Los baristas de Filadelfia TJ Bussiere y Echo Nowakowska creen que Starbucks los despidió ilegalmente por intentar organizar un sindicato. Y tras meses de investigación, abogados del gobierno federal pensaron que los trabajadores tenían un caso.
Casos como el suyo, en el que se alega que un empleador violó el derecho legal de un trabajador a organizarse, rara vez se deciden en los tribunales. La mayoría de los trabajadores evitan el riesgo de una larga batalla legal y llegan a un acuerdo.
Pero el verano pasado, cuando Starbucks ofreció a Bussiere y Nowakowska un acuerdo, no les pareció justo. La oferta final de liquidación era de 50 mil dólares para cada uno, según los baristas, más del triple de los salarios atrasados que les correspondían. No incluía la reincorporación (los dos querían volver al trabajo y seguir organizándose) y el acuerdo no habría servido para elevar el nivel de los demás baristas de Starbucks.
"Eso no es justicia", dijo Bussiere, de 21 años, en septiembre sobre la oferta de pago. "La justicia es tener unas condiciones de trabajo equitativas y que todo el dinero que (los trabajadores) ganan no vaya a parar a otra persona, y que no se abuse de ellos ni se les explote en el trabajo".
Así que se negaron.
Esta decisión condujo a un juicio de la National Labor Relations Board (NLRB) en febrero que ofreció una visión poco común de cómo responden las empresas cuando los trabajadores protestan y se organizan. Correos electrónicos y documentos internos muestran cómo los directivos de Starbucks vigilaron a los activistas desde el momento en que se enteraron de que los baristas estaban interesados en un sindicato.
Durante los seis días que duró el juicio, entre las referencias a los directivos que hablaban del National Croissant Day y a los trabajadores que recibían reportes por olvidarse de poner los bocados de huevo sous vide en el escaparate de pastelería, los testigos describieron a la empresa como una compañía que da prioridad a la "conexión con el cliente", incluso a expensas de sus trabajadores (o socios, como los llama la empresa).
Starbucks niega haber actuado mal. Aunque "respeta la libre elección de nuestros socios", dijo el vocero Jory Mendes, cree que el "ambiente de trabajo de la empresa ... hace que los sindicatos sean innecesarios en Starbucks".
En el juicio, Nina Markey, una abogada de Littler Mendelson que representó a Starbucks, comentó que la empresa "tuvo aún más cuidado a la hora de disciplinar y despedir debido a las acciones muy públicas (de los trabajadores)".
Es probable que pasen meses antes de que un juez emita un fallo.
Es habitual que los empleadores ataquen a los activistas sindicales e interfieran en su organización, como han demostrado los recientes esfuerzos de algunas de las empresas más rentables del mundo. Un grupo de ingenieros de Google ha alegado que fueron despedidos por su activismo; el juicio de la NLRB está previsto para abril. Amazon ha sido acusada de emplear una serie de tácticas antisindicales en su almacén de Bessemer, Alabama, incluido el cambio de horario de un semáforo fuera del almacén para dificultar que los organizadores hablaran con los trabajadores.
Es poco probable que la decisión en el caso de Starbucks tenga un impacto duradero en la empresa que cotiza en la lista Fortune 500, la cual puede apelar el fallo del juez. Si la empresa pierde, la NLRB no puede imponer multas ni responsabilizar personalmente a los directivos. Puede ordenar a los empleadores el pago de salarios atrasados, la reincorporación de los trabajadores y la publicación de avisos en los que se indique que se ha infringido la ley; remedios débiles, según los activistas, que no impiden que los empleadores violen los derechos laborales de los trabajadores.
Pero un juicio de este tipo es una táctica de organización en sí misma.
Daniel Gross, que llevó a Starbucks a los tribunales por acusaciones similares hace más de una década, dijo que obliga a los empleadores a "levantar la cortina de su represión sindical".
"Ves el espionaje, la disrupción, el increíble despiste que conlleva uno de estos esfuerzos", señaló Gross, de 41 años, que ganó su caso en dos niveles de la NLRB y perdió en un tribunal de apelaciones en 2012.
"Eso contrasta con el hecho de que Starbucks sea el 'tercer lugar' donde puedes entrar y todo el mundo conoce tu nombre", dijo. "Esa no es la realidad para estos baristas, y específicamente para los baristas de color y los que no se ajustan al género".
A los baristas se les enseña a "ofrecer una buena experiencia”
En el verano de 2019, el comienzo de una ola de activismo barista en toda la ciudad, Bussiere y Nowakowska comenzaron a organizarse con sus compañeros de trabajo en un nuevo Starbucks en South Broad Street y Washington Avenue. Al igual que muchos trabajadores del comercio minorista y de comida rápida, incluidos los de los locales de Starbucks en el aeropuerto, dijeron que se enfrentaban a problemas como no tener suficientes horas laborales, el trato injusto a los trabajadores afroamericanos, queer y trans, y la expectativa de aceptar el acoso de los clientes con una sonrisa.
Nowakowska, que ahora tiene 27 años, aceptó un empleo en Starbucks porque había escuchado que era un buen lugar para que trabajaran las personas trans. Peropronto se dio cuenta de que el acoso de los clientes formaba parte del puesto.
En el juicio de la NRLB, los gerentes testificaron sobre cómo Starbucks abordaba los conflictos entre clientes y trabajadores.
La política de Starbucks es "ofrecer una buena experiencia", declaró la gerente de la tienda de Filadelfia Leanne Bissell. "Decir que sí cuando podamos".
Bissell describió una situación en la que Nowakowska y un cliente discutieron sobre una promoción de Starbucks que incluía un vaso rellenable, una de las razones que dio Starbucks para despedirla.
"A Starbucks le importa más hacer feliz al cliente que si las bolsitas de té deben ir o no en el vaso", señaló Bissell, explicando por qué Nowakowska no había cumplido las normas de Starbucks.
Los altos cargos fueron alertados de la posible actividad sindical
En julio de 2019, Bussiere y Nowakowska organizaron su primera protesta, en la que los baristas se manifestaron en la tienda de Broad y Washington durante el horario laboral. Exigieron que su gerente renunciara por "prácticas discriminatorias" contra los trabajadores de color y los LGBTQ.
Fue un año después de que Starbucks celebrara una jornada nacional de capacitación contra la discriminación para todos sus trabajadores, una respuesta al revuelo nacional causado por un gerente de Filadelfia que llamó a la policía por dos hombres afroamericanos sentados en un Starbucks de Rittenhouse Square y la posterior detención de ambos.
Sin embargo, los correos electrónicos presentados en el juicio demostraron que antes de la protesta de Broad y Washington, Starbucks ya sabía que los trabajadores estaban pensando en organizarse.
Una semana antes de la protesta, la gerente de Bussiere le dijo a su jefe, el gerente de distrito Brian Dragone, que había escuchado que Bussiere y Nowakowska estaban planeando reunirse con una organización laboral llamada One PA, según un correo electrónico de Dragone a su jefe, el gerente regional Marcus Eckensberger.
Eso llevó a un responsable de recursos humanos a ir a la tienda para reunirse con Bussiere y otros trabajadores, según escribió la directora de recursos humanos Nathalie Cioffi a la vicepresidenta regional de operaciones Camille Hymes.
En esa reunión, el gerente de recursos humanos le comentó a Bussiere que solo estaba deteniéndose en las diferentes tiendas y hablando con los trabajadores de lo que quisieran hablar, dijo Bussiere.
Reuniones para evaluar la fidelidad de los empleados
Días después de la primera protesta, Starbucks seguía respondiendo a la situación y manteniendo informados a los directivos de la empresa, según demostraron los documentos presentados en el juicio.
"Todos los gerentes de distrito de Filadelfia se encargaron de visitar todas las tiendas para evaluar la moral de los socios y contagiar el entusiasmo", indicaba un memorándum "Broad & Washington Daily Recap" de Dragone enviado por correo electrónico a Hymes.
La agenda de ese día estaba repleta, según el memorándum: tres reuniones en persona de "líderes locales de Filadelfia", una "llamada de actualización con Seattle", la llegada de un abogado interno de Starbucks. Cioffi, un director de recursos humanos que vino de fuera de la ciudad, y Eckensberger, el director regional que supervisa las tiendas de Filadelfia y Baltimore, también fueron a Broad y Washington para reunirse con Bussiere y Nowakowska.
Unos meses más tarde, después de que los baristas celebraran su segunda protesta y entregaran una queja laboral a Dragone en Broad y Washington, Dragone volvió a la tienda para mantener reuniones individuales con los trabajadores.
"El sentimiento hacia Starbucks y el liderazgo local es bastante positivo", escribió Dragone en un documento titulado "Executive Summary-Broad & Washington Philadelphia".
En sus notas sobre sus reuniones con los trabajadores, enumeró sus opiniones sobre Bussiere y Nowakowska ("TJ y Echo se quejan al alcance de su oído en la barra", dice una) y su nivel de lealtad a la empresa: Un trabajador, escribió, era "extremadamente leal a Starbucks ... y a mí mismo".
Independientemente de la decisión, Bussiere y Nowakowska dicen que la organización continuará. El movimiento de los trabajadores de Starbucks va mucho más allá de ellos.
"Solo somos dos personas", dijo Nowakowska. "Va a haber mucha más organización y lucha en Starbucks".