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Aparna Nathan

Hablar de raza es difícil. Estas investigadoras creen que las pruebas de ADN lo facilitarían

FILADELFIA — De niña, Kim Wederfoort estaba obsesionada con el misterio de los orígenes de su familia. "Pensaba en ello probablemente más a menudo de lo que una persona debería", dice Wederfoort, de 24 años.

Como mestiza, recibía regularmente preguntas de sus compañeros de clase sobre la procedencia de su tez o de su pelo rizado. Su respuesta inicial, "Soy de Nueva Jersey", rara vez resultaba satisfactoria, lo que la obligaba a trazar un mapa de los orígenes de su familia: una madre holandesa e indonesia procedente de Surinam, un padre de Curazao cuya mezcla de ancestros españoles, holandeses e indios reflejaba la historia colonial del Caribe.

No es de extrañar, por tanto, que durante la orientación de los estudiantes de primer año de la Universidad de West Chester, en Pensilvania, en 2015, una presentación en particular llamara su atención: una convocatoria de voluntarios para el DNA Discussion Project. La iniciativa, dirigida por Anita Foeman y Bessie Lawton, profesoras de comunicación y medios de comunicación de la Universidad de West Chester, estudia las respuestas de los estudiantes a los resultados de las pruebas de ascendencia basadas en el ADN y cómo esos resultados pueden cambiar las narrativas personales y dar forma a sus relaciones con los demás.

Desde el inicio del proyecto en 2006, han participado más de tres mil estudiantes, y sus experiencias constituyen la columna vertebral del reciente libro de Foeman y Lawton, "Who am I?: Identity in the Age of Consumer DNA Testing".

Para muchos, los resultados de las pruebas de ADN cambian "lo que es creíble y lo que no es creíble", dijo Foeman. "Tienes un punto de referencia diferente, y eso cambia la conversación".

Esperan que su investigación facilite las conversaciones sobre la raza, especialmente en un momento en el que muchas empresas están dedicando más recursos a la capacitación sobre la diversidad.

Lawton, cuyo interés radica en la comunicación intercultural, dijo que las pruebas de ADN ofrecen una manera de nivelar el campo de juego en las conversaciones sobre la diversidad. "El ADN de todo el mundo ha pasado por el mismo proceso de análisis", dijo Lawton.

Foeman dijo que la experiencia emocional de saber de dónde se viene o de descubrir secretos familiares puede crear vínculos entre las personas.

El ADN también ofrece un marco para hablar de las identidades multirraciales, algo que Lawton observó que faltaba en la forma en que tradicionalmente se abordaba la raza en los formularios, en los que la gente tiene que elegir una sola opción.

Las pruebas de ADN de ascendencia desglosan la fracción del ADN de una persona que se asemeja a los genomas de diferentes partes del mundo. Aunque más del 99 por ciento del genoma humano se comparte entre las personas, los fragmentos restantes pueden remontarse a través de las generaciones hasta los antepasados procedentes de una región concreta. Los ancestros de diferentes lugares dan lugar a una combinación de marcadores genéticos.

Las pruebas genéticas directas al consumidor no secuencian todo el genoma, sino que lo hojean, como una persona encargada de leer rápidamente un texto largo. Al leer menos del 0.05 por ciento de los tres mil millones de fragmentos del genoma, la prueba puede centrarse en las partes que difieren entre las ascendencias y comparar rápidamente la secuencia genética de cada persona con una base de datos de personas de todo el mundo.

A medida que esta base de datos crece con los años y la tecnología mejora, la prueba se hace más precisa: Por ejemplo, las primeras pruebas decían que Lawton era de Asia. Ahora, pueden discernir que es filipina y china, e incluso señalar la parte concreta de China.

Para el proyecto de debate sobre el ADN, los voluntarios rellenan una encuesta sobre su raza autopercibida y sus actitudes al respecto antes de someterse a una prueba de AncestryDNA. La encuesta incluye preguntas abiertas sobre cómo se identifican racialmente las personas, cómo las identifican sus compañeros, las lagunas en sus relatos personales y cómo se sienten al conocer nueva información de su ADN.

Aunque hay más de 14 mil estudiantes en la Universidad de West Chester, más de tres cuartas partes son blancos, lo que motivó a las investigadoras a reclutar activamente a un grupo más diverso.

Los estudiantes voluntarios escupen en un tubo y envían su muestra. Seis semanas después, reciben un mapa con anotaciones junto con un gráfico circular en el que se desglosa la proporción de su ascendencia que se atribuye a cada región.

Cuando Foeman inició el proyecto hace 15 años, era difícil encontrar laboratorios que pudieran realizar pruebas de ADN que no fueran forenses. Las pruebas eran lentas y caras. La primera subvención de Foeman, de 1,500 dólares, permitió comprar solo cuatro pruebas de ADN; ahora, las pruebas directas al consumidor cuestan menos de 100 dólares.

Después de obtener sus resultados, los estudiantes realizan otra encuesta y participan en una serie de talleres y debates.

Las investigadoras han visto solo un puñado de personas que tenían una sola ascendencia que componía el 100 por ciento de su gráfico circular, aunque muchos estudiantes suponen que eso pudiera ocurrir antes de hacer la prueba. En un estudio de 45 participantes, más de tres cuartas partes se sorprendieron de sus resultados. Pero aun así, más de la mitad se mostraron positivos con lo que habían aprendido.

Cuando Wederfoort recibió los resultados de su prueba de ADN, se quedó "absolutamente alucinada".

"No esperaba que el mapa fuera tan diverso y tan colorido", dijo. ¿Su gran sorpresa? La prueba reveló que tenía ascendencia africana. Ninguno de sus familiares podía explicarlo.

Lawton pensó que añadir datos científicos a los relatos familiares cambiaría la percepción de la gente. Pero los resultados de la encuesta mostraron que a menudo no era así. "La negociación de la identidad es producto de muchas cosas diferentes. No se trata solo de muestras de ADN", dijo Lawton.

Una estudiante era de Asia oriental, pero fue adoptada por una familia alemana. Incluso después de que la prueba de ADN situara su ascendencia en Asia Oriental, siguió identificándose como alemana. "Su experiencia vivida fue un factor de identificación más fuerte que este papel", dijo Lawton.

Cada familia tiene una historia, dijo Foeman, y a menudo lleva implícita una historia genética. Las pruebas de ADN no siempre hacen que estas narrativas sean más estables.

Foeman descubrió que las personas de color se sentían más motivadas por las pruebas de ADN a remodelar sus historias, pero los blancos no. De hecho, los participantes blancos eran más propensos a tratar de explicar los resultados de las pruebas de ADN que sugerían una ascendencia no blanca. "La realidad es que no tienen nada que ganar siendo multirraciales", dijo Foeman. "La gente va a intentar ceñirse a las mejores narrativas que pueda conseguir".

Wederfoort no se ve a sí misma de forma diferente ahora que sabe más sobre su ascendencia, pero sí se siente capacitada para tomar decisiones diferentes. Por ejemplo, ahora se siente más cómoda llevando un pañuelo a la cama para proteger su cabello natural, una práctica común entre las personas con ascendencia africana.

También cree que puede relacionarse con otras personas multirraciales con más facilidad ahora que tiene una idea más clara de su propia ascendencia. Foeman vio cómo se formaba este tipo de camaradería en cuanto se compartían los resultados en las sesiones de debate, con estudiantes que chocaban las manos en alto al compartir ancestros inesperados.

Por eso ve un papel para las pruebas de ADN en la formación sobre la diversidad. Las pruebas de ADN que buscan marcadores de condiciones de salud, distintas de las pruebas de ascendencia que utiliza el DNA Discussion Project, ya han empezado a aparecer en el lugar de trabajo como parte de los beneficios ofrecidos por los empleadores del área de Filadelfia, como Jefferson Health y el sindicato Teamsters.

En la investigación de Lawton, ella observó que la capacitación en materia de diversidad a menudo parece ahondar las divisiones entre las personas al imponer roles de minoría o de mayoría. Pero los psicólogos sugirieron que el enfoque más eficaz para reducir los prejuicios era aumentar el contacto entre los grupos y hacer hincapié en los aspectos comunes. Un foro como el creado en el DNA Discussion Project, en el que personas de diferentes orígenes se reúnen para discutir los resultados de una prueba que todos realizaron, pudiera ser una estrategia más eficaz, dijo.

"¿Empezamos nuestra conversación destacando lo similares que somos, y luego somos un uno por ciento diferentes? Tratemos eso", dijo Lawton. "Pero primero, entendamos que todos somos partes importantes de esta institución".

Ahora que Foeman entra en su último año en West Chester, ella y Lawton planean reclutar a 300 estudiantes de primer año para que se hagan las pruebas de ADN y participen en la última iteración del proyecto que ella dirigirá.

"El objetivo es normalizar la conversación sobre la raza y que West Chester sea un lugar en el que se hable de la raza de forma funcional y positiva cuando y dondequiera que surja", dijo Foeman.

Aunque las pruebas de ADN no cambian la percepción de la gente, las investigadoras descubrieron que pueden suavizar los prejuicios. Foeman recuerda que en la primera ronda de encuestas que administró se solicitaron respuestas como "No sé qué haré si descubro que tengo ascendencia africana". Pero conocer la diversidad de sus orígenes puede hacerles ver que no son tan diferentes de los demás, dijo.

Ahora, cuando la gente le pregunta a Wederfoort de dónde es, tiene una respuesta clara: Es afroamericana y asiática, las dos partes más importantes de su ascendencia. No siempre ha estado en estrecho contacto con su padre, pero hace poco se reunieron y se enteró de que él también se había sometido a una prueba de ADN y había encontrado una gran proporción de ascendencia africana.

Foeman y Lawton también se han sometido a pruebas de ADN directas al consumidor. En los resultados de Foeman (un 23 por ciento de ascendencia europea, una pequeña porción de ascendencia asiática y el resto de la Costa de Oro de África) ve su historia como una compartida por millones de estadounidenses afroamericanos: personas secuestradas en la Costa de Oro, esclavizadas en plantaciones del Sur y la eventual Gran Migración de libertos al Norte.

Cuando vio por primera vez estos resultados, tuvo un recuerdo instantáneo de un viaje que hizo a Ghana, donde visitó la Puerta de No Retorno, una puerta por la que se obligaba a los africanos esclavizados a embarcarse hacia el continente americano.

"Algunos de mis parientes probablemente atravesaron esa puerta, y eso es bastante impresionante", dijo Foeman. "Buscamos en el ADN, pero se extiende a todos los aspectos de la experiencia humana".

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