CHICAGO — Halloween ya está sucediendo en casa de Angie Grover. Las calabazas están talladas. El porche está decorado. Los disfraces se prueban varias veces, y el hijo menor de Grover, de siete años, incluso dio un paseo en scooter vestido de T. Rex.
Pero cuando llegue el gran día, faltará una cosa: la recolecta de dulces.
"No estamos dispuestos a exponer a nuestra familia a la incertidumbre del COVID", dijo Grover, de 50 años, de River Forest, Illinois.
En vísperas del inicio de una querida fiesta infantil, un número considerable de estadounidenses está optando discretamente por no ir a pedir dulces debido al COVID-19. Solo el 12 por ciento de los hogares de Estados Unidos pedirán dulces este año, por debajo del 24 por ciento del año pasado, según una reciente encuesta de NORC en la University of Chicago. La encuesta encontró que el 25 por ciento de las familias planea repartir dulces, por debajo del 38 por ciento en 2019.
Solo en Naperville, Illinois, los residentes han puesto más de 350 carteles de "No dulce o truco", según la vocera de la ciudad, Linda LaCloche.
Las razones para optar por la exclusión van desde una enfermedad en la familia hasta una preocupación más general sobre el creciente número de casos de COVID-19 en Illinois, donde la tasa de positividad de siete días en todo el estado para los examinados es del 6.4 por ciento. En entrevistas y publicaciones en Facebook, los que no participan expresan su tristeza por esta decisión, pero también su confianza en ella.
"La salud y la seguridad tienen que ser lo primero", publicó Siu00e2n Stevens, de Forest Park, madre de gemelos de cinco años.
Como directora de operaciones de una comunidad de ancianos sin fines de lucro, Stevens ha sido muy cuidadosa con el COVID-19, absteniéndose de comer fuera o de socializar en los hogares de otras personas.
Stevens no repartirá dulces porque no vive en una casa donde pueda hacerlo mientras mantiene el distanciamiento social. En cuanto al dulce o truco, planea llevar a sus hijos disfrazados a un paseo de Halloween por el vecindario. Si ve casas en las que la recolección de dulces se puede hacer de forma segura, podría permitir un poco de "dulce o truco".
También está planeando actividades en casa como una búsqueda de caramelos y una película, muy probablemente “It’s the Great Pumpkin, Charlie Brown”.
Los padres que toman decisiones sobre salir a pedir dulces se enfrentan a una serie de señales contradictorias. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades han clasificado el tradicional "dulce o truco" de puerta en puerta como una actividad de alto riesgo y afirman que incluso una práctica socialmente distante (en la que los niños recojan paquetes preparados de dulces en una mesa o en la entrada de hogares) conlleva un riesgo moderado.
Mayo Clinic desaconseja el "dulce o truco" de puerta a puerta este año, al igual que el pueblo de Deerfield. Y ciudades como Los Ángeles y Gary, Indiana, lo han prohibido o cancelado.
Pero Chicago y muchos de sus suburbios permiten la práctica y animan a los que salgan a colocarse un tapabocas, usar desinfectante para manos y practicar el distanciamiento social. En Facebook, algunas de las voces más fuertes son las que promueven prácticas más seguras de dulce o truco.
Aun así, no es difícil encontrar a personas como Susan Hoffman, de Naperville, que dice que sus hijos no saldrán y que conoce a otros padres que están pasando por alto el "dulce o truco".
"Dicen que no parece que valga la pena arriesgarse", comentó Hoffman, de 49 años.
Para Hoffman, el "dulce o truco" no es una opción. Ella corre un alto riesgo de sufrir complicaciones de COVID-19 debido a leucemia, por lo que su familia ha estado básicamente encerrada desde marzo. Ella y su marido han decidido que repartir dulces es demasiado arriesgado, y el "dulce o truco" está fuera de discusión.
"Es un fastidio", dijo Hoffman, que era bibliotecaria antes de que se enfermara. "Es sábado, y parece que el clima estará bien. Habría sido increíble".
Sus hijos, Lily, de 13 años, y Maggie y Patrick, de nueve, han pasado por cosas peores, dijo. Cuando Hoffman se sometió a un transplante de médula ósea hace dos años, tuvo que vivir lejos de los niños en un hotel durante 90 días.
Los niños se han tomado con calma la prohibición de este año de no ir a pedir dulces, señaló, y está planeando toda una celebración en el interior con disfraces, películas, juegos y caramelos.
Grover agrega que su familia ha trabajado duro para evitar el COVID-19. Los niños aprenden a distancia, y nadie come en restaurantes. Halloween no será una excepción.
Aún no ha decidido si repartirá caramelos; todavía está pensando en la opción de "bolsitas en el jardín". Pero el "dulce o truco" está descartado.
Más bien, decorará docenas de huevos de Pascua de plástico con cinta adhesiva que brilla en la oscuridad, los llenará de caramelos y los esconderá en el patio.
“Todos dicen: ‘Vuelvan a la normalidad’, y no creo que debamos hacerlo", indicó Grover.
"Creo que deberíamos enseñar a nuestros hijos a adaptarse: Pueden tener un disfraz. Encontraremos la manera de que puedan andar en busca de algunos dulces. Aún pueden tener las cosas que les gustan de Halloween, pero no pueden tener la parte de la interacción".
– Este texto fue traducido por Kreativa Inc.