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JoNel Aleccia

La demanda de vacunas contra COVID-19 será alta e intensa

Los estadounidenses no han ocultado su escepticismo sobre las vacunas contra el COVID-19 este año, con el temor a interferencias políticas y una línea de tiempo “a toda velocidad” que reduce la confianza en las vacunas. Apenas en septiembre, casi la mitad de los adultos de Estados Unidos dijeron que no tenían intención de ser inoculados.

Pero con el próximo lanzamiento de dos vacunas prometedoras, probablemente en unas semanas, los expertos en ética y conducta de la inmunización indican que esperan que las actitudes cambien rápidamente de una indecisión generalizada a una demanda urgente e incluso intensa.

"La gente habla de que las personas antivacunas son capaces de impedir la adopción. No veo que eso suceda", dijo el doctor Paul Offit, vacunador del Hospital Infantil de Filadelfia, en un reciente seminario web de la JAMA Network. "Esto, para mí, es más como el fenómeno del Beanie Baby. El atractivo de una edición limitada".

Los informes de que las vacunas producidas por los fabricantes de fármacos Pfizer y BioNTech y Moderna parecen ser seguras y eficaces, junto con el énfasis deliberado en la orientación basada en la ciencia de la administración entrante de Biden, probablemente revertirá la incertidumbre en gran medida, dijo Arthur Caplan, director de la división de ética médica de la Facultad de Medicina de la New York University.

"Creo que eso va a darle la vuelta al tema de la confianza", señaló.

El cambio ya es evidente. Una nueva encuesta del Pew Research Center encontró que, para finales de noviembre, el 60 por ciento de los estadounidenses afirmó que se vacunaría contra el coronavirus. Este mes, incluso mientras un grupo asesor federal se reunía para definir las pautas de distribución de la vacuna, una larga lista de grupos de apoyo (desde los que representan a los trabajadores de la salud en el hogar y los centros de salud comunitarios hasta los pacientes con enfermedades renales) estaban presionando a los funcionarios estatales y federales con la esperanza de que se diera prioridad a sus miembros para las primeras dosis escasas.

"A medida que nos acercamos a que la vacuna sea una realidad, hay mucha presión, por supuesto", dijo Katie Smith Sloan, directora ejecutiva de LeadingAge, una organización sin fines de lucro que presiona para que el personal y los pacientes de los centros de atención a largo plazo sean incluidos en la categoría de mayor prioridad.

Ciertamente, algunos consumidores siguen siendo cautelosos, señala Rupali Limaye, científico de salud social y conductual de Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health. Los temores de que los fabricantes de medicamentos y los reguladores puedan tomar atajos para acelerar la obtención de una vacuna persisten, incluso cuando los detalles de los ensayos se hacen públicos y el proceso de revisión se hace más transparente. Algunos trabajadores de la salud, que están al frente de la fila para las inyecciones, no están ansiosos de ser los primeros.

"Habrá gente que dirá: 'Esperaré un poco más por los datos de seguridad'", comentó Limaye.

Pero es probable que esas dudas se disipen una vez que se apruebe el uso de las vacunas y empiecen a circular ampliamente, dijo Offit, que forma parte del panel asesor de la Food and Drug Administration (FDA) encargado de revisar las solicitudes de autorización de emergencia que han presentado Pfizer y Moderna.

Predijo que la demanda de las vacunas contra el COVID-19 podría rivalizar con el clamor que se produjo en 2004, cuando los problemas de producción provocaron una grave escasez de vacunas contra la influenza justo cuando comenzó la temporada de la enfermedad respiratoria. Eso llevó a largas filas, dosis racionadas y debates éticos sobre la distribución.

"Esa era una vacuna muy deseada", dijo Offit. "Creo que de muchas maneras eso podría suceder aquí".

Inicialmente, los suministros de vacunas serán escasos, y los oficiales federales planean enviar 6.4 millones de dosis en las 24 horas después de la autorización de la FDA y hasta 40 millones de dosis para el final del año. El panel de los CDC recomendó que las primeras inyecciones vayan a los 21 millones de trabajadores de la salud en el país y a tres millones de personal y residentes de asilos de ancianos, antes de ser distribuidas a otros grupos con base a una jerarquía de factores de riesgo.

Incluso antes de que cualquier vacuna esté disponible, algunas personas intentan aumentar sus probabilidades de acceso, señaló la doctora Allison Kempe, profesora de pediatría de la University of Colorado School of Medicine y experta en diseminación de vacunas. "La gente me llama y me pregunta cómo obtener la vacuna", dijo. "Creo que no todo el mundo estará contento de esperar, eso es seguro. No creo que haya disturbios en las calles, pero podría haber presión".

Eso probablemente incluirá debates emocionales sobre cómo, cuándo y a quién deben distribuirse las próximas dosis, agregó Caplan. De acuerdo con las recomendaciones de los CDC, los siguientes grupos vulnerables incluyen 87 millones de trabajadores cuyos empleos son considerados "esenciales" (una categoría amplia y mal definida) así como 53 millones de adultos de 65 años o más.

"Vamos a tener algunas peleas sobre los grupos de alto riesgo", señaló Caplan de la NYU.

Las conversaciones serán complicadas. ¿Deberían los prisioneros, que tienen poco control sobre su exposición a COVID-19, tener prioridad para la vacuna? ¿Qué tal los equipos deportivos profesionales, cuyo desempeño podría reforzar la moral de la sociedad en general? ¿Y qué hay de los residentes de las instalaciones que cuidan a las personas con discapacidades intelectuales y de desarrollo, que tienen tres veces más probabilidades de morir a causa de COVID-19 que la población en general?

El control sobre la asignación de las vacunas recae en los estados, así que ahí es donde ocurrirán los mayores conflictos, dijo Caplan. "Espero sea una lucha corta, en el sentido en que se extenderá unos pocos meses, pero creo que será bastante vocal".

Una vez que los suministros de vacunas sean más abundantes, tal vez en mayo o junio, otra consideración seguramente impulsará la demanda: los requisitos para la prueba de la vacuna contra el COVID-19 para el trabajo y los viajes.

"Es inevitable que se vayan a ver pasaportes de inmunidad o que tengas que mostrar un certificado en el tren, avión, autobús o metro", predijo Caplan. "Probablemente también para entrar en ciertos hospitales, restaurantes e instalaciones gubernamentales".

Pero con un agotador repunte invernal por delante, y nuevas predicciones de que el COVID-19 causará la muerte de hasta 450 mil estadounidenses para febrero, la trágica realidad de la enfermedad sin duda alimentará una amplia demanda de vacunación.

"La gente ahora conoce a alguien que se ha contagiado de COVID, que ha sido hospitalizado o que desafortunadamente ha muerto", afirmó Limaye.

"Todos estamos viendo esto ahora", agregó Kempe. "Incluso quienes dudaban al principio están empezando a ver lo que esta enfermedad puede hacer".

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©2020 Kaiser Health News

Visit Kaiser Health News at www.khn.org

Distributed by Tribune Content Agency, LLC.

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