Kim Gudgeon, madre de ocho hijos, estaba desesperada cuando llamó a su médico de cabecera en la zona suburbana de Chicago para programar una consulta para Bryce, de un año de edad.
Había estado despierto por la noche y estaba interrumpiendo el aprendizaje en línea de sus hermanos durante el día. "Se sentía simplemente miserable", dijo Gudgeon. "Y los niños mayores decían: 'Mamá, no puedo escuchar a mi profesor'. No hay mucho espacio en la casa cuando tienes un bebé llorando".
Esperaba que le diera una receta por teléfono, ya que el doctor había atendido a Bryce unos días antes en una visita de rutina. El doctor había notado un enrojecimiento en un oído pero optó por posponer el tratamiento.
Para sorpresa de Gudgeon, eso no fue lo que pasó. En cambio, cuando llamó, su hijo fue referido a cuidados urgentes, una práctica que se ha convertido en algo común para el Edward Medical Group, que incluía a su médico de cabecera y a más de otros 100 médicos afiliados a la atención urgente local y a las instalaciones hospitalarias. Debido a la preocupación por la transmisión del coronavirus, el grupo depende ahora en general de las visitas virtuales de los enfermos, pero a menudo remite a los bebés y niños a cuidados urgentes para que los atiendan en persona.
"Debemos tener en cuenta el riesgo de exponer a los pacientes, el personal y los visitantes enfermos crónicos y sanos en los consultorios, las zonas de espera o los espacios públicos", dijo Adam Schriedel, director médico y médico internista en ejercicio del grupo.
La experiencia de Gudgeon no es inusual. A medida que los médicos y los consultorios médicos de todo el país navegan por una nueva normalidad con el COVID-19 repuntando de nuevo, algunos confían en los centros de atención urgente y en los departamentos de emergencia para atender a los pacientes enfermos, incluso a aquellos con dolencias menores.
Esta política es preocupante para el doctor Arthur "Tim" Garson Jr., un profesor clínico de la Facultad de Medicina de la University of Houston que estudia la salud comunitaria y los problemas de gestión médica. "Es responsabilidad de la práctica cuidar de los pacientes", señaló Garson. Le preocupan los pacientes que no pueden hacer visitas por video si no tienen un teléfono inteligente o acceso a internet, o simplemente no se sienten cómodos usando esa tecnología.
Garson apoya los protocolos para proteger al personal y a los pacientes, incluyendo en algunos casos las remisiones a cuidados urgentes. En esos casos, los consultorios deben asegurarse de que sus pacientes sean remitidos a buenos proveedores, indicó. Por ejemplo, los niños deben ser atendidos por centros de atención urgente con especialistas en pediatría.
Las remisiones para niños se han vuelto tan frecuentes que la American Academy of Pediatrics publicó una guía provisional sobre cómo los consultorios pueden atender a los pacientes de forma segura, en un esfuerzo por promover la atención centrada en el paciente y aliviar la presión sobre otros centros médicos a medida que se acerca el pico de la temporada de influenza. La academia recomendó que los pediatras se esfuercen "en proporcionar atención para la misma variedad de visitas que proporcionaban antes de la emergencia de salud pública".
La academia expresa su preocupación por las consecuencias imprevistas de las remisiones, como la fragmentación de la atención y la mayor exposición a otras enfermedades, ambas causadas por los pacientes que acuden a múltiples proveedores; los mayores gastos del bolsillo de las familias; y una carga injusta que se traslada al sistema de atención de urgencia a medida que las enfermedades aumentan.
"Creo que todo esto está siendo impulsado por el miedo, sin saber realmente cómo hacer esto de manera segura, y sin pensar realmente en todos los tipos de consecuencias que van a presentarse a medida que la influenza y otras enfermedades respiratorias aumenten en este otoño e invierno", señaló la doctora Susan Kressly, quien recientemente se retiró de su práctica en Warrington, Pensilvania, y es autora de la guía de la AAP.
El miedo no es infundado. Más de 900 trabajadores de la salud (20 de ellos pediatras y enfermeros pediátricos) han muerto a causa de COVID-19, según una base de datos de KHN-Guardian de trabajadores de la salud de primera fila perdidos ante el coronavirus.
Para el Edward Medical Group, las remisiones son una forma segura de tratar a los pacientes utilizando todos los recursos de su sistema médico, señaló Schriedel.
"Podemos asegurar a los pacientes, independientemente del COVID-19, que tenemos múltiples opciones para proporcionar la atención y los servicios que necesitan", dijo.
Además de las remisiones de atención urgente y las visitas virtuales, los médicos han recibido directrices sobre cómo atender con seguridad a los pacientes enfermos. Eso puede significar solicitar una prueba de COVID negativa antes de una visita al médico o hacer que el personal acompañe a un paciente enfermo desde el coche directamente a una sala de examen. Además, se está llevando a cabo un programa piloto con consultorios designados que reciben a los pacientes con una enfermedad respiratoria que pudiera ser influenza o COVID-19.
Es un acto de equilibrio con algunos riesgos. En agosto, amigos enviaron a Kressly capturas de pantalla de los tableros de mensajes en línea de los padres de estados como Texas, Indiana y Florida que estaban viendo un pico de verano en los casos de COVID-19. Las madres se sentían abandonadas por sus pediatras porque las enviaban a los servicios de urgencias. Kressly teme que algunos pacientes caigan en el olvido si son atendidos por varios proveedores diferentes y no tienen una continuidad de la atención.
Además, está el gasto. El caso de Bryce es un buen ejemplo. Gudgeon lo llevó a regañadientes a un centro de atención urgente, preocupada por la exposición y frustrada porque sintió que su médico conocía mejor a Bryce. Su examen incluyó una prueba de COVID. "Apenas le miraron los oídos, y nos fuimos a casa a esperar los resultados", dijo, y no recibió ningún medicamento para darle a Bryce. Al día siguiente, dio negativo y seguía estando enfermo.
Los centros de atención de urgencia de todo el país están informando sobre un mayor número de pacientes, comentó el doctor Franz Ritucci, presidente de la American Board of Urgent Care Medicine. Su clínica en Orlando, Florida, está atendiendo al doble de pacientes, tanto niños como adultos, que en esta época del año pasado.
"En la atención de urgencia, estamos viendo a todos los que llegan, estén o no enfermos de COVID", declaró.
Mientras tanto, las salas de emergencias están atendiendo a muchos menos pacientes pediátricos que de costumbre, dijo Alfred Sacchetti, vocero del American College of Emergency Physicians y director de servicios clínicos del Virtua Our Lady of Lourdes Emergency Department en Camden, Nueva Jersey. Aunque las visitas a urgencias de adultos han vuelto en gran medida a los niveles anteriores al COVID, las visitas pediátricas son entre un 30 y un 40 por ciento más bajas, indicó. Sacchetti sospecha que hay varios factores en juego, incluyendo menos niños en la guardería y en la escuela con menos oportunidades de propagar enfermedades y personas que evitan las salas de emergencias por miedo al coronavirus.
"Ves a los padres mirando alrededor del departamento y si alguien se aclara la garganta, puedes ver la preocupación en sus ojos", comentó Sacchetti. "Les aseguramos" que las precauciones que se toman en los hospitales ayudarán a mantenerlos seguros, agregó.
Gudgeon consideró la posibilidad de llevar a Bryce a una sala de emergencias, pero se sentía cada vez más incómoda tanto con la idea de exponerlo a otro centro de atención médica como con el costo. Al final, llamó a un médico de otro estado al que había visto a menudo años antes de mudarse a Illinois. Ese médico le recetó un antibiótico y Bryce mejoró rápidamente, relató.
"Solo deseo que no hubiera tenido que sufrir tanto tiempo", añadió Gudgeon.
Kressly espera que los médicos se vuelvan más creativos en la búsqueda de formas de proporcionar atención directa. Le gusta el enfoque del "queso suizo", que consiste en aplicar varias soluciones imperfectas para ver a los pacientes y ofrecerles protección contra el COVID-19: la detección de síntomas antes de que el paciente entre, la exigencia de que todos lleven tapabocas, la posibilidad de que un solo cuidador acompañe a un niño enfermo y la oferta de visitas en estacionamientos para los niños enfermos en coches.
Lo más importante es la buena comunicación, declara Kressly. Eso no solo ayuda al paciente, sino que también puede ayudar a proteger al médico de pacientes que no quieran admitir que tienen síntomas de COVID.
"No podemos crear esta barrera para el cuidado de enfermedades agudas sin complicaciones", dijo Kressly. "Esto no es temporal. Todos tenemos que descubrir creativamente cómo conectar a los pacientes y sus familias con el cuidado adecuado en el lugar y el momento adecuados".
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