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La inflación golpea a las fiestas, encoge los menús y arruina las tradiciones

Pays de fruta picada. Panqués de papa. Ponche de huevo. Tamales. A medida en que familias de todo el mundo planifican una vez más las celebraciones decembrinas, se topan con una dura realidad: los alimentos tradicionales, especialmente los que se venden por un tiempo limitado incluso en un año normal, son significativamente más caros que en 2021; y eso si es que están disponibles.

"Podrías cambiar algunas cosas. En lugar de los costosos pavos o cortes, podrías considerar algo más barato en este lado de la mesa", dijo Curt Covington, director senior de la institución de crédito AgAmerica Lending, la cual presta dinero a los agricultores. Pero no hay escapatoria: todo lo que va en la mesa de estas fiestas "va a ser más caro".

A continuación se presenta el panorama de cinco países –Brasil, China, Reino Unido, Rumania y Estados Unidos– que ponen de manifiesto cómo los altos precios de los alimentos silenciarán las festividades de fin de año. Puede que los hogares anhelen el regreso a la normalidad, pero con las cadenas de suministro colapsando bajo el peso de la escasez generalizada de la mano de obra y de las continuas variantes del COVID-19, alimentar a las familias en esta temporada de fiestas será cualquier cosa menos normal.

Brasil: El pescado del Amazonas sustituye a las costosas importaciones

Fátima Santos describe la cena de Nochebuena de su familia en 2021 en una palabra: magra. Ni el bacalao ni el pavo –los tradicionales platillos de mesa en muchos hogares brasileños para estas fiestas– estarán presentes este año, dijo esta estilista desempleada de 41 años mientras buscaba ofertas en los estantes de un supermercado de Río de Janeiro. "El huevo es el nuevo filete en nuestra casa. Hasta el arroz y los frijoles están súper caros", dijo. No es una especialidad de temporada, pero el platillo básico podría adornar más mesas navideñas como la de Fátima, a medida en que los precios de la carne son cada vez más difíciles de digerir.

Si bien el país es uno de los mayores productores agrícolas del mundo, el aumento de la demanda en el extranjero y la debilidad de la moneda local están haciendo que las exportaciones sean más lucrativas, dejando menos alimentos producidos a nivel local a los propios brasileños. Al mismo tiempo, el clima extremo de este año –la peor sequía en un siglo tras una helada sin precedente– dañó gravemente las cosechas del país, disparando la inflación. El grupo de análisis Fundación Getulio Vargas calcula que los precios de la carne de res subieron un 15 por ciento en el último año, mientras que el costo del pollo se disparó más de un 24 por ciento.

La cadena de supermercados Zona Sul ha intentado abastecer sus anaqueles con más productos locales a fin de que las familias puedan evitar lo peor de la inflación. El tradicional bacalao noruego seguía estando disponible en las semanas previas a la Navidad, pero la tienda también estaba promocionando el pescado amazónico pirarucu a mitad de precio. Con las importaciones de vino espumoso retrasadas debido a la escasez de contenedores, la cadena está rebajando alternativas regionales. "A medida en que disminuye el poder adquisitivo, la gente busca marcas secundarias", dijo el director ejecutivo de la cadena, Pietrangelo Leta.

Priscila Santana, una chef profesional, suele vender rabanadas –un postre parecido al pan francés– durante las fiestas decembrinas. Pero este año se ha visto obligada a subir los precios más de un 10 por ciento ante las alzas en los costos del pan, leche y huevos, además de la gasolina necesaria para llegar a la tienda. Pese a que empezó a vender con semanas de anticipación este año y a aceptar tanto tarjetas de crédito como vales de comida emitidos por empresas, sigue viendo una demanda menor. "Espero vender un 20 por ciento menos este año. Algunos de mis clientes han tenido que renunciar a las rabanadas para comprar más bien su comida".

China: La acumulación de reservas dispara los costos

En el país más poblado del mundo hay comida de sobra, insiste el Ministerio de Comercio. Pero eso no ha impedido a los hogares chinos abastecerse –y en algunos casos, acaparar– mercancía tras un confuso aviso del gobierno a principios de noviembre que alentó a la gente a reabastecerse de básicos ante la entrada del invierno, lo que desató temores a las restricciones de viaje, a los brotes del virus, al clima extremo o a algo peor.

"Normalmente una familia solo necesita almacenar una bolsa de harina, pero ahora están comprando dos e incluso tres bolsas. Por supuesto que han aumentado los precios", dijo un comerciante que lleva casi 30 años vendiendo fideos, tortillas de pasta y panes chinos. Al hablar desde atrás de su puesto en un mercado de Pekín, pidió ser identificado sólo por su apellido, Zhou. "Mientras más familias acaparen harina, más subirán los precios".

Las bolsas de harina de 25 kilos (unas 55 libras) que compra a su proveedor son un 30 por ciento más caras que hace un mes y ahora cuestan más de 90 yuanes ($14 dólares). Pero Zhou ha subido sus precios de venta en menos de un 20%, incluso a medida en que se acerca el solsticio de invierno –Dongzhi–, lo que eleva la demanda de manjares tradicionales como las albóndigas y los fideos. "Mis costos han subido, pero no puedo aumentar más los precios, pues significa perder clientes", dijo.

Reino Unido: las granjas de pavos pagan por la mano de obra

"No hay ningún producto que utilicemos en esta granja que no haya subido de precio", dijo Becky Howe, una agricultora de tercera generación, mientras observaba a los trabajadores guiar una horda de pavos a un establo abierto en el último día de sacrificio en la granja de pavos John Howe, ubicada en las afueras de Kent. Eso incluye el costo del acero utilizado para construir los establos, la paja cortada para los lechos, el alimento a base de maíz, la gasolina, los cartones de empaque e incluso la cera para la línea de desplume automatizada. La granja no preveía una presión inflacionaria así cuando aumentó el tamaño de la manada de este año en un 25 por ciento y, por primera vez, empezó a criar gansos también.

El mayor dolor de cabeza ha sido encontrar suficientes trabajadores durante noviembre y diciembre, la época de mayor actividad en la granja. La mayoría de sus empleados son extranjeros, que llegan al país con permisos de visa temporales; la granja ha aumentado los salarios este año para retener al personal. El precio de sus pavos ha subido un 8 por ciento, pero sus propios costos han subido más. "El aumento de precios no ha cubierto todo y hemos tenido que absorber lo más que podemos", dijo Howe. "No queremos subir mucho los precios ni asustar a la gente para que deje de comprar nuestros pavos".

Preocupados por el aumento de los precios –además de la escasez de camioneros en Reino Unido que solo agravará la situación–, los vendedores dicen que algunas familias de Londres empezaron a comprar sus pavos de Navidad desde octubre de este año. La demanda de aves más pequeñas es especialmente alta, ya que el temor a los virus merma el optimismo de que las familias extensas vuelvan a reunirse este año tras un 2020 de encierro.

Rumania: Precios altos hacen prohibitivo el sacrificio de cerdos

En el campo rumano, la celebración ortodoxa de San Ignacio, el 20 de diciembre, siguió un guión tradicional desde hace siglos: Comprar un cerdo a un granjero de confianza, degollarlo, quemar la piel y limpiar el cuerpo con ayuda de amigos y familiares al amanecer. Todas las partes del animal, desde las patas hasta la grasa y los intestinos, se transforman luego en docenas de platos para alimentar a la gran familia de una casa en Navidad, Año Nuevo y todas las comidas intermedias.

Al menos, esa solía ser la costumbre. Este año, cada vez más familias se limitaban a comprar embutidos en el supermercado al regresar del trabajo y se daban por satisfechas, dijo Adi Rusu, un agricultor de 40 años de la aldea de Posta Calnau. La familia de Rusu lleva 40 años criando cerdos, pero con los costos de los alimentos y la electricidad por las nubes, los riesgos de un brote de una mortal peste porcina y los clientes prefiriendo opciones más sencillas, su familia se planteaba si valía la pena. A los vecinos les resulta difícil justificar el pago de mil 500 leis rumanos (unos $340 dólares) por un cerdo local, lo que representa un aumento del 50 por ciento en los últimos cuatro o cinco años. Al mismo tiempo, las restricciones de viajes por el COVID, que mantienen a muchos rumanos trabajando en el extranjero, significaban cenas más pequeñas y que haya poco incentivo para cocinar suficiente cerdo para comer durante al menos siete días seguidos.

"Cada vez es más obvio que no podemos comer tres veces más que en una semana normal cuando es Navidad", dijo Marioara Mihalcea, director de la empresa cárnica M&R en Iasi. "Sabes que siempre puedes encontrar carne fresca en los estantes".

Rusu sólo tenía seis cerdos en oferta este año, aproximadamente una quinta parte de lo que normalmente vendía, después de que muchos de los lechones murieran al nacer. No obstante, decidió complementar con más lechones de granjas comerciales para obtener una ganancia de apenas 400 leis (unos $90 dólares) por cada uno, lo cual no tenía sentido económico este año. Los clientes potenciales "no compran a nadie más; van al supermercado", dice Rusu, quien aprendió de su padre la crianza de animales. "Los que saben prepararlo van desapareciendo poco a poco y los jóvenes no están interesados en aprender".

ESTADOS UNIDOS: El golpe a la temporada de galletas

Los estadounidenses, que consumen más mantequilla que nunca, descubrirán que les cuesta más que el diámetro de su cintura en estas fiestas. La mantequilla, alguna vez repudiada por sus grasas saturadas, ha vuelto a ser popular a medida en que los compradores adoptan dietas ricas en grasas, lo que ha llevado a un consumo per cápita de 6.3 libras en 2020, el más alto en los datos que se remontan a la presidencia de Gerald Ford. El consumo de mantequilla suele alcanzar su punto máximo en el cuarto trimestre, gracias a todas las galletas navideñas, el puré de papas y otras tradiciones llenas de sabor que adornan la mesa. Y también se está disparando su precio.

Los precios al mayoreo de la mantequilla de grado AA han subido alrededor de 40 por ciento desde el año pasado hasta más de $2 dólares la libra. Hay mucha leche para fabricar, pero el envasado y el transporte han sido un enorme desafío en medio de la escasez generalizada de mano de obra y materiales. Grassland Dairy Products, ubicada en Greenwood (Wisconsin), subió recientemente sus precios para los supermercados por primera vez en cuatro años. Su presidente, Trevor Wuethrich, citó el aumento de los gastos en el cartón, los problemas de transporte y su propia decisión de elevar los salarios por hora en septiembre a fin de retener a los empleados capacitados.

Es posible que algunos hogares se inclinen por los aceites vegetales para untar, como la margarina, para reducir costos, aunque estos también están subiendo de precio. Dina Cimarusti, propietaria de la recién inaugurada Sugar Moon Bakery de Chicago, pagó 40 centavos más de lo habitual por la mantequilla a principios de diciembre. Para ella, sustituirla no es una opción: es un ingrediente indispensable para muchos de sus pasteles caseros, incluidos los bollos, galletas y pasteles.

"No se trata sólo de la mantequilla", dice. "Incluso los precios de mis productos han subido mucho desde que abrí", dice Cimarusti, de 36 años, cuya tienda se inauguró en septiembre. "A menos que suba mis precios, obviamente que perderé dinero". Por ahora, se mantiene firme. "Iba a esperar a que pasara", dice, vestida con un delantal verde y pantalones de mezclilla, pesando bloques de mantequilla antes de meterlos en una gran batidora de acero para hacer galletas de melaza. "Solo intento que sea asequible".

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