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Michael Ollove

La pandemia devastó la salud mental de los trabajadores de salud pública

Aunque los trabajadores de salud de primera línea han sido celebrados durante la pandemia del COVID-19, muchos otros que trabajan para rastrear el virus, frenar su propagación y ayudar a los estadounidenses a evitar la infección se han visto asediados.

Esos trabajadores de la salud pública han sido vilipendiados por una parte del público y atacados por algunos líderes políticos y figuras de los medios de comunicación. Se les ha despedido o se les ha obligado a abandonar su puesto. Han sido objeto de protestas (algunas en sus propios jardines), así como de insultos, amenazas e incluso, al menos en una ocasión, de burlas racistas.

Todo ello mientras trabajan interminables horas, a veces en funciones desconocidas, para salvar al mayor número posible de personas de un virus que hasta ahora ha matado a más de 614 mil estadounidenses.

"Se instala un sentimiento de impotencia cuando promueves todas estas prácticas, pero parte de la comunidad se siente antagonista ante tus esfuerzos o siente que tienes un motivo oculto", dijo Alison Krompf, comisionada adjunta del Departamento de Salud Mental de Vermont. "Puede hacer que te cuestiones tu sentido de propósito".

Ahora se han puesto de manifiesto los costos de actuar en ese crisol.

Una encuesta a gran escala llevada a cabo por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), publicada el mes pasado, reveló que más de la mitad de las personas que trabajaban en el ámbito de la salud pública a nivel estatal, tribal, local y territorial durante la pandemia informaron de síntomas de al menos un padecimiento de salud mental grave.

Estos trastornos son depresión, ansiedad, pensamientos suicidas y trastorno de estrés postraumático.

Los resultados reflejan los de los trabajadores de salud de primera línea, excepto en un aspecto notable, comentó Carol Rao, epidemióloga de los CDC y autora principal del informe.

"La prevalencia del trastorno de estrés postraumático era entre un 10 y un 20 por ciento mayor entre los trabajadores de la salud pública que entre los trabajadores de salud de primera línea y el público en general", dijo. "Y eso es lo que más nos llamó la atención".

Para muchos trabajadores de la salud pública, los resultados son dolorosos. "Es muy difícil ver a los colegas heridos, menospreciados y agotados", dijo la doctora Ruth Lynfield, epidemióloga estatal de Minnesota y directora médica del Departamento de Salud de Minnesota, así como coautora del informe de los CDC.

La resiliencia del personal de salud pública no es en absoluto intrascendente.

A menos que se aborde el bienestar de estos trabajadores, dijo Amber Williams, vicepresidenta de la Association of State and Territorial Health Officials, "seguiremos obteniendo lo que estamos obteniendo ahora, que es una fuerza de trabajo agotada y una respuesta menos vigorosa a una pandemia".

Señaló que la capacidad del sistema para abordar el problema es cuestionable. "Hay muy poco ancho de banda para hacer los cambios que se necesitan", dijo. Sigue siendo una situación en la que todo el mundo se pone manos a la obra, lo que requiere largas horas y que los trabajadores asuman funciones desconocidas.

Rao dijo que, si bien las conclusiones de alto nivel del informe no eran inesperadas, algunos detalles de los incidentes sí lo eran.

Casi el 12 por ciento de los 26,174 trabajadores de la salud pública encuestados dijo haber recibido amenazas relacionadas con su empleo desde el comienzo de la pandemia. Casi una cuarta parte señaló que se había sentido intimidado, amenazado o acosado como consecuencia de su trabajo.

"Dada la duración de la respuesta a la pandemia, teníamos la sensación de que los trabajadores de la sanidad pública estaban sometidos a una inmensa cantidad de estrés", comentó Rao. "La cantidad de amenazas, acoso e intimidación, esa fue la sorpresa".

En general, según la encuesta de los CDC, realizada a finales de marzo y la primera quincena de abril, el 53 por ciento de los encuestados reportó síntomas de al menos un padecimiento mental adverso en las dos semanas anteriores: El 37 por ciento manifestó síntomas de trastorno de estrés postraumático, mientras que el 32, el 30 y el 8.4 por ciento declaró depresión, ansiedad e ideas suicidas, respectivamente. Los pensamientos suicidas fueron más frecuentes entre los trabajadores menores de 29 años, las personas transgénero o no binarias y los que se identifican como multirraciales. La prevalencia de los síntomas de TEPT fue mayor entre los trabajadores con estudios de postgrado.

Rao dijo que los CDC están analizando más a fondo los resultados y esperan publicar información más detallada, como el tiempo en el trabajo y las funciones laborales.

Mientras que los médicos tratan a un paciente a la vez, el trabajo de los trabajadores de la salud pública es proteger la salud de las poblaciones. Eso significa promover estilos de vida saludables y prevenir enfermedades y lesiones, así como detectar y responder a las enfermedades transmisibles.

Durante muchos años, la salud pública ha carecido de recursos suficientes en Estados Unidos, lo que ha dejado a los trabajadores desbordados y cansados, según muchos de los que trabajan y estudian la salud pública. Una encuesta de 2017 encargada por la Association of State and Territorial Health Officials descubrió que, aunque los trabajadores de la salud pública disfrutaban de altos niveles de satisfacción laboral, casi la mitad de los aproximadamente 48 mil encuestados dijo que planeaba dejar su empleo en los próximos cinco años: el 22 por ciento para jubilarse y el 25 por ciento por otras razones.

Y eso fue antes de que llegara la pandemia.

Según el seguimiento realizado por Associated Press y Kaiser Health News, desde los primeros días de la pandemia, 248 dirigentes de la salud pública local y estatal de 41 estados han dimitido, se han jubilado o han sido despedidos.

Y eso es solo para los funcionarios de alto nivel. Las agencias locales de salud pública han visto un número inusualmente alto de salidas de sus filas durante la pandemia, y esperan que haya más.

"La gente se va a jubilar o a dejar el trabajo tan pronto como pueda recuperar el aliento", dijo Lisa Macon Harrison, directora de los departamentos de salud de los Condados Granville y Vance en Carolina del Norte, y presidenta de la National Association of County and City Health Officials.

El doctor Michael E. Kilkenny, director general y jefe médico del departamento de salud que atiende a los condados Cabell y Huntington, en West Virginia, dijo en una entrevista que su departamento, que suele tener poca rotación de personal, había perdido nueve de los 30 empleados a tiempo completo durante la pandemia. "Se trata de una gran rotación que no habíamos visto antes", dijo. Atribuyó las dimisiones al estrés laboral, a los horarios interminables, al trabajo en funciones desconocidas para satisfacer las necesidades de la crisis y al trato abusivo del público.

Dijo que estaba tratando de vigilar especialmente a los empleados que realizan trabajos de localización de contactos, en los que podrían tener que recomendar a los residentes que han estado expuestos al virus que se pongan en cuarentena.

"Son esas personas las que están siendo maldecidas cinco veces al día, todos los días; esas son las que me preocupan", dijo.

Los horarios han sido implacables, dijo Harrison. "El ritmo de trabajo no disminuye y no ha disminuido durante la mayor parte de los 18 meses, y ahora estamos aumentando de nuevo", dijo, refiriéndose al último repunte impulsado por la variante Delta.

En la encuesta de los CDC, los trabajadores de salud pública que afirmaron no poder ausentarse del trabajo tenían casi el doble de probabilidades que los demás de sufrir problemas de salud mental.

Sin embargo, de los que dijeron que no podían tomarse tiempo libre, menos del 20 por ciento dijo que era porque su empleador no se lo permitía. Es mucho más probable que digan que no se tomaron tiempo libre por sentimientos de culpa, porque no había nadie que les sustituyera o porque les preocupaba la acumulación de trabajo en su ausencia.

Harrison dijo que el exceso de trabajo es un problema común en la salud pública y una de las razones por las que su agencia está tratando de insistir en que los empleados programen tiempo libre. "Estoy diciendo que, como mínimo, todo el mundo tiene que tomarse una semana libre completa, sin correos electrónicos ni llamadas telefónicas, para alejarse de esto durante un minuto", dijo.

Los funcionarios de salud pública afirman que otros factores de la pandemia han pasado factura.

Muchos trabajadores tuvieron que apartarse de sus trabajos y horarios habituales durante los primeros días de la pandemia, y luego tuvieron que esforzarse por encontrar equipos de protección personal, aumentar el rastreo de contactos de las personas infectadas por el virus o ayudar a las personas sin hogar a entrar en cuarentena tras dar positivo.

A menudo esto significó tener que aprender nuevas habilidades o trabajar en equipos desconocidos, dijo Dennis Worsham, director interino de salud pública de Seattle y los alrededores del Condado King, en el estado de Washington. También significó, dijo, ver un retroceso en otras áreas a las que se habían dedicado.

"Nuestras tasas de sífilis son las más altas que he visto nunca", dijo Worsham. "Como tuvimos que trasladar los rastreadores de contacto de las ETS a COVID, las cosas retrocedieron".

Esos retrocesos son difíciles de soportar, dijo Worsham, al igual que la frustración de ver que directivas de salud pública como el uso de tapabocas y la vacunación chocan con la resistencia. Aunque la tasa de vacunación del Condado King, del 67 por ciento, es una de las más altas del estado y casi 20 puntos porcentuales más alta que la media nacional, dijo Worsham, es exasperante para su personal que no sea mayor.

"Aquí tenemos una herramienta que salvará vidas y tenemos 700 mil todavía sin vacunar con 400 mil de ellos elegibles", dijo. "Ahí es donde aparece este cansancio y nos decimos: "¿Qué más podemos hacer?"

Worsham dijo que fortalecer a su personal es una de sus principales prioridades. Pero eso es difícil de abordar, añadió, ya que la pandemia persiste y surgen otras emergencias. "Además del COVID tuvimos esa ola de calor, y la violencia con armas de fuego está descontrolada ahora", indicó.

Y ahora, el recuento de casos de COVID-19 vuelve a aumentar, lo que significa que no hay respiro para el agotado personal de Worsham.

"Nuestra plantilla está sufriendo y, sin embargo, está la variante Delta y tantas otras crisis ahí fuera. ¿Cómo se maneja eso?", preguntó. "No lo sé. Estoy preocupado por ellos. Estoy realmente preocupado por ellos".

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