El 14 de diciembre, el Colegio Electoral emitirá sus votos. Salvo que se produzca algún escándalo imprevisto, la mayoría votará por Joe Biden, el ganador del voto popular en las elecciones generales, ante suspiros de alivio. Muchos podrían concluir que el chirriante Colegio Electoral funciona la mayoría de las veces, y que cualquier modificación del mismo es demasiado difícil para preocuparse.
Eso sería un error.
Con un cambio de solo el 0.07 por ciento de los votos, tendríamos de nuevo un ganador de segundo lugar, al igual que en 2000 y 2016.
E incluso cuando el Colegio Electoral no produzca un ganador de segundo lugar, su estructura distorsiona profundamente la democracia de Estados Unidos. Es la razón por la que los estados indecisos dominan las campañas. Margina a los votantes en todos los demás estados, y disuade a los candidatos independientes fuertes de presentarse. Además, el régimen de la minoría, permitido por el Colegio Electoral, está ahora integrado en la estrategia republicana. Está en sus campañas para presidente y rige en la Casa Blanca, a juzgar por el tratamiento del presidente Donald Trump a California, Nueva York y otros estados azules.
El mayor problema con el Colegio Electoral no es el tema del que la mayoría de la gente habla, que los votantes de los pequeños estados tienen más peso. Muchos países transmiten un mayor impacto de la votación a las regiones menos pobladas. En Reino Unido, por ejemplo, el distrito parlamentario más pequeño tiene una quinta parte de la población votante (y por lo tanto cinco veces el impacto sobre quién se convierte en primer ministro) del más grande. Además, los republicanos no dominan los estados pequeños: los 16 más pequeños se dividieron por igual entre los partidos en 2016 y 2020.
El problema más grave del Colegio Electoral es que obliga a los estados a asignar los votos electorales sobre la base de "el ganador se lleva todo ", dando a los estados indecisos su papel dominante y permitiendo que la cultura del gobierno de la minoría haga ahora metástasis en el Partido Republicano.
Lo de "el ganador se lleva todo" no está en la Constitución y no fue parte de la intención de los fundadores. Pero es muy difícil cambiar sin una acción colectiva entre los estados. Una idea, el Pacto Interestatal del Voto Popular Nacional, pasaría por alto una enmienda constitucional mediante un acuerdo para que los estados den todos los votos electorales al ganador del voto popular nacional. El Voto Popular Nacional sobrevivió a un referéndum en Colorado con el 52 por ciento de los votos. Ese resultado cerrado no augura nada bueno para las posibilidades del pacto en las legislaturas controladas por los republicanos que aún tienen que aprobarlo. El referéndum de Colorado también puso de manifiesto una vulnerabilidad: El plan puede requerir que los estados den todos sus votos electorales a un candidato que no ganó ese estado.
¿Cuál es la alternativa al Voto Popular Nacional? La asignación de electores por distrito al estilo de Nebraska o Maine no funcionará. Ese enfoque inyecta una manipulación de distritos en las elecciones presidenciales y no habría impedido el triunfo de un Trump en segundo lugar en 2016.
La mejor alternativa es una enmienda constitucional que ofrezca algo para ambas partes. Los republicanos quieren mantener la ventaja del estado pequeño y el cálculo de resultados basado en el estado, en lugar de nacional. Los demócratas quieren resultados que reflejen el voto popular. Ambas prioridades pueden lograrse mediante la enmienda proporcional Top-Two, que hace que los estados asignen sus votos electorales de forma proporcional a los dos primeros mejor votados del estado y sustituye a los electores humanos con votos electorales expresados en forma decimal.
Aquí hay cuatro razones por las que esta es una buena idea:
1. El presidente casi siempre sería el ganador del voto popular.
2. Con la distribución de los votos electorales en cada estado, los candidatos tendrán un incentivo para hacer campaña en todo el país.
3. El problema del "spoiler" se arreglaría en gran medida. (El uno por ciento en Michigan hace cuatro años para Jill Stein probablemente cambió 16 votos electorales; con los dos primeros, su impacto habría sido 0.05 de un voto electoral).
4. Los resultados estatales finalmente reflejarían nuestras verdaderas preferencias, reemplazando la imagen de rojo y azul en guerra con diferentes tonos de púrpura.
Podría parecer una locura hablar de algo que requiere un amplio acuerdo nacional cuando una parte ni siquiera acepta los resultados de las elecciones del 3 de noviembre. Pero la idea pudiera ser atractiva para los funcionarios republicanos fuera de los estados indecisos porque llevaría la campaña presidencial de vuelta a sus estados para ayudar en las otras contiendas menores que también aparecen en la boleta.
Más importante aún, el impacto distorsionador de la democracia del Colegio Electoral está aumentando, y no es solo un problema de cada cuatro años. Permitir que esta institución continúe en su forma actual no es una opción.
– Este texto fue traducido por Kreativa Inc.