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Caitlin Dewey

Más estadounidenses pueden usar cupones de alimentos para restaurantes y comidas preparadas

Rhona Reiss, una residente en Maryland, empezó a denunciar las lagunas del programa de cupones de alimentos el día en que se enteró que no cubriría el pollo rostizado. Según la política federal vigente, los beneficios no pueden usarse para comprar alimentos calientes o preparados, ni siquiera para adultos mayores como Reiss, que tiene 77 años.

Pero esta política está cambiando en Maryland y en otros estados del país. En los dos últimos años, seis estados han optado por un programa federal poco utilizado que permite a los adultos mayores utilizar sus beneficios de alimentos en comidas seleccionadas y de bajo costo en restaurantes.

El Restaurant Meals Program, como se conoce, también cubre a las personas con discapacidades y a las personas que no tienen hogar. El programa está más extendido en California y Arizona, mientras que algunos de los nuevos participantes, como Maryland e Illinois, se encuentran en etapa de reestructuración de sus operaciones.

Expertos y defensores en nutrición afirman que el repentino crecimiento del programa forma parte de un esfuerzo mayor para ampliar el acceso al Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria, conocido como SNAP, durante la pandemia, así como de un tardío reconocimiento a la cocina casera y a la ayuda federal a la nutrición. La política estadounidense contra el hambre ha asumido durante mucho tiempo que la mejor manera de alimentar a las personas con hambre es animarlas a cocinar por su cuenta.

Pero un creciente contingente de defensores y académicos advierten que muchos estadounidenses ya no tienen el tiempo, habilidades, recursos o capacidad física para preparar el tipo de recetas que los legisladores previeron con el lanzamiento del programa de asistencia nutricional, el cual distribuyó en el 2021 un total de 108 mil millones de dólares en beneficios. Reiss, que actualmente trabaja como voluntaria en el Consejo de Alimentos del Condado de Montgomery, en Maryland, rindió testimonio ante la legislatura estatal mencionando a amigos que padecen artritis demasiado severa como para sostener un cuchillo, y de conocidos cuyos hogares carecen de cocinas completas y funcionales.

"Ignoramos el hecho de que hay poblaciones que no tienen los medios para preparar o almacenar alimentos", dijo Mohammed Aly, director ejecutivo de la Coalición para el Alivio de la Pobreza del Condado de Orange, que luchó por ampliar el programa Restaurant Meals en California, "y que, literalmente, los más pobres y los más discapacitados de entre nosotros están completamente excluidos de nuestro programa nacional de asistencia contra el hambre".

"El hecho de que sólo un puñado de estados hayan escuchado hablar de este programa o lo hayan implementado de alguna manera, es algo que debe cambiar absolutamente".

Sin embargo, el programa Restaurant Meals se ha enfrentado a retos y oposición en varios estados, a menudo por la nutrición y los costos de las comidas que ofrece. El programa ha generado una gran controversia por permitir a los participantes comer en cadenas de comida rápida.

Además, algunos estados han tenido dificultades para ponerlo en práctica, ya que han sido menos los restaurantes que han decidido participar de lo que esperaban sus defensores. Illinois, por ejemplo, aprobó la legislación hace dos años, pero aún no ha puesto en marcha el programa.

"Sólo hay que entender que esto permitirá a las personas que reciben cupones de alimentos, con la intención de que puedan ir a la tienda de abarrotes y comprar los suministros necesarios para la familia, ahora ir a un restaurante y hacer lo mismo", dijo Robert Orrock, representante republicano estatal de Virginia, durante un debate en el pleno de enero de 2020. "Esto ahora diluye aún más el dinero que reciben para permitirles ir a un restaurante y obtener menos comida por más dinero".

Antes del reciente aumento del interés en torno al Restaurant Meals, el programa se había reducido durante casi dos décadas: de los 19 estados que lo aplicaban en 2003 se redujo a solo cuatro en el 2018. Pocos estados han hecho públicas sus razones para dejar el programa, que sigue siendo oscuro incluso dentro de la burocracia federal de la asistencia social. Un ex funcionario del Departamento de Agricultura de Estados Unidos describió el programa Restaurant Meals como un "pequeño y aleatorio hijastro", una opción que fue bajada por muchos departamentos de bienestar social de sus prioridades u olvidado desde que estuvo disponible en 1978.

Sin embargo, los defensores y los responsables políticos de todo el país atribuyen a California el mérito de renovar el interés hacia el Restaurant Meals. Desde principios de la década de 2000, 11 condados de California han optado por aplicar el programa, a menudo estimulados por una crisis de personas sin hogar que socavó los métodos tradicionales de asistencia alimentaria.

Los comedores de beneficencia y las despensas se esforzaron por seguir el ritmo de los crecientes campamentos en lugares como Fresno y Los Ángeles. Las personas sin hogar, por su parte, no tenían una forma segura de almacenar sus alimentos y mucho menos de cocinarlos.

"Hemos estado escuchando preguntas razonables como: '¿por qué puedo comprar una pizza congelada, pero no una caliente?' '¿por qué puedo comprar pollo crudo, pero no rostizado?'", planteó Michael J. Wilson, el director de Maryland Hunger Solutions, que miró a California cuando comenzó su defensa del programa. "Y eso nos ha obligado a reexaminar. ... qué programas existen para abordar estos problemas. Eso suele llevar a Restaurant Meals".

Seis estados -Arizona, California, Maryland, Michigan, Rhode Island y Virginia- permiten ahora que algunos usuarios de SNAP coman en restaurantes, e Illinois y Nueva York han aprobado leyes que dirigen a sus agencias de servicios sociales a solicitar el programa. En 2019, la legislatura de California también aprobó una medida que amplió el Restaurant Meals a nivel estatal, que incluyó condados pequeños y rurales que no participaban previamente.

Si bien la legislación del programa se ha aprobado frecuentemente con base en líneas partidistas, existen notables excepciones: California aprobó su proyecto de ley por unanimidad, y en Illinois, el líder republicano del Senado, Dan McConchie, se pronunció a favor del programa, citando la dificultad personal a la que se enfrenta para preparar comidas en una silla de ruedas.

"Siempre buscamos formas de maximizar los beneficios del SNAP para nuestros electores, muchos de los cuales son discapacitados o personas mayores", dijo la asambleísta de Nueva York Karines Reyes, una demócrata que patrocinó la legislación de ese estado y quien representa al Bronx. "El Restaurant Meals ya es un programa federal y se ha puesto a prueba en varios estados, por lo que era la forma perfecta de hacerlo".

Para unirse a Restaurant Meals, los estados deben demostrar primero al Departamento de Agricultura de EU que algunos residentes con grandes necesidades no están bien atendidos por las prestaciones alimentarias tradicionales. A continuación, el programa permite a los miembros de tres poblaciones objetivo –adultos mayores de 60 años, personas con discapacidad y personas sin hogar, además de sus cónyuges– comer en restaurantes de bajo costo certificados por el Estado, a menudo cadenas como Subway y McDonald's.

Los organismos de bienestar social del estado o del condado deben exigir que los restaurantes participantes ofrezcan comidas con descuento a los participantes. También pueden exigir que los restaurantes cumplan ciertas normas de nutrición o que incluyan una zona de asientos en el interior, lo que permite socializar y tener baños limpios a personas que de otro modo no tendrían acceso. Para muchos de los participantes, el programa es "una fuente de dignidad", además de comida, dijo Andrew Cheyne, director de asuntos de gobierno de la California Association of Food Banks.

Sólo en el condado de Los Ángeles, participan más de mil 500 restaurantes y 155 mil hogares.

"Conozco todo el menú de todos estos lugares", dijo un adulto mayor de California, que pidió omitir su nombre debido al estigma asociado con los cupones de alimentos. "Pido las ensaladas de Subway. Pido los desayunos de 2 dólares de Burger King. Te ayuda a salir adelante, de verdad, es un salvavidas".

En 2011, el programa fue parte de un pequeño escándalo cuando USA Today informó de que la empresa que está detrás de Pizza Hut, Taco Bell y KFC estaba presionando para una expansión nacional. Varios expertos en política alimentaria de alto nivel, entre ellos Marion Nestle, de la Universidad de Nueva York, criticaron rápidamente el programa por considerarlo una dádiva para las empresas de comida rápida. El estado de Michigan, al citar preocupaciones sobre la mala nutrición, eliminó su programa en 2013. California también consideró suprimirlo.

Más recientemente, cuando el programa se presentó ante la Asamblea del Estado de Nueva York, los escépticos cuestionaron tanto la salubridad como el costo relativo de las comidas de los restaurantes, dijo Reyes, el representante estatal. Los críticos de Illinois y Virginia también han argumentado que los niveles actuales de las prestaciones no cubrirán el mayor costo de las comidas en restaurantes, creando más problemas tanto para los beneficiarios como para el sistema de bienestar.

El proyecto de ley de Nueva York aseguró el apoyo tanto de demócratas como de republicanos, ayudado en parte por el argumento adicional, propio de la época de la pandemia, de que a los restaurantes en dificultades les vendría bien una inyección de dinero.

"Los diálogos han sido desafortunados", dijo Jessica Bartholow, quien durante años abogó por ampliar el programa Restaurant Meals de California antes de convertirse en jefa de personal de la senadora estatal demócrata Nancy Skinner. "¿Qué comida van a recibir? ¿Es saludable? ¿Los contribuyentes están pagando por esto? El diálogo socava por completo el panorama más amplio, el cual es que algunas personas no pueden prepararse la comida por sí mismas".

Algunas agencias estatales también han dudado a la hora de adoptar el programa con el argumento de que es difícil de administrar. En muchos lugares, dar de alta a los restaurantes es un largo proceso burocrático, que requiere que los establecimientos rellenen múltiples solicitudes y compren equipos para procesar las tarjetas del SNAP. Las agencias también deben actualizar o adaptar sus sistemas de gestión de casos para distinguir a los usuarios mayores, discapacitados y sin hogar que reúnen los requisitos.

En Illinois, donde la legislatura estatal votó a favor de la opción de Restaurant Meals hace dos años, el programa todavía está luchando por reclutar suficientes restaurantes para un piloto que cubre cuatro códigos postales, dijo Sophie Milam, vicepresidenta de políticas del Greater Chicago Food Depository, el banco de alimentos de la ciudad. El retraso ha sorprendido a los defensores, que anteriormente pensaban que conseguir la aprobación federal para el programa supondría su mayor reto. (Un representante del Departamento de Servicios Humanos de Illinois no respondió a una solicitud para discutir el progreso de la implementación).

"Ha quedado claro que la implementación de este programa es algo más que conseguir la aprobación de las políticas", dijo Milam. "Realmente requiere el compromiso de la comunidad sobre el terreno".

Sin embargo, incluso con la aplicación más amplia del programa, muchos activistas estatales de la lucha contra el hambre afirman que ven al Restaurant Meals como el primer paso hacia una revisión más amplia del programa de cupones de alimentos. La mayoría de los beneficiarios todavía no puede gastar sus beneficios en un pollo rostizado o en sopa caliente, ni siquiera en las tiendas de abarrotes, un cambio que requeriría la acción del Congreso, según un portavoz del USDA.

Algunos académicos también argumentan que los montos de los beneficios actuales, incluso después de los aumentos significativos de la pandemia, están desfasados con la forma en que la mayoría de los hogares compran y comen. Un informe de 2018 hecho por economistas del Servicio de Investigación Económica del USDA encontró que los estadounidenses han aumentado drásticamente su consumo de alimentos listos para consumir y de conveniencia, especialmente en los hogares donde todos los adultos trabajan.

En general, sin embargo, las familias se enfrentan a una disyuntiva entre la cantidad de dinero que gastan en comestibles y el tiempo que dedican a preparar las comidas, dijo George Davis, economista de alimentos y salud en Virginia Tech. Comprar alimentos precocinados puede significar menos tiempo y esfuerzo para cocinar, pero también supone una factura de alimentación superior a la que la mayoría de los hogares pueden permitirse con el SNAP.

En un trabajo reciente, Davis y otros investigadores determinaron que el hogar promedio que recibe el SNAP tendría que reasignar casi una cuarta parte de sus horas de trabajo a la cocina para poder cumplir las directrices nutricionales y presupuestarias establecidas por el Departamento de Agricultura.

"Eso sería difícil para cualquier persona, pero es especialmente difícil para las familias de bajos ingresos porque tienen muchas demandas que compiten en su tiempo", dijo Lindsey Smith Taillie, un epidemiólogo de nutrición en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill que ha estudiado la cocina casera y las tendencias de la dieta entre las personas de bajos ingresos. "Si tenemos en cuenta que esta población tiene varios trabajos, cría a sus hijos y se ocupa de los servicios sociales, no hay mucho tiempo para cocinar".

Reiss, la residente de la tercera edad de Maryland, está de acuerdo. Debido a que Maryland todavía está desarrollando su programa Restaurant Meals, todavía no puede acceder a este donde vive, en el condado de Montgomery. Sin embargo, ya está presionando a sus representantes para que incluyan la prohibición más amplia de la comida caliente en el proyecto de ley agrícola federal de 2023, el enorme paquete legislativo de cinco años que rige la política de nutrición.

Ella espera convencer a los funcionarios de Maryland para que una serie de personas de bajos ingresos –no sólo los adultos mayores, los discapacitados o las personas sin hogar– puedan beneficiarse del acceso a algunos tipos de alimentos calientes o preparados.

"El cambio lleva tiempo, y sé que debo que ser paciente", dijo Reiss. "Pero me apasiona ver que estas regulaciones del SNAP cambian para toda la gente que lo necesita".

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