí recuerda que su lucha por el activismo comenzó cuando vivió el calvario de trasladarse en autobús, a diario, de su casa a la universidad.

“Cuando era estudiante me dije: ‘No voy a descansar hasta encontrar la razón por la que el transporte público de mi casa a la universidad está tan mal y hasta encontrarle una solución”. Y así, hace diez años Cáñez comenzó a investigar cómo se diseñan en la Ciudad de México las políticas públicas de movilidad. Lo que no sabía era que no estaba solo.

En 2010, con la llegada del Metrobús al Distrito Federal, la primera línea de autobuses tipo busway o BRT (Bus Rapid Transit), la agenda de movilidad de esta capital comenzó a hacerse visible. No obstante, grupos de ciclismo urbano llevaban ya más de 20 años tratando de enfatizar la importancia en los la importancia de hacer y tener una ciudad amigable con todo tipo de transporte. Fue en 2010 cuando por primera vez escuchó hablar del colectivo “Camina, Haz Ciudad”, el primer grupo de activistas peatonales en el país.

Ese año, el 21 de marzo, los integrantes pintaron una banqueta en una vía de alta velocidad cuya construcción fue sumamente criticada por haberse hecho sin licitación y por dañar áreas verdes. Además, los peatones debían caminar sobre el arroyo de vehículos porque nadie creyó importante darles un espacio, a pesar de que era zona de paso obligado para quien quería tomar un autobús.

Más tardaron los ciudadanos en pintar la banqueta que el Gobierno de la Ciudad en borrarla. “Prometemos hacerla bien”, dijeron las autoridades. Y aunque tardaron, finalmente hicieron un estrecho corredor.

Así comenzaron los triunfos de los activistas en pro de la movilidad.

'Lo mejor es la satisfacción de comunicar un mensaje de manera poderosa.'
‘Lo mejor es la satisfacción de comunicar un mensaje de manera poderosa.’ Photograph: Sean Smith for the Guardian

La calle puede ser un ‘ring’

¿Era necesario crear un personaje como salido de la lucha libre para crear conciencia sobre los riesgos que corre el peatón en el D.F? Peatónito cree que la creatividad es un arma para los activistas.

“La lucha libre está arraigada en la vida del mexicano, pero el día que llevé a unos amigos extranjeros surgió la idea. Si existe Súper Barrio (personaje que en los años 90 enarboló las causas de las clases más bajas de la ciudad), ¿por qué no pensar que la calle puede ser también un ring?”. Así, el humor le dio un tinte a su activismo.

A pesar del buen humor, Peatónito ya fue víctima de un atropellamiento. Hace cuatro meses, un vehículo embistió su bicicleta cerca del barrio de Tepito; y aunque el accidente fue aparatoso, por fortuna salió ileso. El caos vial es su kryptonita. El riesgo, sin embargo, no ha hecho que Jorge piense en dejar a este personaje que encarna sin esperar nada a cambio.

“Todo lo hago por amor al arte, por hacer algo por la ciudad. Económicamente, Peatónito no me ha dejado nada más que el pago por algunas charlas y un par de viajes, pero nada más. Lo mejor es la satisfacción de comunicar un mensaje de manera poderosa”.

En 2010, llegó el Metrobús en la ciudad.
En 2010, llegó el Metrobús a la ciudad. Photograph: Bloomberg/Getty Images

Sus próximos objetivos

Los activistas como Peatónito apenas festejan un triunfo cuando ya tienen otro objetivo en la mira. Para 2016, esa meta se llama “presupuesto para la movilidad integral”.

“Ya ganamos el discurso. Ya hemos ganado en las leyes … ahora falta ganar en el presupuesto. Por ello, lanzamos una campaña que se llama ‘Lucha por la Ciudad Humana’ y que retoma la idea de la lucha libre. Hemos salido en bicicleta enmascarados para exigir que se asignen recursos a proyectos de movilidad no motorizada.”

En el presupuesto nacional para 2016, sólo 7% de los 50,000 millones de pesos (£1,900m ) designados a la movilidad se destinarán a proyectos vinculados al peatón o a la bicicleta. El trabajo de los activistas es cambiar eso en el Congreso antes de que llegue noviembre y la repartición del dinero se apruebe como tal.

Para acercarse a ese objetivo, primero buscarán reunirse con el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray. Si lo logran, habrán ganado parte de la batalla. Con una rima, Peatónito resume el grito de lucha: “Más plata para el que anda a pata.”

Como parte de nuestra semana en vivo en la Ciudad de México, estamos publicando una serie de artículos en español. Los comentarios en español sobre estos artículos serán bienvenidos vía email. Al final de la semana publicaremos una selección en la web de Guardian Cities. Envíanos un email a mexicocity.week@theguardian.com

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