Patricia Ashknazi Darwish llegó de Arequipa, Perú, a Israel hace 20 años por amor. Hoy en día asesora a latinos sobre educación sexual en español.
“En Israel hay un montón de inmigrantes latinos para quienes el hebreo es una barrera que les impide acceder a información vital, y cuando se trata de la educación sexual de sus hijos, por ejemplo, es crítico que puedan hablarlo, preguntarlo y entenderlo en su idioma”, explicó Patricia Ashkenazi
Patricia no siempre se dedicó a esto, antes había trabajado enseñando, entre otras cosas, y a lo largo de los años en Israel, “con las críticas y todo a este país, el nivel de solidaridad con el que me encontré es lo que ha forjado lo que estoy haciendo ahora”.
La orientadora cuenta que, a raíz de una violación masiva a una menor de 16 años en la ciudad de Eilat el pasado mes de agosto, “ha habido un despertar brutal entre los padres y madres latinos. Se empezaron a interesar muy seriamente y muchos quieren aprender cómo tratar este tipo de temas con sus hijos, explicar lo sucedido, porque al fin y al cabo los niños se van a enterar porque está en todos lados y cómo educar para prevenir y evitar tragedias como esta, que es un caso extremo”, agregó.
Patricia, de 45 años, sabe mucho de prohibiciones y cohibiciones sexuales: “Colegio de monjas, cultura arequipeña, no podía caminar sola ni a la esquina…”
Y en ese contexto conoció al que iba a ser su primer marido, un israelí mochilero que paseaba por las calles de su empedrada ciudad.
También cuenta que no pudo encontrarse con él como planificaron en Estados Unidos por esos mismos motivos culturales, así que el vínculo se diluyó hasta que, años después, ella le escribió una carta a la dirección de su madre en Israel, y así es como llegó al país.
“Lo metí todo en tres maletas de 30 kilos cada una, ¡me llevé hasta las muñecas! y me fui para allá”, recuerda entre risas.
En Israel comenzó a trabajar como mesera, si bien venía de una familia propietaria de minas de cobre y casa con servicio: “Quise abrir un nuevo capítulo y hacer cosas que nunca había hecho. Cuando estaba en la casa mi mamá me decía, ‘mira cómo cocino y aprende’, y yo le decía ‘nunca voy a hacer eso’. Y el primer día que trabajé como mesera me acordé mucho de esas tontas palabras mías…”, rememora.
“Ese día empezó mi universidad Israel. Me confundía con las palabras en hebreo, no sabía si los comensales querían carne o cebolla, y al poco tiempo decidí mejor dedicarme a algo menos peligroso, para los demás…”, dijo.
Enseñó inglés en escuelas, judías y árabes, en el colegio judío se acercó a la religión judía, en el colegio árabe admiró la disciplina de los niños.
Se separó de su primer marido teniendo una niña pequeñita y recuerda cuánta ayuda recibió de sus buenas amigas y otras personas no tan amigas y ahora, 16 años después, casada por segunda vez y madre otras dos niñas, Patricia tiene valioso material de trabajo para sus orientaciones sexuales en casa con su prole pre y adolescente y “toda la información de primera mano que recibo de ellas”, añadió.
Opina que Israel es un país muy abierto y liberal, lo cual repercute a la conducta sexual y la educación. “Los latinos, por ser más conservadores, más pegados a la religión, lo tienen más difícil aquí, pero yo vengo de ahí también. El mayor reto que encuentro es que muchos vienen con conocimiento biológico, pero no del código de conducta, y ahí está la clave”.
“En mi época no había pornografía, era tal vez algún VHS que alguien robaba a sus padres y lo veían 40 veces, y antes había un poco de trama en las películas, ahora no hay nada de eso, directamente sexo y violencia”, advirtió.
En estos días, cuando lamenta que la pandemia haya acentuado el tráfico de internet, anda ocupada orientando sobre por qué subir una foto en ropa traje de baño a Instagram no es lo que proporciona validación, sino “amar el cuerpo, valorarse a uno mismo e identificar lo que no es correcto o no es real”.