En marzo, justo cuando la ansiedad por el COVID-19 comenzó a extenderse por Estados Unidos, Erinn Baldeschwiler de La Conner, Washington, se encontró enfrentando su propio temor privado.
Con solo 48 años y madre de dos adolescentes, Baldeschwiler fue diagnosticada con cáncer de mama metastásico en fase cuatro después de descubrir un pequeño bulto (no más grande que un chícharo) en su pecho. A las pocas semanas, era del tamaño de una pelota de golf, caliente y roja. Los médicos le dieron dos años de vida.
"Es desgarrador", comentó. "Francamente, estaba aterrorizada".
Pero en lugar de dejarse tumbar, Baldeschwiler está vertiendo energía en un nuevo esfuerzo para ayudar a los pacientes moribundos a tener acceso legal a la psilocibina (el compuesto que altera la mente y que se encuentra en los llamados hongos mágicos) para aliviar su dolor psíquico.
"Personalmente he luchado contra la depresión, la ansiedad y la ira", reveló Baldeschwiler. "Esta terapia está diseñada para sumergirse y liberar estos miedos y sombras negativas".
El doctor Sunil Aggarwal, médico de cuidados paliativos de Seattle, y Kathryn Tucker, abogada que defiende a pacientes con enfermedades terminales y preside un grupo de práctica psicodélica en Emerge Law Group, están defendiendo una estrategia novedosa que haría que la psilocibina esté disponible usando leyes estatales y federales de "derecho a prueba" que permiten que los pacientes con enfermedades terminales tengan acceso a medicamentos en investigación.
Sostienen que la psilocibina (ya sea que se encuentre en hongos psicodélicos o en copias sintéticas) cumple con los criterios de uso establecidos por más de 40 estados y con la Right to Try Act de 2017 aprobada por la administración de Trump.
"¿Puedes leer el estatuto y ver por sus términos que aplica a la psilocibina?", preguntó Tucker. "Creo que la respuesta es sí".
Aun así, la pareja admite que están impulsando una teoría legal aún no probada en los tribunales. "Este es un terreno inexplorado", dijo Aggarwal.
Este mes, Aggarwal, que trabaja en el Advanced Integrative Medical Science Institute, conocido como AIMS, dio el primer paso hacia la autorización federal de la sustancia en el estado de Washington y tal vez en todo el país. Presentó una solicitud para fabricar psilocibina a la Comisión de Control de Calidad de Farmacias del estado, lo que le permitiría cultivar hongos de psilocibina a partir de esporas en su clínica y administrarlos para uso terapéutico.
Los miembros de la Comisión aún no han revisado la solicitud, pero Gordon MacCracken, portavoz de la agencia, comentó que "habría un camino" para una posible licencia y uso, si la solicitud cumple con los requisitos de los reguladores estatales y la Drug Enforcement Administration.
Actualmente, el uso de la psilocibina es ilegal según la ley federal, clasificada como droga de Lista 1 en virtud de la U.S. Controlled Substances Act, que se aplica a los productos químicos y las sustancias sin uso médico aceptado y con un alto potencial de abuso, como la heroína y el LSD.
Sin embargo, recientemente varias ciudades y estados de Estados Unidos han votado a favor de la despenalización de la posesión de pequeñas cantidades de psilocibina. Este mes, Oregón se convirtió en el primer estado que legalizó la psilocibina para su uso regulado en el tratamiento de problemas de salud mental intratables. Los primeros pacientes tendrán acceso a partir de enero de 2023.
Forma parte de un movimiento más amplio para reavivar la aceptación de la psilocibina, que figuraba entre las drogas psicodélicas vilipendiadas (y finalmente prohibidas) tras los legendarios excesos de la contracultura de los decenios de 1960 y 1970.
"Creo que muchos de esos demonios, esos miedos, se han metabolizado en los 50 años transcurridos desde entonces", comentó Aggarwal. "No completamente, pero lo hemos hecho avanzar para que sea seguro intentarlo de nuevo".
Señala un creciente conjunto de evidencias que encuentran que la psilocibina puede tener efectos significativos y duraderos en la angustia psicológica. El Johns Hopkins Center for Psychedelic and Consciousness Research, lanzado este año, ha publicado docenas de estudios revisados por pares basados en dos décadas de investigación. Incluyen estudios que confirman que la psilocibina ayudó a los pacientes a lidiar con un trastorno depresivo mayor, pensamientos suicidas y repercusiones emocionales de un diagnóstico de cáncer.
La terapia con psilocibina parece funcionar alterando químicamente la función cerebral de manera que afecta temporalmente al ego de la persona, o al sentido de sí mismo. En esencia, juega con las experiencias extracorporales que se hicieron famosas en las representaciones de los años 60 psicodélicos de Estados Unidos.
Al salir de su cabeza (y separarse de todo el miedo y la emoción que rodea a la muerte), la gente experimenta el "ser" como algo distinto de sus formas físicas. Eso lleva a un cambio fundamental de perspectiva, explica el doctor Ira Byock, especialista en cuidados paliativos y funcionario médico del Institute for Human Caring at Providence St. Joseph Health.
"Lo que hacen los psicodélicos es fomentar un cambio de marco para pasar de sentirse indefensos y desesperanzados y de que la vida no vale la pena vivirla a ver que estamos conectados con otras personas y estamos conectados con un universo que tiene una conexión inherente", señaló.
"Junto con ese cambio de perspectiva, hay muy comúnmente una notable disolución del miedo a morir, a la inexistencia y a la pérdida, y eso es simplemente notable".
La clave es ofrecer las drogas bajo condiciones controladas, en una habitación tranquila supervisada por un guía entrenado, comentó Byock. "Resultó que son extremadamente seguras cuando se usan en una situación cuidadosamente revisada y guiada con terapeutas entrenados", dijo. "Casi lo contrario es cierto cuando se usan en una población no preparada y no examinada".
Baldeschwiler es uno de los varios pacientes de cáncer de AIMS que desean someterse a la terapia de psilocibina. Otra es Michal Bloom, de 64 años, de Seattle, a quien se le diagnosticó en 2017 un cáncer de ovario en fase tres. La ansiedad de vivir con la enfermedad terminal es abrumadora, comentó.
"Es como si alguien se acercara a ti, te pusiera una pistola en la nuca y te susurrara: 'Tengo una pistola en tu cabeza y la dejaré ahí por el resto de tu vida. Puede que apriete el gatillo, puede que no’", dijo. "¿Cómo puedes vivir así?"
La investigación muestra que una sola sesión de seis horas de terapia de psilocibina puede ser suficiente para calmar ese miedo, mencionó Aggarwal. "Estoy realmente interesado en un enfoque de derecho a prueba porque es realmente lo que necesitamos para los pacientes en este momento", señaló.
Según las leyes estatales y federales, para ser elegible para el estatus de "derecho a prueba", un tratamiento debe haber completado la fase uno de un ensayo clínico aprobado por la Food and Drug Administration (FDA), ser parte de ensayos clínicos activos y estar en desarrollo o en producción continua.
Hasta ahora, la psilocibina marca todas esas casillas, señaló Tucker.
La FDA ha concedido el estatus de "terapia de avance" a la psilocibina para su uso en los ensayos clínicos estadounidenses realizados por Compass Pathways, un grupo de investigación psicodélica en Gran Bretaña, y por el Usona Institute, un grupo de investigación médica sin fines de lucro en Wisconsin. Más de tres docenas de ensayos están reclutando participantes o han sido completados, según muestran los registros federales.
Pero el acceso a la droga sigue siendo un obstáculo. Aunque los hongos psicodélicos crecen de forma silvestre en el noroeste del Pacífico y se dispone de fuentes subterráneas de la droga, encontrar un suministro legal es casi imposible.
Tucker y Aggarwal pidieron a Usona el verano pasado un suministro de la psilocibina sintética que sus investigadores producen para los ensayos clínicos, pero hasta ahora no han recibido nada. Penny Patterson, portavoz de Usona, indicó que no ha habido una "resolución definitiva" y que las conversaciones continúan.
La renuencia de la empresa puede reflejar una mayor inquietud en cuanto al empleo de las leyes de derecho a prueba para acelerar el uso de la psilocibina, dijo el doctor Anthony Back, médico de cuidados paliativos de la University of Washington.
Back apoya el uso de la psilocibina para los pacientes de cáncer e incluso ha probado la droga para entender mejor la experiencia. Pero dijo que el uso de la psilocibina fuera de los ensayos clínicos formales podría poner en peligro la capacidad de Usona para obtener la aprobación tradicional de la FDA. Pueden ocurrir eventos adversos que tendrán que ser reportados a la FDA, una agencia que ya está cuidando la investigación de cerca.
"Puedo ver por qué dudan, para ser honesto", dijo Back. "Creo que el derecho a intentarlo es una batalla cuesta arriba".
Aun así, Tucker y otros activistas afirman que es una batalla que vale la pena librar. End of Life Washington, un grupo enfocado en ayudar a los pacientes con enfermedades terminales a usar la Death With Dignity Act del estado, publicó recientemente una política que apoya la terapia de psilocibina como una forma de cuidado paliativo. Otros tratamientos para la ansiedad y la depresión, como la medicación y la asesoría, pueden simplemente no ser prácticos o efectivos en ese momento, comenta Judith Gordon, psicóloga y miembro de la junta directiva del grupo.
"Cuando la gente se está muriendo, no tiene el tiempo ni la energía para hacer mucha psicoterapia", reveló.
Baldeschwiler está de acuerdo. Con menos de dos años de vida, quiere tener acceso a cualquier herramienta que pueda aliviar su dolor. La inmunoterapia ha ayudado con los síntomas físicos, reduciendo dramáticamente el tamaño del tumor en su pecho. Más difícil de tratar ha sido la angustiosa ansiedad de no ver a su hija de 16 años, Shea McGinnis, y a su hijo de 13 años, Gibson McGinnis, convertirse en adultos.
"Son niños hermosos, buenos espíritus", dijo. "Saber que yo podría no estar cerca de ellos apesta. Es muy difícil".
———
©2020 Kaiser Health News
Visit Kaiser Health News at www.khn.org
Distributed by Tribune Content Agency, LLC.