Mientras los hospitales de Los Ángeles dan cifras récord de oxígeno a los pacientes de COVID-19, los sistemas y equipos necesarios para suministrar el gas de mantenimiento de la vida están escaseando.
La situación es tan mala que funcionarios del Condado de Los Ángeles están advirtiendo a los paramédicos que lo conserven. Algunos hospitales están teniendo que retrasar el dar de alta a pacientes ya que no tienen suficientes equipos de oxígeno para enviarlos a casa con ellos.
"Todo el mundo está preocupado por lo que va a pasar en la próxima semana más o menos", dijo Cathy Chidester, directora de L.A. County Emergency Medical Services Agency.
El oxígeno, que constituye el 21 por ciento del aire de la Tierra, no escasea. Pero el COVID-19 daña los pulmones, y la multitud de pacientes en puntos de riesgo como Los Ángeles, la Nación Navajo, El Paso, Texas, y en Nueva York la primavera pasada han necesitado altas concentraciones del mismo. Eso ha ejercido presión sobre la infraestructura para dotar del gas a los hospitales y a sus pacientes.
La tensión en esas áreas es causada por múltiples eslabones débiles en la cadena de suministro durante la pandemia. En algunos hospitales que conducen mediante tuberías el oxígeno a las habitaciones de los pacientes, el enorme volumen de oxígeno líquido frío está congelando el equipo necesario para suministrarlo, lo que puede bloquear el sistema.
"Se puede cerrar completamente, literalmente completamente, todo el suministro del hospital si eso ocurre", comentó Rich Branson, terapeuta respiratorio de la University of Cincinnati y editor en jefe de la revista especializada Respiratory Care.
También hay presión sobre la disponibilidad tanto de los cilindros portátiles que contienen oxígeno como de los concentradores que extraen el oxígeno del aire. Y, en algunos casos, los proveedores que suministran el oxígeno han luchado para dotar de suficiente gas a los hospitales. Incluso las cánulas nasales, los tubos utilizados para suministrar el oxígeno, se están agotando.
"Ha sido una locura", dijo Esteban Trejo, gerente general de Syoxsa, un distribuidor de gas industrial y médico con sede en El Paso. Él provee de oxígeno a varios hospitales temporales establecidos específicamente para tratar a personas con COVID-19.
En noviembre, dijo, estaba respondiendo llamadas en medio de la noche de contratistas preocupados por el suministro de oxígeno. En un momento dado, cuando el proveedor habitual de la empresa se vino abajo, estuvieron transportando oxígeno desde Houston, que es un viaje de más de 10 horas en coche en cada dirección.
Branson ha estado haciendo sonar la alarma sobre las limitaciones logísticas en los cuidados intensivos desde la pandemia del SARS hace casi 20 años, cuando él y otros sondearon a los expertos sobre el equipo específico y la infraestructura necesarios durante una futura pandemia. El oxígeno estaba cerca de la parte superior de la lista.
La primavera pasada, Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut se enfrentaron a un desafío similar al que está teniendo lugar ahora en Los Ángeles, dijo Robert Karcher, vicepresidente de servicios de contratos para Acurity, una organización de compras en grupo que trabajó con muchos hospitales durante esa oleada.
Para ocupar menos espacio, el oxígeno se almacena a menudo en forma de líquido a unos 300 grados Fahrenheit bajo cero, casi tan frío como la superficie de Neptuno. Pero a medida que los pacientes de COVID-19 que llenaban las UCI recibían oxígeno a través de ventiladores o tubos nasales, algunos hospitales comenzaron a ver que se formaba hielo sobre el equipo que convierte el oxígeno líquido en gas.
Cuando un hospital extrae cada vez más oxígeno líquido de esos tanques, el líquido súper frío puede filtrarse más allá de los serpentines de vaporización donde el oxígeno líquido se convierte en gas.
Branson dijo que un poco de hielo es normal, pero mucho hielo puede hacer que las válvulas del dispositivo se congelen, y el hielo puede restringir el flujo de aire en las tuberías que envían el oxígeno a las habitaciones de los pacientes, dijo Karcher. Para combatir esto, los hospitales pudieran cambiar a un vaporizador de reserva, si lo tuvieran, lavar con manguera los vaporizadores de hielo o cambiar a los pacientes a oxígeno suministrado por cilindros. Pero eso ejerce una tensión adicional en el suministro de oxígeno en cilindros de los hospitales, así como en el proveedor de gases médicos, comentó Karcher.
Los hospitales de Nueva York comenzaron a entrar en pánico en la primavera porque el hielo del vaporizador era mucho mayor que el que habían visto antes, agregó. La situación era tan mala, dijo, que a algunos hospitales les preocupaba tener que cerrar sus UCI.
"Pensaron que estaban en peligro inminente de que se cerraran las tuberías de sus tanques", señaló. "Estuvimos muy cerca en un par de nuestros hospitales. Fueron unas semanas difíciles".
La tensión sobre la infraestructura de atención médica de Los Ángeles pudiera ser peor dado el tratamiento ahora común de suministrar oxígeno a los pacientes usando cánulas nasales de alto flujo. Eso requiere que se bombee más del gas a un ritmo mayor que con los ventiladores.
"No conozco ningún sistema que esté realmente preparado para triplicar el volumen de pacientes, o 10 veces el suministro de oxígeno", señaló Chidester de los hospitales del Condado de Los Ángeles. "Están teniendo dificultades para mantenerse al día".
En Los Ángeles y sus alrededores, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército ha inspeccionado hasta ahora 11 hospitales por problemas de congelación de los tubos de oxígeno. Los hospitales son una combinación de instalaciones viejas y hospitales suburbanos más pequeños que ven una demanda demasiado alta en medio del exorbitante número de casos en el área, dijo Mike Petersen, un vocero del Cuerpo.
Uno de los peores ejemplos que vio incluyó tuberías que ya tenían escarcha.
El problema se agrava en los hospitales que han tenido que convertir las habitaciones normales de los hospitales en unidades de cuidados intensivos. Las tuberías de las UCI son más grandes que las que se dirigen a otras partes del hospital. Cuando las habitaciones se vuelven a utilizar como UCI emergentes, las tuberías pueden ser simplemente demasiado estrechas para suministrar el oxígeno que los pacientes de COVID-19 necesitan. Y así, dijo Chidester, los hospitales cambian a grandes cilindros de oxígeno, pero los proveedores tienen dificultades para rellenarlos con la suficiente rapidez.
Incluso los cilindros más pequeños y los concentradores de oxígeno escasean en medio del aumento, señaló. Los pacientes que pudieran ser enviados a casa con un tanque de oxígeno se quedan atascados en un hospital esperando uno, ocupando una cama muy necesaria.
A principios de diciembre, los médicos de la Nación Navajo dijeron que necesitaban más de todo: el oxígeno en sí y el equipo para suministrar el oxígeno a los pacientes tanto en el hospital como en casa.
"Nunca habíamos alcanzado la capacidad antes, hasta ahora", dijo la doctora Loretta Christensen, jefa médica del Navajo Area Indian Health Service, a mediados de diciembre. Sus hospitales atienden a una población de pacientes del suroeste de Estados Unidos que se extiende en un área mayor que la de Virginia Occidental.
Los edificios están envejeciendo y no están construidos para albergar a un gran número de pacientes críticos, agregó Christensen. A medida que el número de pacientes con alto flujo de oxígeno aumentaba, varias instalaciones comenzaron a notar que su flujo de oxígeno se debilitaba. Pensaron que algo estaba averiado, pero cuando los ingenieros echaron un vistazo, dijo Christensen, quedó claro que el sistema no era capaz de proporcionar la cantidad de oxígeno de alto flujo que los pacientes necesitaban.
Dijo que un hospital en Gallup, Nuevo México, puso nuevos filtros para maximizar el flujo de oxígeno. Tras los retrasos causados por la nieve, un hospital que da servicio a la parte norte de la Nación Navajo consiguió conectar un segundo tanque de oxígeno para aumentar la capacidad.
Pero las instalaciones médicas de la zona siempre están un poco al límite.
"Honestamente, nos preocupamos mucho por el suministro aquí porque (y yo lo llamo ruralidad extrema) simplemente no puedes conseguir algo para mañana", señaló Christensen. "No es como estar en una zona urbana donde puedes decir: 'Oh, necesito esto ahora mismo'".
Debido al tamaño pequeño de algunos hospitales y la dificultad de llegar a algunos de ellos, comentó Christensen, las instalaciones Navajo no son atractivas para los grandes vendedores, por lo que dependen de los vendedores locales, que pueden ser más vulnerables a los estragos de las cadenas de suministro.
El Tséhootsooí Medical Center en Fort Defiance, Arizona, a veces ha tenido que mantener a los pacientes en el hospital y transferir a los pacientes que llegan a otras instalaciones porque no pudieron conseguir los tanques de oxígeno necesarios para enviar a los pacientes en recuperación a casa.
Tina James-Tafoya, comandante de incidentes relacionados con el COVID-19 en el Consejo del Fort Defiance Indian Hospital, que dirige el centro, explicó que el oxígeno en casa está fuera de cuestión para algunos pacientes. Los concentradores de oxígeno requieren electricidad, la cual algunos pacientes no tienen. Y para los pacientes que viven en chozas, que a menudo se calientan con una estufa de leña, el uso de tanques de oxígeno es un peligro.
"Es muy interesante y revelador para mí ver que algo que parece tan simple como el oxígeno tiene tantas cosas diferentes vnculadas a él que impiden que llegue al paciente", subrayó.