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Jon Rogers

La juventud mexicana busca solucionar sus vidas mediante el 'social gaming'

Para los jóvenes en la Ciudad de México programar es una manera de conocer gente – y el código es su red social.
Para los jóvenes en la Ciudad de México programar es una manera de conocer gente – y el código es su red social Photograph: CCD

En la primavera del 2014, a Alonso Martín llevó 30 días poner en marcha el juego Heart Forth Alicia, que por medio de Kickstarter recaudó $232,365 dólares y que se ha convertido en un punto de referencia para los programadores a lo largo de la Ciudad de México. Un referente queatrajó a Zura Guerra, programadora de la misma ciudad, a unirse a la sigilosa revolución del social gaming e indie que se está dando en la ciudad.

“Empecé a participar con los programadores generales gracias a Dev F, una escuela de programación,” me contó Guerra cuando nos conocimos en un “hackatón” en junio. “Lo primero que me sorprendió fue la empatía que todos sentían por enseñar lo que sabían; ahí conocí a otras personas y empecé a juntarme con ellas en varios meetups.”

En la Ciudad de México, los jóvenes acuden a espacios de aprendizaje informales como Dev F, cuya filosofía es “más que desarrollar tecnología, desarrollamos personas”, para unirse a los hackatones, meetups, y clubs de código, como parte de su infraestructura social. Aquí, programar es una manera de conocer gente, y el código es su red social.

El hackatón en junio

Pero, el hacer líneas de código, ¿cómo puede ser una actividad social? ¿Seguro esto es para gente repugnante que no sale mucho? Pues bien, el hacer cosas siempre ha sido una actividad social. En la Ciudad de México, la actividad compartida de cocinar es evidente: la gente cocina en grupo, en todas partes. Y el hacer compartido es una actividad social igual de importante.

El equipo de economía creativa del British Council lo sabe. Por eso fui invitado a participar en UKMX, un intercambio cultural entre el Reino Unido y México encabezado por la curadora del museo V&A, Irini Papadimitriou, quien ha dedicado los últimos cinco años a explorar las actividades colaborativas del hacer digital alrededor del mundo.

Nuestro proyecto comenzó con un hackatón colaborativo de dos días en el Centro de Cultura Digital (CCD), una galería y espacio comunitario en el corazón de la Ciudad de México. Con más de 70 participantes, me impresionó, tanto el balance de géneros, como el hecho de que casi todos los presentes eran menores de 30 años.

La energía para el cambio social era palpable en toda la sala. Las conversaciones contrastaban mucho con aquellas que se escuchan en los eventos de los hackatónes británicos, donde las ideas intercambiadas por lo general se basan en celebrar lo que la tecnología es capaz de hacer. En la Ciudad de México, en cambio, se percibe un tono mucho más serio, no tanto sobre qué puede hacer la tecnología, sino cuáles son las problemas sociales que debe abordar. Problemas que, en algunos casos, son muy complicados.

Alrededor de 70 personas participaron en el evento.
Alrededor de 70 personas participaron en el evento. Photograph: CCD

El campeón del evento fue Jacinto Quesnel, del CCD, quien está convencido de que los videojuegos sociales pueden ser una herramienta para el bien social. “Si se usaran bien, podríamos utilizarlos como una especie de “plug-in” para nuestras sociedades y para realizar de manera muy efectiva los cambios que queremos,” dice Quesnel. “Algunos consideran los videojuegos como la herramienta más eficaz para la ingeniería social. Al igual que cualquier herramienta, puede ser utilizada para bien o para mal; nuestra tarea de los diseñadores es tomar responsabilidad por lo que significa diseñar un videojuego.”

Cuando le pregunté cuántos jóvenes chilangos renunciaban a sus fines de semana para participar en eventos que exploran el social gaming, Quesnel me dijo que las industrias creativas son nuevas en la Ciudad de México, y que esta es una manera de tomar las riendas de sus situaciones personales, para empezar a pensar en cómo podrían ganarse la vida haciendo lo que les apasiona.

Este enfoque altamente pragmático parece haber evolucionado a partir del deseo de participar en el social gaming, pero al ser evitados por las grandes corporaciones de juego, los programadores mexicanos quieren hacer algo que a ellos les parece más relevante, y que explore el mundo bajo sus propios términos.

Uno de los participantes que se quedó programando toda la noche fue Miguel Alejandro, quien dijo que lo que lo más lo motiva a explorar el videojuego social es a la falta de atención que el siente que se le daa los problemas que a él más le importan.

La impresión 3D.
La impresión 3D. Photograph: CCD

“México es un país que tiene muchos problemas sociales debido a la falta de consciencia y educación, y el videojuego social podría ser una de las respuestas para ayudar a cambiarlos,” dijo. “Ya que nuestros medios masivos de comunicación tienden a ignorar o a censurar por completo lo que está pasando, ésta es definitivamente una buena alternativa para catalizar el cambio social.”

Alejandro creó un prototipo de prueba para un videojuego de lucha clásico en reversa. Escenificado en una preparatoria, “Don’t Touch Me” le otorga super poderes a las víctimas del “bullying”. El prototipo que desarrolló era un esbozo de futuro potencial más que un juego completo (como a menudo sucede en un hackatón, pues se trata de expresar ideas más que desarrollar productos finales.) Para él, era una manera de “crear consciencia acerca de ciertos temas y problemas sociales de manera diferente y nueva.”

Mientras que el “bullying” es un tema que no me sorprendería que se abordara en cualquier evento de hackers alrededor del mundo, me sorprendió ver que se estaban desarrollando ideas que abordan problemas de secuestro de niños, violación y desigualdad de género. El código tiene un objetivo más allá de la búsqueda de concepto o futura oportunidad de empleo. Se trata de una necesidad de cambio, y los jóvenes ven el código como una forma de acercarse a algunas de las duras realidades en que viven.

En la Ciudad de México, y el país en general, está claro que existe una sed de un “enfoque indie” en el desarrollo de videojuegos, donde la colaboración y la experimentación sean ingredientes fundamentales. La ética impulsada por las plataformas de aprendizaje informal como la escuela Dev F está dando resultados a meetups y prácticas autóctonas de programación.

Víctor Borja, el colaborador de Zura Guerra, es un veterano de la escena, y ha estado programando durante más de 15 años. Él dijo que ha notado que “ahora mucha gente está interesada en aprender programación debido al ecosistema de startups que está surgiendo; y en tiempos recientes esto ha llevado a la formación de comunidades muy interesantes.”

Tanto Guerra como Borja ven el código como un importante medio nuevo. “El software es el medio de nuestros tiempos, y el arte tiende a expresarse en los medios más masivos,” señala Borja. “México podría beneficiarse mucho con ésto: el arte ya no es exclusivo de los museos, ahora le pertenece también a las computadoras.” Describen su trabajo, Perceive Me, como un experimento social en torno al tema del prejuicio, donde, a través del contenido en línea, a los usuarios se les pide confrontar sus percepciones de las personas.

En la Ciudad de México, se produjo un sentido de hacer el bien gracias al fuerte balance de géneros en los grupos, donde los temas difíciles no se evaden. El estilo de su enfoque, que podría resumirse en “arreglárselas y arreglar”, ofreció una manera de expresar la necesidad de cambio social entre la gente (joven), que evidentemente siente que no está siendo escuchada de la manera en que quiere y necesita.

En el Reino Unido, nuestro gobierno también podría aprender mucho trabajando con una diversidad de jóvenes, ayudándolos a definir el futuro que quieren, y utilizando las prácticas digitales que les son nativas. Permitiéndoles hackear el sistema para crear un futuro social mucho más incluyente.

Jon Rogers es profesor de tecnología creativa en la Universidad de Dundee

Como parte de nuestra semana en vivo en la Ciudad de México, estamos publicando una serie de artículos en español. Los comentarios en español sobre estos artículos serán bienvenidos vía email. Al final de la semana publicaremos una selección en la web de Guardian Cities. Envíanos un email a mexicocity.week@theguardian.com

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