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Ashleigh Panoo

Estuvieron en prisión, pero sobresalen en programa universitario. ¿Cómo funciona?

FRESNO, California — Después de trabajar durante tres meses como tutor en Fresno City College en 2016, Khoi Quach recibió una llamada de que necesitaba ir a la estación de policía del campus.

"Tan pronto como lo escuché, supe que no serían buenas noticias", comentó el joven ahora de 28 años.

En la estación policial, le dijeron que su revisión de antecedentes había llegado, mostrando una condena. Fue despedido.

Cuando Quach tenía 17 años, un tiroteo en una fiesta lo puso tras las rejas justo un mes antes de su graduación de preparatoria. Aunque no había apretado el gatillo, su afiliación pandillera con el tirador lo llevó a prisión por seis años bajo las leyes de California destinadas a reprimir la violencia de pandillas.

Estaba ansioso por dejar atrás el episodio cuando se inscribió en la universidad después de cumplir su condena.

Quach se convirtió en un estudiante estrella de ciencias políticas en Fresno City College, consiguiendo una invitación de su instructor para ser tutor de otros estudiantes. Pero su despido le demostró que iba a ser difícil deshacerse del estigma de haber sido encarcelado.

"Realmente me despertó la realidad de lo que significaba esa etiqueta pegada a mi nombre", dijo.

El comienzo difícil de Quach en la universidad es frustrantemente típico para los estudiantes que intentan navegar por la universidad mientras tienen antecedentes penales, según varias personas anteriormente encarceladas que hablaron con The Bee.

Los sentimientos de aislamiento y ansiedad, y la falta de un sistema de apoyo, son solo algunos de los obstáculos a los que se enfrenta la gente cuando decide seguir una educación superior después del encarcelamiento.

Así que cuando Quach encontró el Project Rebound, un programa que ayuda a las personas anteriormente encarceladas a integrarse a la sociedad a través de la educación superior, supo que encajaría.

"Podemos compartir luchas y logros", dijo, "y eso es lo único que realmente me ayudó a empujarme hacia el objetivo que me propuse de graduarme. Con el Project Rebound, puedes ver a otras personas como yo haciendo constantemente cosas increíbles".

Quach, quien inmigró de Vietnam con su familia cuando tenía 10 años, recibió la Medalla del Decano cuando se graduó de Fresno State en 2019. Ahora es un asistente de investigación de posgrado que estudia sociología (y desigualdades educativas, como las que él enfrentó) en UC Berkeley.

Quach es solo uno de los muchos a quienes Project Rebound busca ayudar proporcionando mentores, apoyo y recursos individualizados.

"El objetivo es, en última instancia, revertir el proceso de transición de la escuela a la prisión", según la directora fundadora Emma Hughes, quien también es profesora de criminología en Fresno State.

Ella espera que el programa pueda cambiar la visión de la sociedad sobre las personas que han estado en prisión y ayudan a los estudiantes que caen en el sistema de justicia a una edad temprana mediante la creación de una vía de la prisión a la escuela.

Project Rebound fue iniciado en San Francisco State University en 1967 por John Irwin, un profesor que cumplió condena en prisión por robo a mano armada en la década de 1950. Pero no fue hasta hace cinco años que los líderes de la organización intentaron expandirlo, primero a otros ocho campus.

En 2016, a Hughes se le encargó duplicar el exitoso programa en el Valle Central con el dinero de la subvención que expiraría en pocos años.

"He estado investigando los programas de educación en las prisiones durante muchos años", dijo Hughes. "Creo muy firmemente en el poder transformador de estos programas, y tener la oportunidad de poner esto en práctica fue realmente emocionante".

A partir de ahí, el programa impresionó a los legisladores, obteniendo una línea de presupuesto del Gobernador Gavin Newsom en 2019 (3.3 millones de dólares que cubre los programas de toda la CSU).

En 2021, cinco campus más de CSU se unirán al consorcio, conformando un total de 14: San Francisco, Fresno, Bakersfield, Fullerton, Humboldt, Long Beach, Los Ángeles, Pomona, Sacramento, San Bernardino, Northridge, San Marcos, San Diego y Stanislaus.

Aunque Project Rebound solo rastrea las tasas de reincidencia mientras los estudiantes están inscritos, los datos son notables. Desde 2016, ningún estudiante de Project Rebound ha reincidido mientras estaba en el programa, según el informe anual de la organización.

La tasa de reincidencia en California, definida como la reincidencia dentro de los tres años siguientes a la liberación, permanece estancada en alrededor del 50 por ciento, según el estado.

Cuando alguien elige la educación superior, es menos probable que reincida, lo que hace que el aumento de la seguridad sea uno de los beneficios para la comunidad, según Leahy.

El programa también ofrece vías para resolver conflictos y abordar problemas de la vida.

"La educación abre la mente de las personas en general", señaló, "y estas son habilidades que a la mayoría de mis estudiantes nunca se les enseñó antes de su encarcelamiento, y ciertamente no lo aprendieron mientras estaban encarcelados".

Los índices de retención y éxito también son más altos para los estudiantes del programa que para la población general de la CSU: En la primavera de 2019, el 93.7 por ciento de los estudiantes de Project Rebound continuaron con su educación, comparado con el 84.3 por ciento de la población general.

¿Pero qué pasa cuando los estudiantes se gradúan o dejan el programa? Ese seguimiento no ocurre, según Hughes. Aunque pudiera proporcionar información significativa, hay una razón por la que el programa duda en recopilar estos datos.

"No queremos que nuestros ex alumnos del Project Rebound sientan que son monitoreados de manera diferente a otros graduados de CSU", indicó Hughes. "Actualmente estamos explorando nuevas áreas de investigación y evaluación del Project Rebound, y podría haber estudios a pequeña escala que analicen esto en el futuro, pero de nuevo, no queremos etiquetar a nuestros graduados de la misma manera que estamos tratando de seguir adelante".

Además, como las solicitudes de las universidades públicas de California no piden a los estudiantes que revelen sus condenas o encarcelamientos, no hay una forma real de saber cuántos estudiantes anteriormente encarcelados están en los campus.

En 2016, 180 estudiantes se inscribieron en el Project Rebound de CSU. Para el año escolar 2019-2020, ese número saltó a 454. Hay alrededor de 31 estudiantes del Project Rebound inscritos en Fresno State, y 52 que aún no están inscritos en la universidad, señaló Hughes.

Jennifer Leahy, la actual directora del programa, afirma que tan pronto como se pone en contacto con alguien de la comunidad, se convierten en parte de la familia del Project Rebound. Muchos de esos contactos en la comunidad aún no están listos para la universidad porque están navegando por problemas de salud mental o de abuso de sustancias, no tienen hogar o tienen dificultades para conseguir guardería.

También se incluyen los estudiantes que asisten a los colegios comunitarios pero que pronto estarán listos para asistir a una universidad.

También están las muchas cartas que los miembros del personal reciben cada semana de personas actualmente encarceladas. Los asistentes del personal y los estudiantes escriben una respuesta individual a cada persona.

Como no hay computadoras dentro de la prisión o la cárcel para presentar solicitudes a la universidad, el personal ayuda a facilitar ese proceso, así que cuando una persona es liberada, tiene algo que esperar.

Project Rebound adopta un enfoque holístico para ayudar a los participantes a conseguir lo que necesitan para tener éxito. Muchos estudiantes se encuentran atrasados en la tecnología porque han estado encarcelados por mucho tiempo y necesitan averiguar cómo usar Google u otros programas relacionados con la escuela.

Project Rebound ofrece ayuda con gasolina, comida, referencias de asesoría legal y a veces también con vivienda, menciona Leahy. Los eventos grupales y las clases ayudan a los estudiantes a sentirse conectados y motivados.

Pero incluso con su enfoque flexible, hay algunas limitaciones en cuanto a lo que el proyecto puede hacer, señalan los líderes. Sigue siendo un reto encontrar un empleo con una condena penal. Así que encontrar una carrera que encaje es a veces difícil, según Leahy.

"Si te dan una condena por delito grave de abuso de drogas, no vas a ser farmacéutico, por ejemplo", dice. "Habrá algunos caminos poco realistas para la educación. Pero eso no significa que todos los caminos estén cerrados".

Y aunque el personal tiene como objetivo ayudar a los participantes a prepararse para la universidad, ha un límite a lo que pueden hacer si la persona aún no está lista.

Victoria Rocha, una estudiante de trabajo social de 37 años, dijo que aunque era un poco mayor que el estudiante universitario promedio cuando comenzó su travesía, "empecé en el momento en que estuve lista para comenzar. No habría logrado todo lo que logré (si lo hubiera intentado antes). No estaba en el estado mental adecuado".

Un día, mientras la estudiante Chevelle Parks dirigiendo el Project Rebound en la cárcel del Condado Fresno, la mujer de 52 años pudo sentir que la mujer con la que hablaba necesitaba un abrazo. Pese a que no estaba permitido tocarla, "me dio la mano y lloró", recordó Parks.

Cuando el guardia le preguntó qué estaba pasando, la mujer le dijo que Parks "me recuerda a mi tía, me recuerda a alguien que quiero ser".

Encontrar a otros afroamericanos como ella es importante, dice Parks, porque "se sintió como una excluida de inmediato, especialmente al ir a una escuela como Fresno State", donde hay menos afroamericanos.

Y esa es la pieza central de la misión y el modelo de Project Rebound: reclutar personal y asistentes estudiantiles que tengan experiencia de encarcelamiento así como experiencia en asistir a una universidad.

Parks dice que inspira a las personas que se dan cuenta de que ha "estado al otro lado del río" y que ahora ha dado un giro a su vida.

Los participantes son mentores de jóvenes que han sido remitidos por los departamentos de libertad condicional y bajo palabra. También van a las prisiones locales y a lugares como la Fresno Rescue Mission.

Antes de que Parks cumpliera dos años de condena por fraude en el Central California Women’s Facility en Chowchilla, ya había obtenido su título de asociada en Victor Valley College. Tenía planes de continuar su educación, pero dijo que un defensor público la convenció de que no era probable después de su condena.

Después de hablar con Leahy, Parks se dio cuenta de que podía volver a estudiar para obtener su licenciatura.

"Perseveré, fui resiliente, y con la ayuda del Project Rebound, me ayudaron a navegar por esto. Pensaba que (Fresno State) era solo un sueño".

Parks, quien se graduará de la universidad la próxima primavera, dijo que es una "persona sociable" y planea usar su título de sociología (con una especialización en competencia intercultural) para orientar a la gente en la cárcel.

Romper los ciclos generacionales del encarcelamiento

Cuando los estudiantes de Project Rebound tienen éxito, también lo tiene su círculo interno, según Hughes.

"Puede tener un efecto dominó en otros a su alrededor en su casa y en la comunidad", dijo. "Quieren que sus hijos y sus nietos tengan una vida diferente a la que ellos tuvieron, y ven cualquier oportunidad como una hermosa oportunidad para ayudar a la gente a salir de ese estilo de vida".

Parks, que tiene cuatro hijos adultos y 13 nietos, ha hecho que varios sigan sus pasos en la universidad, entre ellos su marido y su nieto mayor, que acaba de graduarse de la Hoover High School. Él está estudiando criminología en Fresno City College.

"El hecho de que me vea y sepa de dónde vengo, es una motivación para él", dijo.

"Diría que están ayudando a nuestros hijos porque nos están ayudando a ser mejores", dijo Rocha, la estudiante de trabajo social que se graduará en 2022.

Rocha estuvo "entrando y saliendo" de la prisión durante la mayor parte de 15 años debido a la adicción a las drogas. Pero hace unos siete años salió por última vez, afirma.

Tiene cinco hijos, dos de los cuales están tomando clases universitarias mientras están en Design Science Middle College High School.

"No siempre fui la mejor madre", dice, "y ahora mis hijos, son adolescentes, y son buenos chicos comparados con lo que yo hacía, y estoy agradecida por eso".

Rocha y Alex Banda, también estudiante de Project Rebound en Fresno State, están intentando recrear lo que el programa hace, pero a nivel de la universidad comunitaria.

Reclutados para operar Rising Scholars en Fresno City College, la pareja tiene un gran conocimiento sobre lo que funciona para ayudar a las personas anteriormente encarceladas a tener éxito.

Rising Scholars comenzó a operar a finales de 2019, y aunque su éxito se ha visto obstaculizado por la pandemia del coronavirus, Rocha y Banda siguen trabajando para que los participantes se sientan bienvenidos en el mundo académico, aunque sea desde la pantalla de una computadora.

"Estamos tratando de adaptarnos y ajustarnos a todo en formato virtual, y estamos tratando de encontrar maneras de mantenernos comprometidos con los estudiantes virtualmente", señaló Rocha.

Rocha entiende ahora lo que la llevó inicialmente al Project Rebound, y quiere proporcionar eso a los estudiantes de las universidades comunitarias.

"Estaba buscando gente que fuera como yo", dijo, "gente que haya cometido errores, gente con un pasado difícil, gente que tratara de cambiar su vida a través de la educación. Para un estudiante que estuvo en prisión, necesitas eso".

Banda, de 49 años, afirma que hay muchos estudiantes anteriormente encarcelados en el campus, solo necesita encontrarlos.

Recuerda su primera vez en la escuela después de haber estado en la cárcel durante 15 años y señala que es difícil acercarse a las personas que tienen antecedentes penales porque algunos prefieren permanecer discretos.

"Tenía miedo de estar en el campus", reveló. "No conocía a nadie, no me sentía cómodo con la gente. Tenía mucha ansiedad. No estaba acostumbrado a estar rodeado de multitudes. Era difícil para mí".

Los dos esperan tener una oficina permanente en el campus cuando la universidad se abra a más estudiantes y personal, con suerte, el próximo año. El programa también está operando con dinero de subvenciones y todavía no puede proporcionar tanto apoyo financiero como Project Rebound.

Pero Banda, que aspira a convertirse en abogado, entiende lo crítico que puede ser tener un sistema de apoyo. Comenzó un club en el campus, “All of Us or None”, y dirige la organización sin fines de lucro “Hope Beyond 4 Walls”, que ayuda a personas anteriormente encarceladas a reintegrarse a la sociedad.

Project Rebound deja una impresión tan duradera en sus participantes que Rocha no se ve despidiéndose.

"No estaría donde estoy hoy sin el apoyo de Project Rebound, sin su estímulo", agregó. "Incluso cuando nos graduamos, sigo viéndonos como parte de él. Es una familia. No creo que nos vayamos alguna vez".

– Este texto fue traducido por Kreativa Inc.

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