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Chris Joyner

El fin de la era Trump no detendrá el auge del extremismo: expertos :: BC-EXTREMISMO-CRECE-ESP:AT]

ATLANTA — Los grupos de vigilancia y la comunidad de inteligencia de Estados Unidos observaron con creciente preocupación cómo las asociaciones extremistas nacionales cobraban prominencia en los últimos años, hasta llegar a un crescendo de caos y estallidos violentos en torno a las elecciones presidenciales.

No van a desaparecer en 2021, dijeron expertos a The Atlanta Journal-Constitution.

"Las cosas están intensificándose", comentó Eric Ward, director ejecutivo de Western States Center, una organización progresista sin fines de lucro que promueve el compromiso democrático. "Tenemos funcionarios electos que ahora están siendo escoltados a la sesión legislativa por las fuerzas del orden debido al nivel de amenazas que están experimentando. ... La violencia política va a ser parte de nuestra realidad en 2021".

Mark Pitcavage, investigador principal del Centro sobre Extremismo de la Liga contra la Difamación (ADL, por su sigla en inglés), dijo que los grupos extremistas radicales en realidad podrían crecer en 2021 y "encontrar nueva energía".

Eso aplica particularmente para los movimientos con una ideología antigubernamental, como el movimiento de milicias paramilitares de extrema derecha. Pitcavage dijo que el movimiento de milicias tiene una "relación extraña" con el presidente Trump, admirándolo por su conducta de forastero mientras desconfía del gobierno que lidera.

Con Joe Biden en el poder, eso podría cambiar, señaló Pitcavage. "Hay una posibilidad muy legítima de que pudieramos ver un resurgimiento del movimiento miliciano", advirtió.

Como presidente, Biden quiere renovar la prohibición de las armas de asalto, ampliar la verificación de antecedentes y prohibir cartuchos de alta capacidad, que tienen el potencial de desencadenar grupos de milicias.

"Con la llegada de la administración de Biden, el movimiento de las milicias ya no limitará su ira al gobierno federal como hasta ahora", comentó Pitcavage.

Si Trump sigue siendo una fuerza visible en la política estadounidense durante los próximos cuatro años, Pitcavage dijo que los grupos marginales de derecha pudieran verse revitalizdos por su retórica.

Uno de esos grupos es el de los Proud Boys, que adquirió notoriedad nacional durante el primer debate presidencial cuando Biden pidió a Trump que denunciara al grupo. La críptica declaración de Trump de "mantenerse al margen" fue tomada con entusiasmo por el grupo como un respaldo presidencial, a pesar del posterior rechazo del presidente en el programa "Hannity" de Fox News.

Desde las elecciones, los Proud Boys han participado en numerosas manifestaciones callejeras, incluida una protesta a principios de este mes en Washington, D.C., que incluyó altercados violentos con contramanifestantes de izquierda, y que resultó en varios apuñalamientos.

El grupo se describe como un sarcástico "club de bebida", pero los grupos vigilantes lo describen como antiinmigrante, antimusulmán y profundamente misógino. La ADL señala que, aun cuando no es una organización supremacista blanca en sí misma, algunos de sus líderes se han dedicado a la retórica racista y antisemita.

Recientemente, el líder nacional Enrique Tarrio participó en una protesta afuera del Capitolio en Atlanta después de las elecciones generales de noviembre.

"Son uno de los pocos grupos extremistas de extrema derecha que tienen múltiples capítulos en el terreno en todo el país", señaló Pitcavage.

Uno de los interrogantes más desconcertantes del 2021 es qué será de la teoría de la conspiración de QAnon y sus adherentes. El fenómeno irrumpió en la conciencia nacional este verano cuando Facebook se apresuró a prohibir los grupos de QAnon de rápido crecimiento que se organizaban en torno a las marchas coordinadas de "Save Our Children" en todo el país. Una de estas marchas en agosto en Woodstock atrajo a cientos de manifestantes.

La comunidad QAnon ha sostenido por mucho tiempo que Trump está librando una guerra secreta contra una cábala mundial de pedófilos satánicos que culminaría en arrestos masivos de prominentes demócratas y celebridades. Alex Newhouse, un investigador del Centro sobre Terrorismo, Extremismo y Antiterrorismo del Instituto de Estudios Internacionales del Middlebury College, comentó que la conspiración es demasiado vigorosa para desvanecerse, pero no está claro qué forma tomará cuando Trump salga de la Casa Blanca.

“Habrá cierto periodo de perturbación e introspección para algunos de ellos”, dijo. “Algunos seguidores podrían perder la fe, pero el núcleo del movimiento seguirá existiendo”.

La teoría de la conspiración podría ser reforzada por las recién elegidas congresistas Lauren Boebert de Colorado y Marjorie Taylor Greene del Distrito 14 de Georgia, quienes la han aceptado. Greene y Boebert llamarán la atención si deciden impulsar la conspiración de sus nuevos puestos en el Congreso, dijo Newhouse.

El potencial de Trump para difundir la conspiración es una preocupación más seria. Newhouse dijo que el presidente sigue siendo la figura central en el creciente universo de QAnon, y que eso puede durar más tiempo que su presidencia.

A corto plazo, Newhouse indicó que le preocupa cómo los adherentes de QAnon reaccionarán a la toma de protesta de Biden.

"Hay muchos grupos de extrema derecha que están realmente presionando por una acción física aceleracionista en el mundo real", dijo.

Los aceleracionistas están entre los radicales más extremos, alentando la acción violenta para provocar la caída de Estados Unidos como una forma de lograr sus objetivos políticos. Si QAnon va por ese camino, "se vuelven mucho más peligrosos", dijo Newhouse.

"Si toman ese giro, se convierten instantáneamente en el grupo aceleracionista de derecha más grande del mundo", comentó.

Otra tendencia en 2020 que probablemente continuará en el nuevo año: Más armas en manos de actores marginales.

Aunque es más probable que los grupos de extrema derecha lleven armas a las protestas callejeras, el año pasado más grupos de izquierda comenzaron a armarse. Una protesta encabezada por milicias en Stone Mountain en agosto se encontró con un gran número de contramanifestantes vestidos de negro y armados con rifles de asalto y armas de fuego. Grupos como la Socialist Rifle Association y la Coalition of Armed Labor abogan por llevar armas a las manifestaciones para "autodefensa".

Varios expertos dijeron que el hecho es preocupante.

"Lo primero que tenemos que hacer es empezar la conversación diciendo que no hay lugar para la violencia política en una democracia funcional y no importa de dónde provenga a lo largo del espectro político", señaló Ward, de Western States Center.

Declaraciones de las fuerzas del orden federales y estudios académicos muestran que es mucho más probable que la violencia armada provenga de grupos de extrema derecha, mientras que los grupos de izquierda son más propensos a dañar propiedades. Ward dijo que no hay equivalencia entre dañar un edificio y quitar una vida, pero que debería haber un consenso de que ninguna de las dos cosas es aceptable.

"No podemos ser tan arrogantes para creer que la destrucción de la propiedad no tiene un impacto", dijo.

Pitcavage añadió que anticipó el resurgimiento de una extrema izquierda más radical durante años.

"Lo que se necesitó fue el 2020, las protestas del BLM (Movimiento del Black Lives Matter), y especialmente la reacción al 2020, ... para que la izquierda apareciera armada", subrayó.

Colecciones dispersas de radicales que se identifican como "antifa" han participado durante mucho tiempo en peleas con la extrema derecha, pero Pitcavage explicó que los grupos armados son una nueva característica. Pero dijo que es más difícil predecir cómo se desarrollarán estos grupos, ya que tienden a reaccionar a eventos impredecibles como los tiroteos policiales de alto perfil.

Stall dijo que los grupos armados de extrema izquierda probablemente seguirán "reaccionando" a las actividades de la extrema derecha, presentándose como una fuerza de contra-protesta. "No creo que eso desaparezca", dijo. Dicho esto, Stall indicó que no cree que la organización de la extrema izquierda vaya a plantear los mismos problemas, en parte porque la política de la extrema izquierda (comunismo o anarquismo) es incluso más tabú para la política estadounidense que el nacionalismo blanco.

Ward, que pasó décadas en varias organizaciones enfrentándose a grupos autoritarios y nacionalistas, dijo que la historia sugiere que esos grupos pueden encontrar un fértil ambiente de reclutamiento en los próximos años.

"Si nos fijamos en la presidencia de Reagan y en la de Clinton y en el primer mandato de Obama, todos esos fueron momentos en los que los movimientos autoritarios estuvieron en ascenso", señaló.

Reagan, un moderado racial y un anticomunista acérrimo, era visto como un ladrón del impulso de los grupos marginales. La presidencia de Clinton y el uso de los poderes ejecutivos de aplicación de la ley enfurecieron al floreciente movimiento de la milicia. Y los extremistas prosperaron mientras la raza de Obama, las falsas afirmaciones sobre su nacimiento y sus posiciones sobre la inmigración enfurecían a los radicales. "En cada uno de esos periodos, trataron esos eventos como crisis existenciales", comentó Ward. "Basándonos en esos tres periodos, es probable que veamos un movimiento nacionalista blanco revitalizado o desesperado".

Ward dijo que le preocupa que la mayoría de los demócratas y republicanos no estén preparados para hablar con una voz unificada contra los grupos radicales.

"Estamos en un momento en el que tenemos movimientos sociales en nuestro país que son impulsados por el nihilismo, que creen que la respuesta a los problemas del mundo y los problemas del país es quemarlo todo", indicó. "Los que estamos en medio no podemos creer en esa narrativa. No hay una guerra racial o una guerra civil que se esté gestando en Estados Unidos. Lo que hay es una pequeña minoría que está ... tratando de dividir a nuestra sociedad".

Los líderes de ambos partidos deben centrarse en lo que está llevando a los estadounidenses hacia los márgenes: las crecientes desigualdades de ingresos, el racismo, y la falta de oportunidades educativas y económicas, comentó.

"Necesitamos mantenernos en medio, pero ... no deberíamos ignorar las quejas legítimas que podrían estar impulsando esa narrativa", dijo.

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