Este invierno se atienden las habituales fracturas de huesos y otros traumatismos en el servicio de urgencias del St. Christopher's Hospital for Children. Pero hay una categoría de dolencias que prácticamente ha desaparecido: las enfermedades infecciosas.
Tomemos como ejemplo la influenza. Normalmente, entre diciembre y abril, las enfermeras y los médicos del hospital de Filadelfia atienden a cientos de niños con gripe. En lo que va de este invierno, la cifra ha sido cero.
Las cifras de gripe en Pensilvania, Nueva Jersey y Estados Unidos en general también están muy por debajo de lo normal en todas las edades, aunque lejos de cero. Asimismo, el país ha visto pocos casos de mielitis flácida aguda, una forma de parálisis infantil que se cree que es causada por una infección viral. La tasa de esa enfermedad suele aumentar en el otoño de los años pares, con 238 casos confirmados en 2018, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Sin embargo, en 2020 solo hubo 29.
Llamémosle el lado bueno de la vida en una pandemia. Aunque estas tendencias de la enfermedad a la baja pudieran deberse a varios factores, una razón clave casi seguramente son las diversas precauciones que se aplican contra el COVID-19, indican los médicos.
"El uso de tapabocas, el distanciamiento social, el quedarse en casa, el que los niños no estén juntos en la escuela", dijo Emily Souder, especialista en enfermedades infecciosas en St. Chris. "Todo eso que está ocurriendo al mismo tiempo ha impactado definitivamente en muchos virus respiratorios".
En Pensilvania, desde finales de septiembre hasta el 16 de enero se notificaron al Departamento de Salud del estado dos mil 195 casos confirmados de influenza. En muchos años, el estado ve tres veces más casos de gripe en solo una semana.
Cuando los índices de la influenza son bajos en un año determinado, pueden influir diversos factores.
Las cepas predominantes pueden ser similares a las cepas que han circulado en el pasado reciente, lo que significa que más personas tienen al menos una inmunidad parcial. O quizá la vacuna sea especialmente adecuada para las cepas en cuestión, y quizás más personas de lo habitual decidan ponérsela.
Esto podría estar ocurriendo este invierno. Preocupados por la posibilidad de que los servicios de urgencias se vieran desbordados por una doble oleada de casos de influenza y COVID, los responsables de la sanidad pública han hecho un esfuerzo especial para fomentar la vacuna contra la influenza. Hasta el 1º de enero, ya se habían distribuido 192.5 millones de dosis de vacuna contra la influenza en Estados Unidos, en comparación con los 174.5 millones de dosis para toda la temporada 2019-20, según los CDC.
Y dos encuestas de finales de diciembre encontraron que entre el 53 y el 54 por ciento de los adultos se habían vacunado contra la influenza, en comparación con el 42 por ciento en diciembre de 2019, aunque la cobertura fue menor en algunos grupos minoritarios, indicó la agencia.
Pero, ¿aún podría darse un aumento en la influenza este invierno? La enfermedad suele estar en pleno apogeo en esta época del año, pero no siempre. El bajo nivel de la gripe en lo que va de la temporada es similar a lo que se vio en el invierno de 2015-16, cuando los casos comenzaron a aumentar a finales de febrero.
Aun así, la evidencia hasta ahora sugiere que las precauciones para el COVID están ayudando a mantener a la influenza bajo control, dijo Ray Barishansky, subsecretario de preparación sanitaria y protección comunitaria del Departamento de Salud de Pensilvania.
"Creo que lavarse las manos, evitar las reuniones y llevar tapabocas son medidas que reducen definitivamente la propagación de la influenza", afirmó.
Otra posible explicación de las bajas cifras de influenza registradas este invierno pudiera ser que la gente es reacia a buscar atención médica por miedo a contraer COVID. En otras palabras, es posible que algunas personas con síntomas de influenza simplemente se queden en casa y no se contabilicen. Esto es cierto en cualquier año, ya que la mayoría de las personas con síntomas de gripe no se someten a las pruebas de detección, incluso si acuden a la consulta del médico.
Pero Souder, la especialista en St. Christopher, duda de que ese fenómeno sea mucho mayor en este invierno que en otros. Dado que los síntomas de la influenza coinciden en cierta medida con los del COVID (como la fiebre), es probable que cualquier persona con esos síntomas busque atención médica, o al menos se haga la prueba.
Y muchos hospitales están haciendo pruebas con hisopos nasales para detectar ambas enfermedades. Si los pacientes resultan tener una u otra, se contabilizarán en las estadísticas oficiales.
Otro indicio sugiere que el aparente descenso de la influenza es real: la disminución de otras enfermedades infecciosas como la mielitis flácida aguda, dijo Ignacio Valencia, jefe de la sección de neurología de St. Christopher.
Se cree que esta rara enfermedad es causada por un tipo de virus llamado enterovirus, lejanamente relacionado con el que causa la poliomielitis. Suele afectar a niños en edad preescolar, causando debilidad o parálisis repentina en los brazos y a veces en las piernas. El número de casos se disparó a finales del verano y en el otoño de 2014, 2016 y 2018, debido a la biología de la propagación del virus entre la población. Sin embargo, en 2020, las cifras descendieron.
Los epidemiólogos que hacen un seguimiento de la enfermedad han advertido que podría volver en 2021, que de otro modo sería un año de descanso (suponiendo que los preescolares y las guarderías vuelvan a operar con normalidad). Pero, mientras tanto, las bajas cifras del padecimiento son motivo de alivio, dijo Valencia.
Y el distanciamiento social también podría estar contribuyendo a reducir el número de afecciones virales comunes, dijo.
"No he tenido un resfriado en un año, y normalmente tengo un resfriado al año", comentó. "Creo que son todas estas medidas combinadas las que han provocado el descenso de otros virus".
El interrogante que queda abierto es si el lavado de manos y otras medidas para evitar la enfermedad serán más comunes en los próximos años, una vez que el COVID haya quedado atrás.
"Si al menos pudiéramos conservar la parte del lavado de manos, sería bueno", dijo Valencia. "Pero no se puede mantener a la gente separada. Somos una entidad social".
¿Y los tapabocas? Incluso antes del COVID, los médicos de St. Christopher usaban tapabocas cuando trataban a pacientes con enfermedades respiratorias, y eso continuará en los próximos años, señaló Souder, profesora asistente de pediatría en la Facultad de Medicina de la Drexel University de Filadelfia. Está por verse si el uso de tapabocas se hace más común entre el público en general.
Pero este año, al menos, parece estar ayudando, dijeron ella y Barishansky. Y con la temporada de influenza aún en curso durante meses, y el COVID aún extendiéndose, instan a todos a seguir usándolo.