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Julie Appleby

Hacen llamado para cerrar la próxima brecha en la oferta y demanda de vacunadores contra el COVID-19

En estos momentos, vencer al COVID-19 se reduce a equilibrar la oferta y la demanda.

Con las esperanzas puestas en las vacunas, la demanda ha superado con creces el suministro de dosis.

Pero, a medida que se envíe un número creciente de viales de vacunas en las próximas semanas, la preocupación por la escasez podría trasladarse al capital humano: los propios vacunadores.

"Debemos movilizar más unidades médicas para poner más vacunas en la gente", declaró Jeff Zients, coordinador del grupo de trabajo contra el COVID-19 del presidente Joe Biden, en una reunión informativa a principios de este mes.

Ya ha habido informes dispersos sobre la escasez de vacunadores en algunas zonas.

"Absolutamente, necesitamos más", dijo Tom Kraus, vicepresidente de relaciones gubernamentales de la American Society of Health-System Pharmacists, cuyos miembros trabajan en hospitales, clínicas y grandes consultorios médicos.

Después de todo, vacunar a Estados Unidos es una misión enorme.

"Estamos planeando vacunar a mucha más gente en un lapso más corto de lo que hemos hecho nunca", comentó L.J Tan, director de estrategia de la Immunization Action Coalition, que distribuye materiales educativos para los profesionales de la salud y el público en general sobre una serie de temas de vacunación.

Cada año, Estados Unidos vacuna a entre 140 y 150 millones de residentes contra la influenza, "pero de lo que estamos hablando ahora es mucho más intenso", afirmó. En el caso del COVID, el objetivo es distribuir rápidamente las vacunas a todas las personas con derecho a ellas en un país de 330 millones de habitantes.

Se necesitaría un estudio por estados para estimar cuántos vacunadores totales se necesitan a nivel nacional, indicó Tan.

Aun así, los expertos se muestran cautelosamente optimistas de que no será un problema difícil de solucionar, y destacan los esfuerzos que se están realizando para reclutar a los profesionales médicos en funciones y jubilados, así como a los estudiantes de medicina y las enfermeras en formación.

"Mientras sigamos viendo este interés por el voluntariado, deberíamos tener suficiente mano de obra para hacerlo", dijo Deb Trautman, presidenta y directora general de la American Association of Colleges of Nursing.

No cualquiera puede ser vacunador. No se puede simplemente entrar en un centro y ofrecerse a ayudar a poner vacunas. Los requisitos de capacitación varían según el estado.

Para impulsar el esfuerzo, tanto la administración de Trump como la de Biden, utilizando una ley de preparación para situaciones de emergencia adoptada por primera vez en 2005, ampliaron las protecciones de responsabilidad.

Con las recientes ampliaciones, los que califican incluyen a los pasantes de farmacia y a los médicos y enfermeros recientemente retirados, así como a los médicos, enfermeros y farmacéuticos. El gobierno calcula que hay alrededor de medio millón de médicos inactivos y 350 mil enfermeros registrados y enfermeros prácticos inactivos en Estados Unidos.

Los estados también están dando luz verde a los dentistas, paramédicos y otros socorristas, reveló Kim Martin, directora de política de inmunización de la Association of State and Territorial Health Officials.

Algunos también están recurriendo a las facultades de enfermería y medicina, donde el profesorado y los estudiantes suelen estar dispuestos a participar. Más de 300 facultades de todo el país han firmado un compromiso ofreciéndose a ayudar a administrar la vacuna, según la American Association of Colleges of Nursing.

La Escuela de Enfermería de la University of Houston, por ejemplo, modificó su plan de estudios específicamente para preparar a los estudiantes para la administración de las vacunas contra el COVID, y equipos de estudiantes y profesores han ayudado en los centros de vacunación de la comunidad.

Otros se están uniendo al esfuerzo.

El Medical Reserve Corps, una red nacional de grupos de voluntarios, cuenta con más de 200 unidades en unos 40 estados, Puerto Rico, Samoa Americana y las Islas Marianas del Norte que colaboran en diversas tareas de vacunación, incluida la administración de las vacunas, según un portavoz de Health and Human Services (HHS).

Y los militares también están colaborando, ya que el Pentágono ha aprobado el uso de más de mil miembros del servicio activo para ayudar a la Federal Emergency Management Agency con los centros de vacunación masiva, el primero de ellos en California.

Aunque algunos de estos grupos dan cifras aproximadas de voluntarios, es difícil calcular cuántos se han ofrecido en los últimos meses para ayudar a vacunar.

"No debería dejarse en manos de cualquiera que esté dispuesto, ya que se requieren habilidades clínicas y preparación", dijo Katie Boston-Leary, directora de programas de enfermería de la American Nurses Association.

Incluso aquellos que son expertos en poner vacunas pueden necesitar un refuerzo de capacitación en la guerra contra el COVID-19.

Cuando se presentó como voluntaria, relató Boston-Leary, se le exigió que completara de cuatro a seis horas de capacitación en línea sobre una amplia variedad de temas, desde la forma óptima de administrar las inyecciones intramusculares hasta información específica sobre las dos vacunas que están ahora en el mercado.

"Incluso una enfermera como yo debe pasar por esa capacitación", dijo Boston-Leary.

Para ayudar a los estados a establecer la capacitación, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) ofrecieron recomendaciones para que todos los miembros del personal sanitario reciban capacitación sobre la vacunación contra el COVID-19 "incluso si ya están administrando las vacunas recomendadas de forma rutinaria".

Los CDC cuentan con diferentes módulos de capacitación, basados en el nivel de experiencia. Por ejemplo, hay un módulo para los que han vacunado el año anterior, pero otro diferente para los que no lo han hecho durante más de un año. El tiempo necesario para completar los programas varía: las personas con la experiencia más reciente requieren menos tiempo total de capacitación.

Tan dijo que capacitar a inexpertos sin formación médica para aplicar vacunas "no es el camino a seguir".

En lugar de ello, se puede recurrir a estos voluntarios para que ayuden en la logística, como dirigir a las personas a las zonas adecuadas, gestionar el tráfico, trasladar los suministros y otras tareas similares.

Existen programas de capacitación incluso para personas que no son vacunadores pero que ayudan a almacenar, manipular o transportar las vacunas. Esto es importante porque las dos vacunas que circulan actualmente (una de Pfizer-BioNTech y otra de Moderna) tienen requisitos de almacenamiento diferentes.

Se envían en viales multidosis, lo que no es inusual para las vacunas. Los propios vacunadores suelen sacar las jeringuillas de los viales, explicó Tan.

Para evitar desaceleraciones mientras los pacientes avanzan en las filas, algunos centros de vacunación hacen que otros empleados capacitados rellenen previamente las jeringuillas individuales. Quien realice esta tarea debe ser "alguien capacitado en la administración de vacunas también", dijo Tan.

En la clínica en la que Katie Croft-Walsh, de 65 años, trabajó como voluntaria recientemente en San Antonio, su único trabajo era administrar la vacuna. Otros voluntarios se encargaban de registrar a los pacientes, de rellenar previamente las jeringuillas individuales y de otras tareas logísticas.

Decidió ser voluntaria tras escuchar que se necesitaba ayuda. La acción vino con una ventaja: ella misma se vacunaría al final de su primer día de participación, algo para lo que ya estaba cualificada por su edad pero que no había podido conseguir.

Como abogada en ejercicio, Croft-Walsh trabajaba antes como enfermera titulada y mantenía su licencia al día realizando los cursos necesarios cada año desde que dejó su trabajo de hospital en 1998.

La capacitación tuvo lugar en su primer día en el centro de vacunación masiva y abarcó detalles sobre cada tipo de vacuna, junto con los tipos de jeringuillas disponibles, el lugar adecuado para inyectar la dosis y otra información. Su grupo, que según ella incluía enfermeras, dentistas, farmacéuticos y estudiantes de enfermería de nivel superior, recibió capacitación y fue supervisado por médicos del departamento de salud.

Todos los pacientes estaban emocionados de recibir una dosis.

"Todos fueron muy amables y simpáticos", aunque tuvieran que esperar un poco en la fila, agregó.

Le gustó tanto la experiencia que se ha ofrecido como voluntaria en más clínicas, y tiene previsto empezar a trabajar como voluntaria en los departamentos de bomberos cuando empiecen las clínicas comunitarias en su ciudad.

"Me hizo recordar porqué me dediqué a la enfermería en primer lugar", señaló Croft-Walsh.

Para garantizar la seguridad, la capacitación es importante, señaló Martin, del grupo de funcionarios sanitarios del estado. No es tan difícil poner una inyección intramuscular, pero hay que colocarla en el lugar adecuado. En el caso de los adultos, esa zona es el músculo deltoides, "ni muy arriba del hombro ni muy abajo", dijo, tanto para evitar lesiones como para asegurarse de que la vacuna entre en el músculo.

Los videos de capacitación enseñan a los vacunadores cómo encontrar el lugar ideal, localizando primero el punto óseo en el hombro, midiendo después dos o tres anchos de dedo hacia abajo y colocando la aguja en el centro del brazo.

La administración de una vacuna intramuscular demasiado alta en el hombro puede causar una lesión rara y dolorosa. Este tipo de lesiones eran más comunes hace años, cuando las vacunas contra la influenza empezaban a aplicarse, explicó Tan, de la coalición de inmunización. La capacitación sobre la técnica adecuada ayudó a reducir los casos desde entonces, dijo, y también forma parte de los esfuerzos actuales para capacitar a los vacunadores.

También es importante no pellizcar los brazos de los pacientes cuando se les administra la vacuna, dijo Tan, en respuesta a una pregunta sobre un hashtag que circula por Twitter llamado #DoNotSqueezeMyArm (#NoMeAprietesElBrazo).

Para que las inyecciones intramusculares sean más eficaces, la aguja debe penetrar en el músculo, no en la grasa.

"Cuando se aprieta el brazo, se empujan hacia arriba las capas de grasa", explicó Tan.

Aquellos que reciben las vacunas, señaló, también pueden desempeñar un papel importante.

"Animo a los pacientes a que hagan preguntas", dijo Tan. "Si les preocupa que les aprieten el brazo, que hablen. No de forma hostil, sino diciendo algo como: 'Oiga, he leído esto de no apretar los brazos. ¿Puedes explicarme por qué me lo está apretando?'".

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