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Steven Findlay

Conforme avanzó la pandemia, el rastreo de contactos cayó. Biden busca impulsarlo

El rastreo de contactos, una parte fundamental de los esfuerzos para frenar la propagación del coronavirus, se ha rezagado en los últimos meses conforme los casos de COVID-19 se han disparado. El presidente Joe Biden se ha comprometido a cambiar esta situación.

Biden propone la contratación de 100 mil personas en todo el país como parte de un nuevo cuerpo de empleos de salud pública. Ayudarían a rastrear los contactos y facilitarían la vacunación. Expertos dijeron que no está claro que los rastreadores sean suficientes para hacer frente a un nuevo aumento de los casos de COVID-19, aun cuando la tasa de vacunación aumente al mismo tiempo.

Como ocurre con todo lo relacionado con el COVID-19 en este momento (pruebas de detección, vacunas y capacidad hospitalaria), el aumento del rastreo de contactos se ha convertido en una carrera contra el tiempo, ya que las nuevas variantes del virus, más contagiosas, amenazan con acelerar la transmisión de la enfermedad.

Además, a medida que las pruebas se han ido incrementando hasta llegar a unos dos millones al día, también lo ha hecho la necesidad de rastreo. Ambas cosas van de la mano. Además, incluso las estimaciones más conservadoras sitúan el número de personas con infección no detectada en dos o tres veces el número de personas con resultados positivos en las pruebas.

Las autoridades del condado californiano de Los Ángeles informaron el 14 de enero que se calcula que un tercio de la población del condado, el más grande del país, estaba probablemente infectada.

He vivido de cerca la urgencia de la pandemia. En un salto de fe, me convertí en un soldado en la lucha contra el COVID-19 el pasado mes de junio como rastreador de contactos en Maryland. Al hablar por teléfono con docenas de personas infectadas y expuestas cada semana, escucho el impacto del virus en las familias con detalles a menudo aleccionadores.

Los rastreadores, por ejemplo, solemos ser los primeros en llegar a las personas con los resultados positivos de las pruebas, ya que los laboratorios y los sistemas sanitarios suelen atrasarse. En el caso de las personas que ya tienen síntomas, nuestras llamadas suelen confirmar lo que sospechaban. Sin embargo, para las personas que no tienen síntomas, somos los portadores de noticias no deseadas. No es una parte fácil del trabajo.

Aun así, casi todos los que entrevistamos se lo toman con calma. Aceptan aislarse y proporcionarnos los nombres de las personas con las que han estado en "contacto cercano" (generalmente, a menos de dos metros durante más de 15 minutos) en la semana o dos semanas anteriores. Esos contactos también reciben una llamada. El objetivo es llegar al mayor número posible de personas en un plazo de 24 horas, para romper la cadena de transmisión instándoles a que se queden en casa y se pongan en cuarentena.

Por supuesto, no todos cooperan. Algunos se niegan a ponerse en cuarentena o a dar los nombres de sus contactos cercanos. La mayoría de los estados no informan del número de personas que no cooperan, pero una encuesta de Pew entre adultos realizada el pasado mes de julio reveló que el 93 por ciento dijo que se pondría en cuarentena si se le informaba que tenía el virus. Un tercio, sin embargo, dijo que no sería fácil hacerlo (generalmente debido al trabajo) y una cuarta parte dijo que no se sentiría cómodo contando a los rastreadores los lugares en los que había estado o las personas con las que había estado en estrecho contacto.

Como tal, el rastreo de contactos tiene limitaciones inherentes, y la cuarentena no se impone en Estados Unidos. El rastreo también se vuelve mucho menos eficaz a medida que aumenta el número de casos.

Un análisis realizado por investigadores de la Johns Hopkins University en Baltimore concluyó que el rastreo de contactos en Estados Unidos solo puede ser plenamente eficaz para mitigar la propagación del virus cuando los nuevos casos son iguales o inferiores a 10 al día por cada 100 mil personas. El recuento de casos supera ahora esa cifra en la mayoría de los estados. El promedio nacional de siete días hasta el lunes era de 35 casos por cada 100 mil.

"Los programas de rastreo en todo el país están desbordados en este momento", señaló Crystal Watson, investigadora principal del Center for Health Security de Hopkins. "Los estados simplemente no tienen suficiente personal para seguir el ritmo".

Aun así, añadió, "cada contacto rastreado sigue significando vidas potencialmente salvadas. No podemos ceder".

Todos los estados cuentan con un programa de rastreo, pero varían mucho. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades tienen lineamientos integrales para el rastreo del COVID, pero la administración de Trump no tenía ni datos ni requisitos de rendimiento que tuvieran que cumplir los estados.

Un vocero de la Casa Blanca comentó a KHN que la administración considera el rastreo de contactos como "crítico para los esfuerzos para reducir la propagación del virus".

La dotación de personal es el desafío más importante. Investigadores de la George Washington University en Washington, D.C., evaluaron las necesidades de rastreo de contactos y el rendimiento de los estados y condados.

Su conclusión, basada en el aumento más reciente de los casos: El país necesitaría 928 mil rastreadores de contactos para llevar el ritmo al número actual de casos; es decir, 281 por cada 100 mil personas.

Pero esa proyección, que tiene en cuenta muchos factores, se considera en general poco realista. El número actual de rastreadores, según datos de Johns Hopkins, es de 70 mil 500.

"Si pudiéramos acercarnos a la mitad de la cifra ideal, sería de gran ayuda", dijo la doctora Amanda D. Castel, profesora de epidemiología de la George Washington University. "Con suerte, la vacuna empezará a reducir la necesidad".

La mayoría de los estados ni siquiera se acercan a los 140 rastreadores por cada 100 mil personas. Con 530 rastreadores activos, el Distrito de Columbia tiene 75 por cada 100 mil personas, más que cualquier estado. Quince estados tienen 12 o menos por cada 100 mil, y el número de personas que han recibido dos dosis de la vacuna aún no es lo suficientemente grande como para reducir apreciablemente la tasa de infección.

Los departamentos de salud de los estados y los condados son muy conscientes del déficit y se han movilizado para contratar más rastreadores o destinar a la tarea a los empleados estatales o condales existentes. Maryland, por ejemplo, ha contratado a varios centenares de rastreadores en los últimos tres meses y ya cuenta con mil 550, según Katherine Feldman, directora de rastreo de contactos del estado. Esto supone solo 26 rastreadores por cada 100 mil personas.

A nivel nacional, los estados han contratado a unos 17 mil 500 rastreadores desde octubre, según datos de Johns Hopkins.

Biden recomendó la contratación de rastreadores de contactos y otros trabajadores de la salud pública como parte de su propuesta de un paquete de alivio y estímulo por el COVID de 1.9 billones de dólares.

Los contratados conservarían sus puestos de trabajo una vez que la pandemia remitiera, para mejorar el cuerpo de salud pública permanente y la preparación de la nación. La propuesta del presidente no estipula, sin embargo, cuántos de los contratados se destinarían inicialmente a la localización de contactos. Los funcionarios de la administración no respondieron a las solicitudes de comentarios sobre este punto.

La semana pasada, un grupo de senadores republicanos propuso un paquete de ayuda de 618 mil millones de dólares para el COVID que incluye recursos para la distribución de vacunas, la realización de pruebas de detección y el rastreo, pero no menciona un cuerpo de servicios de salud pública.

David Cotton, vicepresidente de investigación en salud pública de NORC, la organización de encuestas e investigación de la University of Chicago que ayuda a Maryland con su programa, dijo que aunque los rastreadores no necesitan experiencia médica o de salud pública, contratar y formar a las personas adecuadas y cultivar sus habilidades no es algo que deba tomarse a la ligera.

"El éxito del rastreo depende de que haya personas en ese puesto que puedan ganarse la confianza de la gente", dijo. "Además, el trabajo puede ser bastante agotador emocionalmente".

Los estados también están ajustando los programas.

En Maryland, hemos acortado el cuestionario y priorizado las zonas geográficas con altos índices de positividad. También se envía un mensaje de texto a las personas para que respondan a nuestras llamadas iniciales. Estas medidas han reducido drásticamente la acumulación de casos, señaló Feldman.

A nivel nacional, los programas tradicionales de rastreo llegan a entre el 65 y el 75 por ciento de las personas que dan positivo en las pruebas y al 55 o 60 por ciento de los contactos. Es probable que esas cifras tiendan a disminuir en las últimas seis semanas tras el reciente aumento de casos, según expertos y funcionarios estatales.

Pero nadie lo sabe con seguridad. Ello se debe a que no existe ningún requisito o estrategia nacional de notificación de los datos de rastreo, y solo 14 estados hacen públicos los datos completos de sus programas de rastreo.

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